Aunque el desarrollo tecnológico ha permitido importantes avances en eficiencia y productividad en la gestión de flotas, hay un factor que todavía resulta complejo de abordar; el comportamiento humano. ¿Qué tanto influyen las características y condiciones de quien conduce la carga en el desempeño final?
“El factor humano sigue siendo clave. La tecnología optimiza y automatiza, pero los que definen el resultado final siguen siendo las personas, a partir de decisiones humanas en terreno”, sostiene Alan Marín, country manager Chile & Perú de UNIGIS.
Desde su experiencia en esta plataforma TMS para la gestión del transporte, la distribución y la logística, Marín indica que hay comportamientos y decisiones humanas que inciden directa y positivamente en la productividad de una flota, como la disciplina operativa (una combinación de tecnología, procesos y personas) y una adecuada comunicación. “En tanto, aspectos como la improvisación, la presión mal gestionada y asumir riesgos innecesarios para cumplir con los servicios a cualquier costo influyen negativamente”, precisa.
Una opinión similar tiene Cristián Barreaux, gerente general de Llegó: “en operaciones de última milla, las variables humanas son determinantes. El estrés asociado a ventanas horarias ajustadas, la fatiga por extensas jornadas o una mala planificación y ciertos hábitos de conducción adquiridos con el tiempo impactan directamente en la seguridad vial y en la eficiencia operativa. Hemos observado que el cansancio efectivamente reduce la capacidad de reacción, aumenta los errores y eleva la probabilidad de incidentes. Por eso, la gestión de flota no puede limitarse a vehículos y rutas, sino que debe incorporar activamente la gestión del bienestar del conductor y el cumplimiento de la normativa vigente”.
No son observaciones aisladas o específicas de estas empresas. De acuerdo al Reporte de la Industria 2025, un estudio regional que incluyó a más de 300 profesionales del transporte de Chile, Argentina, Colombia y México, más de la mitad de los conductores de transporte de carga (53%) reconoce que el estrés laboral afecta directamente su desempeño al volante.
El estudio -desarrollado por Geotab y Endeavour Business Intelligence- demuestra que las conductas que asuma el transportista al volante y aspectos como su seguridad y bienestar tienen una relación directa en la eficiencia operativa. En esa línea, factores como la presión por cumplir metas y el temor o inseguridad frente a robos y asaltos pueden llevarlos a comportamientos que no se traducen en una real productividad. Así, por ejemplo, según esta investigación, el 25% de los conductores de la región admite exceder regularmente el límite de velocidad para completar su trabajo a tiempo. Una conducta que a primera vista o en el corto plazo podría parecer “efectiva”, pero que redunda en mayor consumo de combustible, desgaste innecesario del vehículo y probabilidad de siniestros o multas por exceso de velocidad, entre otras situaciones que afectan negativamente la eficiencia operativa.
Ante la escasez de personal calificado para trabajar en el transporte de carga terrestre, que al menos un 26% de los conductores haya considerado dejar su trabajo en el último año es un dato que no debiera pasar inadvertido, ya que la rotación, la pérdida de experiencia acumulada, los costos y tiempos asociados a búsqueda de nuevos perfiles y procesos de inducción tienen efectos colaterales en la continuidad operacional y en la productividad.
EQUILIBRIO PRODUCTIVIDAD/BIENESTAR
Teniendo en cuenta que la seguridad y el bienestar del conductor tienen un impacto en los resultados operativos y que, al mismo tiempo, los comportamientos humanos pueden ser impredecibles -hasta cierto punto- y estar influidos por una serie de factores que no siempre son factibles de modificar, ¿Es realmente posible equilibrar la productividad, cumplimiento de tiempos y bienestar del conductor, sin afectar el nivel de servicio?
“La productividad sostenida solo es posible si el conductor está en condiciones físicas y mentales adecuadas. En Llegó creemos que el equilibrio se puede lograr mediante una planificación realista de rutas, cargas y tiempos, evitando la sobreexigencia como pilar. En nuestro caso, aplicamos alta tecnología en la ruta y optamos por una relación cercana con los conductores y mecanismos de apoyo como el ´Círculo Llegó´, iniciativa que lanzamos en 2025 que busca promover buenas prácticas y nos permite generar sentido de pertenencia, reconocer el desempeño y acompañar al conductor más allá del KPI operativo”, señala Cristián Barreaux.
Para Alan Marin, la planificación optimizada, realista y alcanzable, con visibilidad anticipada y menor improvisación reduce el estrés de los conductores y de la operación, lo que redundaría no solo en su bienestar, sino también en la eficiencia de los procesos. “Cuando el conductor tiene un plan de rutas (no forzado) y sabe con qué se va enfrentar en el terreno, baja su estrés y aumenta la seguridad, lo que en definitiva se traduce directamente en mayor calidad de servicio con menos incidentes, menos urgencias y una operación mucho más rentable”.
En ese contexto, destaca que hoy en día es posible leer de mejor forma lo que ocurre en la operación de la flota, más allá de la ubicación o el consumo de combustible, especialmente cuando se capturan y analizan patrones -no eventos aislados- como por ejemplo cómo se conduce, dónde se pierde tiempo y si hay desvíos entre el plan y la ejecución. “También podemos ver el impacto de las decisiones de supervisores y de la torre de control frente a ciertos eventos, y que pueden explicar costos operativos invisibles como reprocesos y demoras, generando tiempos muertos o decisiones reactivas”.
Aclara, eso sí, que sistematizar y automatizar no es sinónimo de controlar más. A su juicio, lo que estas herramientas debieran hacer es ayudar más y mejor a toda la operación, en particular a los conductores que están en la calle. “Muchas empresas imponen sistemas sin haber hecho un análisis profundo de cómo trabajan los conductores, supervisores y la torre de control en el día a día, solo lo imponen. Sin contexto operativo, las tecnologías generan fricciones y desconfianza”, recalca.
Desde su experiencia, “cuando la herramienta no explica, no recomienda y solo exige, aparece la resistencia. Los sistemas tecnológicos funcionan cuando acompañan a las personas, no cuando las vigilan; ahí es cuando se produce la tan importante adopción”.
Cristián Barreaux coincide: “la tecnología es un habilitador fundamental cuando se usa con criterio. Aporta valor especialmente en la planificación inteligente de rutas, la visibilidad en tiempo real, el monitoreo preventivo y la retroalimentación basada en datos objetivos. Pero cuando se transforma en una capa adicional de presión o control sin contexto deja de ser un aporte. La tecnología tiene que estar al servicio de la operación, del transportista y del cliente final, integrando datos operativos con la experiencia en terreno”, puntualiza.
Asimismo, recalca que la planificación de rutas debe ser un proceso dinámico y flexible: “si bien el modelo teórico es un punto de partida, la realidad del terreno, marcada por la congestión, zonas de difícil acceso, zonas de mayor riesgo, restricciones horarias y variaciones en la carga operativa diaria, exige ajustes permanentes. La ciudad posee vida propia y las condiciones viales varían cada hora”.
En ese contexto, herramientas tecnológicas como TMS, que incorporan distintos escenarios y simuladores, son esenciales hoy en día, ya que permiten anticipar comportamientos de la operación, identificar patrones de congestión y estimar tiempos más realistas. “Si bien, la experiencia del conductor sigue siendo clave, el conocimiento de la gestión en la calle complementa la planificación tecnológica y permite reaccionar oportunamente ante contingencias, logrando una operación más eficiente y alineada con las condiciones reales”, precisa.
EL FACTOR HUMANO Y LA ADOPCIÓN DE TECNOLOGÍAS
De acuerdo al Reporte de la Industria 2025, el 88% de los conductores y operadores encuestados en América Latina declara que apoyaría nuevas tecnologías que ayuden a mejorar el rendimiento general al conducir. Esta disposición inicial es fundamental para lograr buenos resultados, sostienen los expertos. “El verdadero valor no está solo en la tecnología, sino en su adopción. Si los gestores de la operación central y los conductores confían en el sistema y lo usan como apoyo a su experiencia, las eficiencias empiezan a aparecer. En ese sentido, considero que el futuro no es tecnología que impone, sino tecnología que explica, recomienda y acompaña”, acota Alan Marín.
Para el gerente general de Llegó, la clave para lograr una correcta adhesión a las nuevas tecnologías está en el enfoque. “Es esencial explicar el para qué de cada herramienta. El conductor debe entender que la tecnología busca facilitar su trabajo, mejorar la seguridad y respaldarlo ante contingencias. Además, lo ideal es hacerlo con transparencia y desde la etapa de inducción, apoyándose de iniciativas o programas que refuercen aspectos como el reconocimiento y desarrollo, más que de fiscalización”, sostiene.
Y para finalizar, recalca: Las empresas que logren integrar tecnología con una mirada humana serán las que marquen la diferencia en los próximos años. Porque si bien es cierto que la tecnología puede optimizar procesos, no reemplaza el criterio, la experiencia ni la toma de decisiones en terreno. Al menos por un buen tiempo, el factor humano seguirá siendo central”.
QUÉ MIRA HOY UN CONDUCTOR CUANDO EVALÚA UNA NUEVA TECNOLOGÍA
La adopción tecnológica en el transporte de carga pasa por una pregunta clave: ¿qué gana el conductor con esta herramienta?
De acuerdo con algunos estudios de la industria, los conductores muestran mayor disposición a utilizar aplicaciones y plataformas digitales cuando estas les permiten trabajar con mayor previsibilidad, reducir la presión por cumplir tiempos poco realistas y contar con información clara sobre su jornada.
Entre los factores más valorados destacan la facilidad de uso, la claridad en las instrucciones, la reducción de tareas manuales y la capacidad de anticipar eventos de la operación, como congestión, cambios de ruta o tiempos de espera. En contraste, las herramientas percibidas como punitivas o excesivamente complejas tienden a generar rechazo y resistencia.
En este escenario, la capacitación y la comunicación juegan un rol tan relevante como la tecnología misma. Involucrar al conductor desde el diseño de los procesos y explicar el propósito de las herramientas digitales se vuelve clave para lograr una adopción efectiva y sostenible en el tiempo.















































