Cada año, la industria aeroportuaria moviliza más de 45 millones de toneladas de carga de distinto tipo y complejidad, entre las que se incluye el traslado de Animales Vivos de distintas especies; un tipo de carga altamente regulada por diferentes entidades, en aras de cumplir con los tiempos de traslado de estas delicadas cargas y cumplir con las normativas que protegen su integridad.

La conquista del cielo alcanzada por los famosísimos hermanos Wright a principios del siglo pasado, marca el punto de inicio de una de las industrias de mayor prestigio a nivel mundial: la aeronáutica, que en su quehacer diario en torno al transporte de personas y carga mantiene intacto el espíritu que define a sus creadores: la intrepidez y la ambición de conseguir eso que parece imposible. Y es que, día a día los actores del transporte aéreo se obligan a alcanzar nuevos y grandilocuentes objetivos; en una escalada tecnológica e inventiva gracias a la cual se materializan retos que parecen inalcanzables, sobre todo en lo concerniente al traslado de cargas ‘especiales’ desde y hacia los puntos más exóticos y distantes del globo.

Y es que la industria aeronáutica no conoce límites; siendo uno de sus rasgos distintivos de su actuar la innovación para desarrollar proyectos de transporte inéditos. No obstante, las particularidades de su operación son desconocidas para el común de las personas, que ni siquiera imaginan las hazañas logísticas que efectúan y que se desarrollan, sobre todo, en torno al traslado de las denominadas ‘cargas imposibles’, entre las que se encuentra: El Transporte de Animales Vivos.

Es por ello que, a continuación, ahondaremos en los retos que implica este tipo de proyectos altamente regulados por diferentes entidades de tipo públicas y privadas. No debemos perder de vista que el transporte de animales vivos no sólo supone un riesgo para los operarios y la tripulación frente a eventuales fugas, sino también para la propia carga que requiere un trato especializado y cuidadoso en aras de su protección y sobrevivencia.

TODO INICIA CON LA REGULACIÓN

Movilizar por vía aérea animales vivos representa un gran desafío para los equipos logísticos a cargo de la operación, no sólo por el alto valor económico, social y emocional que estas especies tienen para sus exportadores y receptores, sino también porque se trata de seres vivos, que perciben el riesgo de las maniobras a las que están expuestos y pueden reaccionar de las maneras más inesperadas. De ahí que este tipo de cargas sean tan sensibles y complejas de manejar.

Con todo, lo primero a tener en cuenta al momento de iniciar los procedimientos de exportación de cualquier tipo de especie es la obtención de todos los permisos sanitarios requeridos por la ley. Al mismo tiempo, los equipos dedicados a la operación deben estudiar detenidamente las características físicas y sicológicas del animal; y conocer y configurar todos los requerimientos legales que el país de destino de la carga haya emitido en relación al ‘trato’ que debe brindarse a cada especie.

A este respecto, cabe destacar que las normas por las cuales se rige el transporte aéreo de animales vivos emanan de organismos internacionales, gubernamentales y privados tales como: La Asociación Internacional de Transporte Aéreo, (International Air Transport Association, IATA), CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de especies amenazadas de Fauna y Flora Silvestre); OIE (Oficina Internacional de Epizootias) y la UE (Unión Europea). Todas ellas, ponen a disposición de los diferentes operadores de este tipo de cargas los diferentes manuales de operación y regulaciones del país de destino de la carga, información que deben conocer y cumplir cabalmente, no sólo para proteger la integridad de la carga, sino también para resguardar a los países de destino frente al riesgo de eventuales plagas.

A nivel nacional, en tanto, antes de iniciar cualquier tipo de proceso de trasporte de animales vivos los OL deben contar con el visto bueno del Servicio Agrícola Ganadero (SAG), entidad gubernamental que fiscaliza este tipo de cargas y que revisa las condiciones físicas del animal (estado de salud) y las condiciones en las que estos serán trasladados (embalaje de acuerdo a las regulaciones internacionales vigentes). Una vez que esta entidad gubernamental visa las condiciones antes descritas, emite el respectivo Certificado Zoosanitario, obligatorio para todos los embarques de animales vivos que saldrán desde nuestro país. A todas estas instancias de control -previas al embarque-, se suma la revisión médica de los ejemplares por parte de un equipo veterinario que los chequea, antes durante y después de que han sido ingresados al avión.

Si las certificaciones sanitarias y de procesos son esenciales, también lo son: la confirmación de reserva de vuelos y conexiones (de ser necesarias) y la documentación comercial de exportación. Ambos documentos son obligatorios y anteriores a las operaciones. Y todos deben estar absolutamente disponibles al momento de ingresar la carga al Terminal Aeroportuario.

En términos generales, cualquiera sea la especie a transportar; los documentos y regulaciones descritas son invariables. No así los procedimientos de crianza, empaque, traslado y vigilia que debe tener cada ejemplar durante su traslado. Ahora bien, en vista de que el reino animal es diverso, decidimos concentrar nuestra atención en dos experiencias ligadas al transporte de ejemplares vivos, muy diferentes entre sí.

El primero de ellos no supera el tamaño de una moneda, y unitariamente cada espécimen no supera los 15 gramos. No obstante, este animal lleva sobre sí la responsabilidad de equilibrar diversos ecosistemas a través del proceso de polinización. Nos referimos a la abeja, experiencia desarrollada por Emo-Trans.
En segunda instancia, conoceremos la experiencia de transporte recientemente desarrollada por Latam Cargo, que en septiembre pasado ejecutó la exportación de osos, desde la ciudad de Fortaleza en Brasil, hasta Sao Paulo.

EN PRIMERA CLASE

Apis Mellifera Ligustica, es la denominación científica que recibe la popularmente conocida como: Abeja Reina, una de las principales especies de exportación e Chile. Este peculiar insecto, cuyo efecto en el equilibrio del ecosistema es reconocido mundialmente, criado en granjas apicultoras de la zona de Santa Cruz (V Región) y exportado a Canadá, donde es utilizado para fortalecer los procesos de polinización en el hemisferio norte.

Respecto de este espécimen, Nelson Toro señaló que “debido a que tiene un rol fundamental en el desarrollo de la vida humana, Emo Trans dedica un extremado esfuerzo y dedicación por mantener la permanencia de estas operaciones, que ya llevan 8 años. Para nosotros, además de un proceso de negocio propiamente tal, este tipo de exportación es una oportunidad de aprendizaje para los operativos que interactúan en cada etapa del embarque y una forma de contribuir al ecosistema de nuestro planeta”.

La exportación de Abejas Reinas representa para los operadores logísticos importantes desafíos en torno a la operación, que incluye una milimétrica organización de las fechas de salida, un sistema de packaging especialmente diseñado para soportar el tránsito de las especies y un singular sistema de alimentación durante dicho trayecto.

Según señaló el profesional, “todo inicia con un proceso de apicultura por parte del importador, etapa que dura un periodo de 8 meses cuando el animal alcanza la madurez necesaria para el viaje. Durante el proceso de desarrollo fisiológico del insecto, nosotros entregamos al cliente una completa asesoría para el cumplimiento de todas las normas y regulaciones, nacionales e internacionales, que requiere este ejemplar para salir del país”.

Una vez que se ha concretado el desarrollo del insecto y se ha configurado el set de documentos necesarios para su salida, el SAG procede a la revisión de los ejemplares. Si todo está en regla se otorga el respectivo Certificado Zoosanitario que confirma la inocuidad de la carga y establece el tipo y cantidad de unidades que se exportarán. “En una temporada –que dura aproximadamente 3 meses- podemos llegar a exportar más de 25 mil ejemplares”, explicó Toro.

Paralelamente, los equipos logísticos trabajan en el diseño de la cadena de exportación mediante la cual se concrete el compromiso de tiempo y forma de entrega convenido entre el exportador y su cliente. “Lo primero es reservar espacio de carga en vuelos comerciales o mercantes. Este proceso es muy delicado, ya que debemos calcular detenidamente el tiempo que llevará toda la operación, desde la salida del vuelo en Santiago, posibles combinaciones del mismo (incorporando tiempos de espera en losa o en almacén extraportuario) y el tiempo de arribo a Canadá. Además, estos horarios de salida deben coordinarse con los procesos de empaque de los ejemplares que tardan, aproximadamente, 2 días”, explicó el ejecutivo de Emo Trans.

Respecto del empaque que soporta el traslado de estos insectos, Toro señaló que se trata de una serie de habitáculos configurados en forma de panal que poseen miles de pequeñas recámaras donde cada ejemplar descansa. “Cada UE –fabricado de cartón resistente a golpes y fisuras – tiene una dimensión de 50x70 cm. y puede albergar a 70 abejas. En su interior se introduce el alimento de las reinas que consiste en polen de miel azucarada. Ésta será proporcionada a los ejemplares por machos zánganos que viajan al interior de cada empaque. Es muy importante que se mantenga el ciclo de alimentación de estos animales, en un formato lo más semejante a la vida real”.

Una vez que la carga arriba al aeropuerto, aguarda los últimos controles del SAG en la zona primaria del recinto. Cabe destacar que este ingreso está supeditado a los controles de aduana y a la documentación correspondiente, previamente configurada, aseguró el ejecutivo, agregando que: “Una vez que toda la documentación está en regla, se procede al embarque que debe ser rápido y delicadamente ejecutado. Durante estas maniobras el movimiento debe ser limitado”.

Otro aspecto de relevancia para el traslado de esta especie es el control de temperatura. “estos animales viajan a temperatura ambiente (20°-25°), pero a su arribo a Canadá pueden enfrentar temperaturas bajo cero. De estar expuestas a estas graduaciones, las especies podrían morir, por ello es tan importante monitorear el estado de las mismas durante todo el vuelo”, aseguró el ejecutivo, agregando que en cada proceso de exportación existe un riesgo de mortalidad que no supera el 6%, “un índice muy bajo si se tiene en cuenta los extremos cambios de temperatura que enfrentan estos animalitos”

En tanto, una vez que cada UE es embarcada en los compartimentos de bodega de carga respectivos, se procede al envío que podría demorar en promedio 48 horas. Una vez que la carga llega a destino es sometida a todos los procesos de control sanitario por las autoridades del país de destino y, tras pasar esta barrera, es entregada al cliente.

RESCATE ANIMAL

Transporte delicado y altamente confiable de animales vivos a través de una estricta planificación, información oportuna y personal especialmente entrenado es lo que ofrece Latam Cargo en sus diferentes divisiones a nivel mundial.

En esta línea, Latam Cargo Brasil desarrolló en septiembre pasado la compleja operación de transporte de dos osos grises desde la ciudad de Fortaleza a Sao Paulo. La operación se realizó en sociedad con el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama) y la Superintendencia Ambiental del Estado de Fortaleza (SEMACE) y tenía por objetivo llevar a los ejemplares hasta el santuario de vida silvestre en el estado sao paulista.

Según informaron desde Latam Cargo Brasil, “Tras ser rescatados desde un circo, los osos vivieron por un periodo en un zoológico en Ceará. Desde dicho recinto fueron trasladados por vía aérea hasta su destino: el Santuario Ecológico Rancho dos Gnomos (ASERG), que se especializa en la preservación de la vida silvestre y cuida a los animales que han estado en cautiverio y / o han sido víctimas de abuso.

En esta línea, cabe destacar que la asociación entre LATAM Cargo Brasil e Ibama comenzó en 2009 y ha facilitado el transporte de más de 4.500 animales en varios proyectos destinados a preservar la fauna brasileña.

En torno a la operación de transporte, según informó la compañía, “la preparación del avión y la carga comenzaron seis horas antes de la salida del vuelo e involucró a más de 20 colaboradores de la compañía para garantizar el bienestar de los animales y que todas las medidas de seguridad estuvieran en su lugar.
Los osos viajaron en contenedores de transporte especialmente producidos para su traslado en la bodega de carga del avión LATAM Cargo Boeing 767-300, que pesaba un total de aproximadamente 1.3 toneladas cuando se cargaban con ambos animales”.

Como parte del procedimiento de transporte, la carga de los osos fue supervisada por veterinarios y expertos en protección animal durante todo el proceso, que finalizó con el arribo de los ejemplares al Santuario.

Modificado por última vez en Miércoles, 09 Octubre 2019
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