Es de consenso general que 2016 no fue un buen año para Chile en materia económica, con indicadores que finalmente no repuntaron y que, a días de terminar el año, establecen que el país crecerá sólo un 1,5%, el piso del rango estimado por el Banco Central a inicios del año. Más allá de las expectativas, lo cierto es que éste indicador se constituye como el más bajo crecimiento en 7 años. A ello se anexa –según la entidad emisora- que la inversión registrará una nueva contracción (-0,6%), completando así tres años de caídas consecutivas, situación no observada desde el trienio 1971-1974.


Acerca de las causas de estos márgenes históricos existen dos visiones: el impacto de factores externos (caída del precio del cobre) y al evidente aletargamiento de la inversión que muestra nuestro país. No obstante, las cifras externas no alcanzan para explicar el deterioro que registra la tasa de crecimiento. Así, los términos de intercambio para el próximo año se expandirán 1,1%, debido a que la caída acumulada del precio del cobre se ha compensado en parte con la abrupta caída del precio del petróleo, y el crecimiento de nuestros socios comerciales registrará en 2017, según el Informe de Política Monetaria emitido por el Banco Central (IpoM), un aumento promedio de 3,2%.


En torno a las razones de la relentización de la economía chilena, la caída de la industria minera y de la construcción, sumada a las bajas expectativas y un escenario externo de alta volatilidad, son las razones específicas para muchos. Principalmente, existe la visión de que la duración de este ciclo negativo se explica en la ausencia de señales concretas de recuperación de la inversión, lo que sugiere que esta desaceleración tiene un componente estructural; ante lo cual es necesario redoblar esfuerzos locales para aumentar la tasa de crecimiento del país.


Otro factor importante a nivel interno que afectó el desempeño económico del país fue el deterioro de las confianzas del público general hacia el modelo económico y hacia el sector empresarial a partir de los múltiples casos de colusión que se destaparon en el último periodo. Mientras que el sector empresarial, altamente cuestionado, ha resentido las reformas que afectaron a su quehacer desplegando una actitud más cauta en el plano inversor.


En tanto, según el “Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2016”; informe anual desarrollado por Cepal, En 2016 la tasa de crecimiento económico chileno se redujo del 2,3% registrado en 2015 al 1,6%, debido a una caída de la demanda interna (del 2,0% al 1,0% entre 2015 y 2016) y en particular a la contracción de la inversión y del gasto público.


Para la entidad regional, “pese a esta postura fiscal restrictiva, el déficit del gobierno central y la deuda pública aumentaron a causa de una menor recaudación impositiva originada por la desaceleración económica. A la vez, las condiciones internas influyeron negativamente en el estado del mercado laboral presionando al alza la tasa de desempleo”, un punto de vista que concuerda con los análisis previos.


Sea como sea, nuevamente Chile terminará expandiéndose menos que el resto de sus pares en la región y el mundo. La pregunta ahora apunta a aquello que debemos hacer para lograr repuntar.

 

PROYECCIONES 2017


Como se estableció, según lo dicho por el Banco Central a partir de la publicación del IPoM de Diciembre 2016, se prevé que la economía registraría un crecimiento 1,5% para el ejercicio actual y una expansión entre 1,5% a 2,5% para el año venidero.


Lo anterior, implica un lento comienzo para el crecimiento durante los primeros meses de 2017, “esperando un gradual repunte hacia la segunda mitad del año, en la medida que observemos una mejoría en las expectativas de los consumidores y empresariales, y que estas se materialicen en mejores registros de consumo e inversión”, destaca la entidad.


En cuanto a la inflación, el IpoM destacó una convergencia más acelerada que la prevista anteriormente hacia el centro del rango meta. De esta forma, “las expectativas de inflación para fines de 2016 y 2017 alcanzan un valor de 2,9% para ambos ejercicios. Entre los factores relevantes que mantendrán la inflación acotada durante el próximo año se destaca la trayectoria futura del tipo de cambio y que continúe el descenso observado en la inflación de los servicios”.

 

Grafico 3


Otro factor importante según la autoridad, ha sido la existencia de condiciones de financiamiento externo menos favorables en relación a lo previsto en el informe anterior, en vista de las elecciones de EE.UU. y una actitud más agresiva por parte del mercado respecto al proceso de alzas de tasas de la Fed. De todos modos, según la entidad, las condiciones financieras seguirían siendo favorables desde una perspectiva histórica.


En términos de crecimiento para el próximo año, el Banco Central revisó a la baja en 25Pb su estimación de crecimiento del PIB para el año 2017 a un rango entre 1,5% a 2,5%, lo que respondería a un débil dinamismo esperado para inicios del próximo ejercicio, los aún bajos niveles de confianza de los agentes y el acotado desempeño de la inversión.


Los supuestos de trabajo para el año 2017 no sufren grandes modificaciones, aunque destaca una mejora en los términos de intercambios producto de una perspectiva más favorable para el precio del cobre hacia el próximo año. “Lo anterior, supone que la convergencia de la economía hacia su crecimiento de tendencia será de manera gradual y a un ritmo más lento que el previsto anteriormente. Las últimas estimaciones del ente rector no apuntan a recortes adicionales a la tasa de crecimiento tendencial, la cual se ubica en niveles de 3,2%”, cita el informe.


En función del último IPC, la inflación anual se situó en un valor de 2,9%, mostrando una desaceleración más rápida de la prevista, tanto por el mercado como por el IPoM del mes de septiembre. A futuro, la entidad espera que la inflación se mantenga por debajo del centro del rango meta durante gran parte del 2017. “En este sentido, la evolución que muestre el tipo de cambio será un factor determinante del comportamiento futuro de la inflación y su trayectoria está sujeta a altos nivele de incertidumbre”, citó el documento.

 

DESPLIEGUE DE LA REGIÓN PARA 2017


Considerando el contexto actual y a las cifras de contracción económica que ha observado América Latina y el Caribe en los últimos 3 años, CEPAL sostuvo que en 2017 se visualizará un modesto crecimiento de 1,3%.


En este contexto, durante la presentación del Balance mencionado, Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en Chile, reiteró el llamado hecho por la entidad a dinamizar el impulso de inversión público-privado para retomar el crecimiento de corto y largo plazo y hacer frente a los riesgos y crecientes incertidumbres del escenario internacional.


“Estamos en un punto de inflexión. América Latina y el Caribe volverá a crecer pero de manera moderada y sin motores claros que la impulsen. Su recuperación será frágil mientras se mantengan las incertidumbres del contexto económico, en particular las tendencias proteccionistas recientemente observadas. Por ello retomar la senda del crecimiento regional requiere mucha cautela y revertir la dinámica del proceso de inversión, lo que demanda una importante movilización de recursos financieros”, declaró.


Según el informe, la Región finalizará 2016 con una contracción promedio de 1,1%. América del Sur será la subregión más afectada, con una caída de -2,4%, mientras que el Caribe se contraerá 1,7% y Centroamérica tendrá un crecimiento positivo de 3,6%. Al mismo tiempo, el documento muestra una tasa de desempleo urbano con tendencia al alza debido a la disminución de la tasa de ocupación y al aumento en la tasa de participación laboral.


En relación a las proyecciones de crecimiento para 2017, una mejora en los precios de las materias primas beneficiaría los términos de intercambio de América del Sur, subregión que repuntaría con un alza en su PIB de 0,9%.


La mayor demanda externa beneficiaría en general a la región en 2017, sumado a una recuperación del comercio intrarregional debido al mejor desempeño de las economías del sur. Sin distintos países y subregiones de América Latina y el Caribe y contribuirán a acentuar las diferencias subregionales en función de la orientación productiva y comercial de las economías”, señala el informe.


Por otro lado, si bien se prevé la continuidad de la política monetaria expansiva por parte del Banco Central Europeo y del Banco Central de Japón hasta fines de 2017, la normalización de las tasas de interés en Estados Unidos puede conllevar un reacomodo de los precios de los activos financieros, volatilidad financiera y aumentos en los costos de financiamiento para la región.


Considerando el escenario descrito, ¿cuál es la actitud que debe tomar Chile? A juicio de los expertos, se debe mirar a otras economías emergentes y ahí poner el foco porque es donde existe mayor potencial de crecimiento. En eso influirán las relaciones que se generen con el bloque de la Alianza del Pacífico, porque en general, Latinoamérica es una región poco integrada lo que la hace menos competitiva.


De acuerdo las proyecciones de crecimiento de la actividad económica de Cepal se establece que el entorno global que se prevé más auspicioso que el de 2015 y 2016. Los precios de las materias primas evidenciarían en 2017 mejoras con respecto a los niveles promedio del 2016 y se espera que el crecimiento de los socios comerciales de los países de la región sea mayor.


Por ello, la clave sería actuar en base al optimismo, dado que Chile tiene instituciones sólidas y las expectativas parecen ser mejores que la realidad de este año. En este punto, Natalia Piergentili, subsecretaria de Economía, ha sostenido que “el foco a futuro estará en la Agenda de Productividad, Innovación y Crecimiento, donde el país intentará potenciar industrias como la de Energía Solar, Logística y Expansión, minería, Economía Creativa, e industria turística”, entre otros. ¿A qué apuntaría esta estrategia? La respuesta es clara y se ha debatido por años: Chile debe transitar desde una economía basada en las comercialización de materias primas (cobre, principalmente) a una economía basada en la innovación.


La discusión central, entonces, debe apuntar a establecer: “cómo queremos crecer y de qué manera”, y 2017 es el año en que esta visión debe asentarse ya que la región se verá enfrentada a un contexto internacional que se prevé resulte más benigno que el de estos dos últimos años.


EL EFECTO TRUMP


Si la economía estuvo aletargada durante el pasado 2016, cabe destacar que tuvo su momento de inquietud en octubre tras la repentina victoria del empresario Donald Trump en la pelea presidencial norteamericana.


Tras la victoria del cuestionado personaje, las economías mundiales reaccionaron en vista de las propuestas presidenciales hechas por el otrora candidato que apuntaban, entre otras cosas, a reactivar rápidamente la economía de Estados Unidos, mejorando la infraestructura país y reactivando industrias tradicionales como la automotriz, lo que tuvo un efecto inmediato en la bolsa de valores y en el precio del cobre. Al respecto, el investigador del Centro de Estudios y Gestión Social (Ceges) de la Universidad Autónoma de Chile comentó que dicha medida se asocia al alza del precio del cobre en más de un 5%, al día siguiente de la elección, “llegando a los US$2,42 la libra, su valor más alto desde el 15 octubre de este año y, además, la mayor alza diaria desde el 13 agosto de 2009”.


El actual aumento del precio del cobre y sus mejores proyecciones futuras, se traducen en un mayor ingreso presente y futuro de divisas al país, lo que debería fortalecer nuestra moneda local, haciendo bajar el precio del dólar. No obstante, la moneda americana sigue al alza lo que se explica, en gran medida, por el “Efecto Trump”, que provocó una apreciación de la moneda estadounidense. Ahora bien, considerando los índices de inflación de Chile el alza es positiva y mejorar la competitividad de nuestras exportaciones, no obstante, encarece nuestras importaciones.


Siempre en torno al denominado Efecto Trump, quizás lo más preocupante para los analistas es la incertidumbre que provocan algunas de sus propuestas proteccionistas, las que implican, por ejemplo, la reevaluación de algunos tratados de libre comercio, como el reciente TPP suscrito con Chile. En este punto, la nación norteamericana es uno de los mayores socios comerciales de casi todos los países, y su actuar afectará, sin duda, las economías locales.


Así, el discurso proteccionista que Trump ha desplegado durante y tras su victoria electoral, donde prometió cambiar la forma en que Estados Unidos hace negocios con el resto del mundo, resulta alarmante para la mayoría que, al no tener un camino claro, especula. En este plano, el cambiante comportamiento ha tenido un efecto seguro en el desempeño de las AFP y los commodities chilenos, que puede variar desde el rango positivo al negativo. No obstante el problema radica en que no hay nada cierto y si el escenario es desconocido la inversión tiende a la baja.


Con todo, sólo queda esperar qué ocurrirá cuando el magnate asuma la presidencia de los EE.UU. sólo hasta entonces la nebulosa se aclarará… o al menos eso es lo que se espera.

Modificado por última vez en Lunes, 16 Enero 2017
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