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Largas jornadas de trabajo, ausencia del hogar e inseguridad son algunas de las características que tiene el transporte de carga, labor que –al parecer- en Chile aún falta que se reconozca como un eslabón fundamental del desarrollo del país, del comercio y, en espacial, de la logística. A través de estas tres historias de conductores queremos mostrar el estado actual de esta labor y a quienes están detrás de ella.


En Chile, debido a su geografía el transporte carretero se ha transformado en la columna vertebral de la industria. Las rutas nacionales han sido testigo del desarrollo del transporte carretero, crecimiento que ha ido de la mano de los cambios en infraestructura vial, las mejoras en tecnologías, bienestar y seguridad de los vehículos de carga y en especial de la profesionalización del conductor.


Hoy en día, existe el reconocimiento de que el conductor juega un rol al interior del engranaje del transporte terrestre, transformándose muchas veces en la cara visible de una empresa, el representante e intermediario con el cliente y las distintas entidades que convergen en esta modalidad de transporte.


El escenario del conductor de transporte de carga ha cambiado drásticamente a nivel nacional en los últimos cinco años. De la mano de aspecto como la estabilidad económica del país y el crecimiento y posicionamiento que la industria minera, atractiva por esencia para los transportistas, ha tenido gracias al fuerte desarrollo a comienzo de esta década, generando en el mercado de los conductores profesionales un vuelco.


De acuerdo a cifras del Observatorio Logístico del Ministerio de Transporte en 2011 la necesidad estimada del mercado de conductores profesionales, en un escenario de mayor fiscalización, alcanzaba los 193.181. En tanto, la disponibilidad en igual escenario llegaba los 199.657, registrando un superávit de un 3%.


Sin embargo, de cara al 2016, y en un eventual escenario de recesión económica, el número de conductores necesario alcanzaría los 205.481 con una disponibilidad de 180.675 conductores, generando por lo tanto un déficit de un -14%.


Ante estas proyecciones, las empresas de transporte carretero, han tomado conciencia de la importancia y el rol que dichos profesionales juegan en la industrial logística.


DE CAMIONERO A CONDUCTOR


En el día a día de la operación logística es fácil olvidar lo que está detrás de los softwares de rutas, los modelos de conectividad, los plazos y demandas; pero es preciso reconocer que tras todo este aparataje tecno y metodológico se encuentra “gente real” que lleva en sus hombros el peso de la cadena logística.


Este escenario ha llevado al reconocimiento al rol “critico” que cumplen estos hombres y mujeres en todas las demandas de abastecimientos. Los camiones son la columna vertebral del sistema de transporte y sin gente adecuada detrás de las ruedas, toda actividad de la Supply Chain no sería posible.


Por suerte la industria logística y de transporte cuenta con personas adecuadas como Roberto Toledo de TNT, quien lleva más de 26 años sin ningún accidente; Cristian Salinas de Starken, quien dejó de lado su profesión y formación académica para crecer en este rubro y Julio Muñoz, quien con pasión narra la mística del “camionero”. Hombre como los mencionados y sus colegas están atentos a la Ruta y en muchos casos han transformado a las carreteras en su segundo hogar.


A través de estas tres historias, Revista Logistec, busca reconocer el rol del conductor y dar un reconocimiento de su labor, ya que ‘transportar’ por las rutas no es el único desafío que los conductores enfrentan, también deben conocer las características de su vehículo y constantes chequeos de seguridad, alcanzar horarios establecidos, en ocasiones largas esperas de carga y descarga e incertidumbres del clima, entre muchas otros aspectos.


Un conductor que no está atento a estas condiciones podría ser un conductor “fuera de ruta” o bien un conductor de escritorio y dejar de interactuar día a día con distintas realidades y personalidades a lo largo de las rutas nacionales que se ha transformado en la mística del “camionero y la ruta”.


El trabajo del conductor, hoy en día, toma distintas formas desde largas jornadas de viajes y con largas ausencia del hogar hasta un “chófer” de la industria de la paquetería. Todo rubro tiene sus características, y que a través de estas historias buscamos dar a conocer.


JULIO MUÑOZ, CONDUCTOR DE TRANSPORTES BOLIVAR: “SOMOS EL CORAZÓN DE LA CADENA”


Si transformamos los kilómetros recorridos, el conductor Julio Muñoz ha dado cerca de 125 viajes alrededor del mundo en sus 23 años como conductor de transporte de carga.


A sus 44 años, este padre de dos hijos (Thiare y Julio) asegura que la vida de un conductor tiene de todo: alegrías, sacrificios, satisfacciones y también frustraciones; pero sobretodo “tiene mística”.


Con más de 23 años en la carretera, Julio recuerda sus comienzos resaltando la “atracción” que desde pequeños sintió por los “fierros y los motores”, asegurando que la vida de un conductor tiene que estar marcada por la atracción, ya que no es un trabajo común.


“Llegue a este rubro llevando la contra a mi familia. Tenía tíos y un hermano mayor en este mercado y siempre me llamó la atención. A los 21 años cambié la clase de mi licencia de conducir y al día siguiente partí a Brasil con una carga de ciruelas secas”, comenta.


Hoy en día, ya con una familia e hijos, Julio reconoce que la preocupación por la seguridad cada vez que sube al camión es constante y que la tecnología ha sido una aliado para mejorar la conexión con sus seres queridos.


“Realizo en promedio cinco viajes de 3.200 kilómetros ida y vuelta al mes, transportando carga general y carga sobredimensionada. Son aproximadamente 20 mil kilómetros mensuales o 240 mil kilómetros al año. Multiplicado por los años de trabajo calculo que he recorrido al menos 5 millones de kilómetros, lo que son unas tantas vueltas alrededor del mundo”, nos cuenta.


Julio lleva seis años en Transportes Bolivar, periodo en que asegura el “camión” le ha dado muchas satisfacciones, aunque reconoce con tristeza que el trabajo lo ha distanciado de su familia. “Al pasar mucho tiempo en la carretera me distancia de mis hijos, pero me ha permitido a la vez entregarles una estabilidad económica, sin grandes sobresaltos”.


“En las rutas uno piensa mucho. Piensa en la familia, en los hijos y sus logros, en la mujer y en la casa, más aún cuando llega la noche”, recordando así la preocupación que vivió en el pasado terremoto del norte del país, que lo pilló en el kilómetro 1184, frente al parque eólico de Tal Tal.


“Venía con una caravana de cinco conductores de Transportes Bolivar y tras el terremoto Carabineros nos desvió hacia el interior por la alerta de tsunami y en ese momento en lo primero que uno piensa es en la familia”, recuerda.


Además, Julio nos cuenta con nostalgia que el trabajo de conductor de camiones ya no es el mismo que hace 10 ó 15 años. “Antes uno hacía grupos en puntos de encuentros de la carretera para comer, compartir y descansar. Había más camaradería entre los colegas y eso se ha ido perdiendo. Hoy es el individualismo y la competencia la que ha matado el misticismo de esta profesión que ha estado marcada siempre por el contacto humano”.


Si bien reconoce un amor por las rutas, es enfático en asegurar que no le gustaría que su hijo fuese conductor, ya que con esta profesión “se gana, pero también se pierde”. Julio espera en los próximos años lograr su sueño de independizarse, siempre ligado al mundo del transporte.


Finalmente, Muñoz lamenta que aún en Chile este trabajo “no sea del todo valorado”, más cuando “los transportistas somos el corazón de la cadena y sin corazón el cuerpo no camina y la sangre no se mueve. Somos el generadores de todo, somos el motor”.


ROBERTO TOLEDO, CONDUCTOR DE TNT: “SOMOS UN ESLABÓN IMPORTANTE PARA EL PAÍS”


“Un jornada de viaje comienza con una llamada a las oficinas de TNT para conocer el destino que tiene puede ser norte o sur”, así describe Roberto Toledo el inicio de su jornada.


Este hombre de 46 años se ha desempeñado como conductor durante 27 años, 20 de ellos en la empresa TNT, periodo durante el cual ha sido testigo de la evolución de transporte de carga por carretera. “Antes uno era peoneta, secretaria, chófer. Uno hacía de todo, pero hoy somos conductores”


“Comencé a trabajar en una oficina de cobranza y el chofer se enfermó y me pidieron que manejara yo, desde ese momento creo que comenzó mi historia. Cuando estaba sin trabajo encontré uno como conductor y desde entonces no me he bajado del camión”, nos cuenta.


La familia es, sin duda, el talón de Aquiles de Roberto. Con seis hijos, de distintas edades, asegura que el costo de esta profesión es la poca presencia en casa, “perdiendo el día a día con los hijos”.


Asimismo, recalca que “no es una pega tranquila”, pero enfatiza que se puede desarrollar una vida laboral de la mano del camión. Sin embargo, lamenta que muchas veces no se valore su profesión.


“En otros países el camionero o conductor es reconocido como un profesional. Se tiene conciencia de la labor que uno hace y existen inversiones en torno a mejorar nuestro trabajo como lugares de descanso en las rutas o el buen trato en las bencineras. Muchas veces descansamos en lugares de tierra sin baño en la mitad de la carretera”, palabras que confirman que las grandes inversiones en muchas ocasiones no ha considerado aspectos relevantes para el conductor que van más allá de la infraestructura carretera.


“Hemos avanzado en mejorar el camión, pero poco en las condiciones de trabajo. Este es un tema de conciencia y de entender que los camioneros necesitan comer, dormir, bañarse, entre otras cosas, porque somos un eslabón importante para un país, para la industria y para la gente”, sostiene.


La seguridad es un tema presente en Roberto, pero asegura que nunca ha tenido un accidente en la carretera y que la clave está en “conducir a la defensiva y en pensar que uno tiene familia e hijos detrás”.


Para Roberto la cultura camionera ha cambiado, debido a la delincuencia e inseguridad. “Todos conversamos y nos saludamos entre camioneros y eso no se ha perdido, pero en general hay más desconfianza. Antes había un camión en panne y uno se paraba a ayudar, hoy hay que arreglársela solo”.


El futuro es algo en lo que se piensa kilómetro a kilómetro y Roberto tiene claro que “no me gustaría terminar mis días en la carretera, pero cuesta hacer otras cosas, ya que el ritmo de este trabajo te mantiene atado a este mismo trabajo, te absorbe muchas horas”.


Y con la misma certeza, asegura que no le gustaría que ninguno de sus hijos siguiera esta profesión, porque “a veces pierde mucho”.


CRISTIÁN SALINAS, CONDUCTOR DE STARKEN: “ESTE ES MI PROYECTO Y NO LO DEJO”


Este profesor de Educación Física se sumó al mundo de la conducción hace doce años como un proyecto. “comencé a probar y me dedique a esto. Hoy ya llevo ocho años en Tur Bus y ahora Starken y ya tengo un par de vehículos”.


Cristian Salinas ejerce la conducción desde un prisma distinto al de sus colegas de TNT y Transportes Bolívar, puesto que está dentro de la ciudad. De la mano del boom del e-commerce en Chile, la industria del transporte de paquetería y encomienda se ha desarrollado con fuerza, en medio de este crecimiento, Cristian ha visto aquí una posibilidad de crecer laboralmente.


Con tres hijos, un de un año de edad, otro de cinco y uno de 10 años, Salinas asegura que una de las cosas que le atraen de este trabajo es que “puedo pasar tiempo con mi familia durante el año. Solo en los meses de noviembre y diciembre es difícil el tema familiar, porque es la temporada alta; pero comprendemos que todo tiene su recompensa.


“A pesar de lo que algunos piensan, este trabajo es tranquilo y eso me gustó. Haciendo bien el trabajo no hay nadie que te presione”, afirma. En esta línea, asegura que fue esta “independencia” la que lo atrajo finalmente y hoy ya lleva ocho años en la compañía.


Aquí no existen peajes, zonas de descanso ni carreteras; la jornada de Cristián está compuesta por tacos, semáforos y decenas de clientes diarios.


“Llegó antes de las ocho de la mañana, se separa la carga, se revisa y luego se organiza la ruta, factor que es clave para hacer bien el trabajo. Uno debe ser fiel y respetar la ruta para que las cosas funciones mejor.


Diariamente realiza cerca de 60 a 70 órdenes, en el sector de las comunas de San Bernardo y El Bosque, principalmente encomiendas desde un sobre hasta una compra de retail, siempre menor de 50 kilos. En tanto, en temporada alta en promedio se entregan 110 órdenes diarias.


“Nuestra visión es distinta de la conducción, ya que estamos dentro de la ciudad. Con el tiempo uno se va adaptado, pero aquí la paciencia es un factor clave, porque uno ya está inserto en la ciudad con sus cosas buenas y malas. La tarea de un buen conductor es ir buscando las fórmulas para sobrellevar estas condiciones y desafíos.


En los últimos años las rutas se han complicados, el tráfico vehicular en las ciudades y la delincuencia han estado presente en el desarrollo de esta industria. “Hoy los delincuentes son más osados, te enfrentan y eso nos obliga a estar atentos. En tanto el trafico sin duda que ha aumentado, antes existían horarios y ciertas zonas complicadas hoy eso ha cambiado”, detalla.


Ingresar a este mundo del conductor ha sido un proyecto para mí, y no me gusta dejar los proyectos botados y esto ya lleva años para mí y estoy seguro que aún quedan unos tantos más.


“Esto ha sido una aventura y el que no se arriesga no cruza el río”, enfatiza Cristian Salinas, quien asegura que su proyección laboral, por lo menos por unos años más, está aquí. “YA será el momento de nuevos proyectos”.

Modificado por última vez en Jueves, 26 Julio 2018
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