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En la sociedad de consumo actual la logística reversa de materiales en desuso y residuos de todo tipo es un factor clave. Para conocer más sobre esta tendencia, a continuación les presentamos un breve análisis, basado en dos importantes publicaciones que hacen referencia a los desafíos y particularidades de esta operación.


Con frecuencia, al momento de dar a conocer a nuestros lectores nuevos enfoques o tendencias de la industria logística nos encontramos con terminologías que, a estas alturas, se han vuelto verdaderos axiomas. De esta forma, conceptos como: eficiencia, competitividad y sustentabilidad (sumado al resguardo medioambiental) se replican continuamente, dado su carácter transversal y funcional a la hora de establecer (o describir) los objetivos operacionales, comerciales o estratégicos de esta industria, en particular, y del mercado en general.


En esta lógica, los conceptos mencionados no sólo están ligados a los procesos que integran la Cadena Directa de Suministro (CDS), la cual gestiona el flujo hacia delante de materiales y productos, sino también hacen parte de la Cadena Inversa de Suministro (CIS) que plantea la gestión de los productos y materiales devueltos por los clientes o desechados para crear valor a partir de ellos o para efectuar su adecuada destrucción, ya sea por el fabricante o el proveedor correspondiente. Lo anterior, deja de manifiesto que la Logística de Reversa encuentra su fundamento en la ‘eficiencia y competitividad’ y en el factor medioambiental.

 

TENDENCIA ECO-EFICIENTE


Introducida al mundo empresarial como parte de la llamada Responsabilidad Social Empresarial (RSE), la logística de reversa para los materiales en desuso o desechos, propiamente tal, es una tendencia que ha tenido un lento pero seguro despliegue. Lo cierto es que hasta hoy, la mayoría de los fabricantes preferían ignorar el destino final de sus productos cuando éstos concluían su vida útil; no se sentían responsables de lo que ocurría con el producto después de ser utilizados por el consumidor.


Según cita José López Parada en su Tesis Doctoral: ‘Incorporación de la Logística Inversa en la Cadena de Suministros y su influencia en la estructura organizativa de las empresas’, “las empresas diseñaban (sus operaciones) de forma que se minimizaran los costes de materiales, fabricación y comercialización, pero no tenían en cuenta la disposición final, ya que opinaban que si se incorporaran estos costos al producto se reducirían sus márgenes y el consumidor no aceptaría un precio superior. En consecuencia, gran parte de los bienes usados se incineraban o se trasladaban al vertedero, lo que representaba una clara agresión al medio ambiente”.


No obstante, explicó el autor nuestro actual tipo de vida y los hábitos de consumo de nuestra sociedad provocan la creciente generación de residuos de distinto origen y tipología con la problemática asociada a su gestión. “La gestión de los residuos se convierte, entonces, en una parte integrante de la economía de los países y la problemática derivada de los mismos está determinando, cada vez en mayor medida, que los sectores públicos y privados demanden actividades tendientes a minimizar los perjuicios medioambientales producidos por los procesos productivos e industriales”.


En consecuencia, -aseguró López Parada- surgió la necesidad de plantear una nueva cultura empresarial que tuviera en cuenta en sus estrategias, diseños y procesos productivos, aspectos tales como el consumo de energía y materias primas; la cantidad y tipo de materiales usados; la emisión de sustancias contaminantes y la generación de residuos y su gestión. “La logística de reversa cubre todos los aspectos derivados de trasladar los bienes desde el consumidor o distribuidor hasta el fabricante mencionados, si es procedente de devoluciones por cualquier causa o hasta los centros de recogida si es un bien fuera de uso, con el fin de proceder o su reutilización o destrucción”, cita el documento.


Este proceso de ‘recuperación’, puesto en marcha mediante procedimientos de logística de reversa (LR) busca, fundamentalmente, “reducir el impacto sobre el medio ambiente, mediante prácticas como la reutilización, el reciclaje u otro tipo de valorización del producto, aminorar el consumo energético y de agua dentro de los procesos productivos y del propio producto elaborado, reducir la extracción de materias vírgenes y las cantidades de residuos que son enviadas a los vertederos o depósitos controlados”, aseveró José Lopez Parada, en su Tesis Doctoral, argumento por el cual se establece el alto valor medioambiental que sustenta a la LR.


En esta lógica, los académicos cubanos Francis Hevia Lanier y Ana Urquiaga Rodríguez en su estudio ‘Etapas de la Logística Reversa para la Gestión de los residuos a través de una Cadena de Suministro’ coinciden con lo dicho por López Parada, señalando que “para reducir la contaminación generada en las empresas y para determinar los impactos derivados de sus productos y servicios es necesario poner a disposición de las mismas, herramientas eficaces –sistemas de gestión de logística de reversa-, de fácil y rápida implantación, y que, por otro lado, no encarezcan sus costos de producción”. De esta forma, acota el estudio, “en la cadena inversa todos los participantes desarrollarán aquellos procesos necesarios para la recuperación de los productos y materiales, facilitando la gestión de los materiales y la información para el correcto destino y tratamiento de los mismos”.


DEL DESUSO AL CONSUMO


Según lo descrito por The Council of Logistics Management, la logística (directa) se entiende como aquel “proceso de planificación, implantación y control, de una forma eficiente, del flujo de materias primas, los materiales en curso de fabricación y los productos terminados, así como de la información relacionada desde el punto de origen hasta el punto de consumo con el objetivo de cubrir las necesidades de los clientes”. Ahora bien, la Logística de reversa integra todas las variables descritas en la definición anterior, a la inversa, siendo definida –por la misma entidad- como aquel “proceso de planificación, ejecución y control efectivo y eficientemente de todo el flujo de productos, materias primas e inventario en curso y la información relativa a estas, entre el usuario final y el proveedor o productor, con el propósito de reciclarlo, crear valor o destruirlo adecuadamente”.


En esta línea, en su Tesis, López Parada explica que las actividades típicas relacionadas con la logística inversa son aquellos “procesos que una compañía utiliza para recoger los productos usados, defectuosos, sobrantes o caducados, así como los embalajes y elementos de transporte utilizados para hacer llegar dichos productos al usuario final o al distribuidor”. Estas actividades pueden ser distinguidas, según la proveniencia del producto (desde el usuario final u otro miembro del canal de distribución: minorista o centro de distribución (CD)) o según su tipo (producto o embalaje).


Una vez que el material recuperado ha llegado a la compañía, ésta dispone de varias posibilidades para elegir el uso que le dará al mismo. Estas actividades están generalmente consideradas como las más importantes en los procesos de logística de reversa, siendo la empresa la que debe decidir, para cada producto en concreto, el destino final del mismo y el flujo de su cadena logística.


Todo lo anterior se explica, según López Parada, por que el fabricante ha extendido su responsabilidad más allá de la finalización de la vida útil del bien en concreto, “procurando que el desmontaje y/o destrucción del mismo sea lo más sencillo posible y que la mayor parte de sus elementos puedan ser reutilizados”. Así mismo, expresó el autor, “las políticas medioambientales y los consumidores premiarán la fabricación de productos que tengan en cuenta el uso de elementos o materias primas provenientes de reciclajes y que el bien sea lo más respetuoso posible con el entorno, tanto durante su vida útil como al finalizar la misma”.


GESTIÓN DE DEVOLUCIONES


Como se ha observado, una de las causas importantes que generan logística inversa de productos son las devoluciones. El flujo de devolución de los productos desde el distribuidor hasta el fabricante a través de la cadena de suministro o mediante otros medios, “representa una gestión específica que puede generar una alta complejidad y que exige idéntica atención que el proceso logístico normal. En este sentido una buena política de devoluciones puede suponer el ganar competitividad y fidelizar a los clientes”, explicó López Parada en su estudio.


Consecuentemente, una gestión deficiente de las devoluciones puede representar, además de una ruptura en la relación entre el fabricante y el distribuidor, una pérdida importante en el nivel de ventas. También es un elemento clave la acción rápida en el tiempo de las devoluciones.” Muchas veces el distribuidor acumula cantidades de productos a devolver, remitiéndolos al fabricante en un lote mayor, pero de forma espaciada, originando esta práctica una rotura en los canales de comunicación entre fabricante y distribuidor, creando una cantidad innecesaria de productos obsoletos y de pérdidas para ambas partes”, agregó el estudio.


De ahí que la creación de un canal adecuado y una política clara de devoluciones (y finalmente de una estructura de logística de reversa) ayudarán al fabricante y al distribuidor a optimizar los inventarios de productos y a obtener beneficios mutuos.

 

En lo específico, según lo descrito por López Parada, los productos que generan logística inversa, desde el mercado minorista o distribuidor, vienen determinados por las siguientes características:


• “Productos de primera calidad que el minorista ha decidido dejar de vender. En este caso, cuando se determina no continuar con determinado producto o una línea de productos, bien se puede devolver al fabricante o establecer negociaciones con otra empresa para vender todo el inventario disponible.


• La compra de productos de la competencia por parte del fabricante. Normalmente se realiza para sustituir este producto por uno propio, reduciendo los riesgos del minorista.


• Productos de primera calidad pero cuya venta es estacional. En esta clase de productos, al finalizar el periodo de comercialización, el minorista puede rebajar el precio del producto o realizar su devolución para poder recuperar parte de su valor.


• Excesos de inventario, productos con menor venta que la prevista o que se ha realizado una promoción para que el minorista adquiera una mayor cantidad vía promociones o rebajas en el precio.


• Productos defectuosos. Productos que han determinado los minoristas o los clientes como defectuosos, siendo en este caso sustituidos por el fabricante con otros productos o abonado su importe. A veces ocurre que el defecto no es real, sino que puede venir inducido por el cliente.


• Artículos dañados. Son productos usados o dañados y que no pueden ser nuevamente vendidos.


• Devoluciones de clientes. Son productos que han sido abiertos y utilizados por los clientes y aunque el producto no sea defectuoso no podrá ser vendido como de primera calidad. Los productos devueltos en un sistema de logística inversa utilizan en su mayor parte uno de estos siete canales: Devolución al fabricante; venta como nuevo; venta con descuento; venta en un mercado secundario; donación a caridad u Organizaciones no Gubernamentales (ONG’s); refabricación y reciclaje o lanzamiento al vertedero”.

Por otro lado, uno de los puntos críticos en la logística inversa, según el mismo estudio, se presenta cuando “los productos a retornar tienen la consideración de materias peligrosas”, en cuyo caso, el transporte de los mismos debe realizarse por empresas especializadas y siguiendo estrictas normas de envasado y transporte adecuadas al tipo de material, según la legislación vigente.


Finalmente, López Parada destacó que “otro aspecto importante en la logística inversa de materiales se da cuando un cliente o una organización creen o tienen la seguridad de que un defecto de producción puede afectar a la operatividad adecuada de un bien. A ello se le denomina recuperación, recobramiento o rescate (recall)”, procedimiento por el cual se procede a la retirada de un lote de productos y su posterior retorno al fabricante. Generalmente, esto se debe al descubrimiento de potenciales problemas en la seguridad del mismo hacia el consumidor.


En esta línea, “la recuperación es un esfuerzo de la empresa para limitar su responsabilidad debido a una negligencia (que puede causar altos costos legales) y mejorar o evitar daño a la imagen corporativa. Este proceso exige, a menudo, la sustitución del producto retirado o el restituir el daño causado por su uso, aunque posiblemente sean aún mayores los costos derivados por su repercusión en la marca y en la confianza del consumidor”, explica el estudio.


Como hemos observado, la logística de reversa de materiales en desuso, caducos o desechos, representa para las empresas un factor clave, no solo por motivos medioambientales, sino para gestionar de forma eficiente los productos reintroducidos por diferentes motivos en una cadena de suministro. No obstante, importantes empresas están disputándose el liderazgo en Responsabilidad Social, ya que entienden que se están jugando cuestiones claves para su productividad, desempeño y competitividad, ganando terreno así la idea de competitividad responsable.

Modificado por última vez en Viernes, 23 Agosto 2013
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