En los proyectos mineros y de construcción en Chile, donde las distancias son enormes, los equipos provienen de distintos lugares del mundo y las responsabilidad del proyecto se multiplican, hay un elemento que sostiene cada avance y que muchas veces pasa inadvertido: el trabajo en equipo.
Detrás de cada embarque que llega a tiempo, de cada repuesto crítico que se entrega cuando más se necesita y de cada operación que continúa sin interrupciones, existe un engranaje humano que funciona con precisión y compromiso.
Comercio exterior, logística, abastecimiento y equipos en faena forman una cadena interdependiente que hace posible que cada decisión se traduzca en progreso concreto. Cada material que arriba permite que un supervisor continúe su labor, que un operador no detenga su turno y que un proyecto mantenga su ritmo. Nada de esto ocurre de manera aislada, es la coordinación entre áreas lo que garantiza que los objetivos se cumplan y que la operación avance, incluso en las condiciones más exigentes.
El abastecimiento es un pilar clave, ya que son quienes planifican la llegada de materiales y equipos, anticipan necesidades futuras y coordinan con logística para que todo esté listo en el momento exacto. Sin su mirada estratégica, los planes de faena podrían desajustarse, generando retrasos que afectan no solo la operación, sino también a las personas que dependen de ella.
El comercio exterior, por su parte, se encarga de los permisos, documentos y coordinación con proveedores internacionales, como forwarders especializados, navieras y líneas áreas para asegurar que cada carga avance sin contratiempos.
La Logística traduce esos planes en acciones concretas en terreno: ajusta rutas, maneja cargas sobredimensionadas, coordina con transportistas internacionales y resuelve imprevistos que podrían detener la faena. Cuando comercio exterior, abastecimiento, logística y proyecto trabajan alineados, se transforman en un solo equipo con un objetivo compartido: que todo avance en tiempo y forma.
Los equipos en faena viven la presión de cada decisión. Saben que un retraso significa parar un turno, que una máquina inmóvil representa horas de producción perdidas y que cada minuto cuenta para cumplir los objetivos. Cuando nos comunican que “esta pieza es vital”, no lo dicen como un requerimiento administrativo: lo dicen como una urgencia, en ese momento nos convertimos en bomberos apagando incendios, entendiendo a quienes están en obra y escuchando en su voz la responsabilidad que sostienen. Detrás de cada material hay personas esperando para seguir trabajando. Esa conexión nos une a todos, desde la casa central hasta el norte, “cada movimiento importa”.
La tecnología ha sido una aliada invaluable en este engranaje. Sistemas de seguimiento en tiempo real, plataformas de trazabilidad y digitalización portuaria nos permiten anticipar problemas, reducir errores y mejorar la coordinación. Pero lo que realmente marca la diferencia sigue siendo la comunicación humana: una llamada o un mensaje enviado a tiempo puede evitar retrasos críticos. La minería no se mueve solo con software; se mueve con empatía, colaboración y la capacidad de ponerse en los zapatos del otro.
La sostenibilidad también refuerza este trabajo conjunto. Elegir rutas más eficientes, reducir viajes innecesarios y planificar entregas con menor impacto ambiental requiere coordinación entre todas las áreas. Cada decisión de abastecimiento impacta a la faena, a las comunidades cercanas y al país. No lo hacemos solo para cumplir estándares internacionales, sino porque entendemos que cada movimiento logístico tiene un efecto real en personas y en el territorio.
A veces, cuando un equipo recibe los materiales que esperó durante semanas y la faena puede continuar sin interrupciones, sentimos orgullo y gratitud. Detrás de ese logro hay decenas de personas que participaron silenciosamente: el partner logístico, el colega del puerto que hizo un esfuerzo extra, el camionero que ajustó su ruta, el equipo de logística y abastecimiento que resolvió imprevistos, el ingeniero de proyecto que confió en nuestra gestión. Eso es más que logística o comercio exterior: es un acto colectivo que sostiene la minería y construcción chilena.
Los proyectos mineros en Chile no se construyen con áreas aisladas, sino con personas que avanzan juntas. Cuando algo no arriba en tiempo, por motivos que están fuera de nuestro alcancen como los desastres naturales todo se detiene. Cuando todo llega a tiempo, todos avanzan. Comercio exterior, logística, abastecimiento y faena son, finalmente, una sola fuerza. Y en medio de la dureza del desierto, los horarios extensos y las presiones constantes, lo que realmente hace la diferencia es la humanidad que ponemos en nuestro trabajo en equipo como cadena de suministro.











































