CÓMO LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL (IA) PUEDE GENERAR CRECIEMIENTO EN SUDAMÉRICA

Septiembre 12, 2017 0 1961

Sudamérica tiene la necesidad apremiante de lograr una solución sostenible para su persistente bajo nivel de productividad y crecimiento económico. Afortunadamente, en el horizonte se vislumbra un nuevo factor de producción, que promete transformar la base del crecimiento económico en toda la región y más allá.


El fin del último boom económico en Sudamérica, a principios de esta década, expuso una vez más la dependencia que tiene la región de las exportaciones de productos básicos y una incapacidad de abordar su persistente déficit de productividad. Nuestro estudio revela que la capacidad que tiene la inversión de capitales de impulsar el progreso económico está declinando y que el crecimiento de la mano de obra es cada vez más lento. Estas dos palancas son los determinantes tradicionales de la producción; sin embargo, no pueden proporcionar el crecimiento y la prosperidad duradera que buscan las economías sudamericanas. Aun así, el pesimismo a largo plazo es injustificado. Dada la reciente convergencia de un conjunto transformador de tecnologías, las economías están ingresando a una nueva era en la cual la inteligencia artificial (IA) tiene el potencial de superar las limitaciones físicas del capital y la mano de obra, generando nuevas fuentes de valor y crecimiento.


En efecto, Accenture analizó 5 economías sudamericanas, así como de varios otros países desarrollados y emergentes, y encontró que la IA tiene el potencial de agregar hasta un punto porcentual a los índices de crecimiento económico anual de la región para el año 2035. Sudamérica ya está tomando a la IA muy seriamente. Las empresas mineras ya están utilizando máquinas autónomas en las minas de Perú; los reclutadores de personal aprovechan los algoritmos de “emotion analytics” en Chile y los clientes de los bancos, de las aerolíneas y de los retailers en toda la región están hablando con “chatbots” (programas que “conversan” con las personas al proveer respuestas automáticas a entradas hechas por el usuario).  


Los académicos sudamericanos están desafiando los límites en áreas que van desde el control de epidemias hasta la identificación de fraude en la distribución de la electricidad. Empresas multinacionales, como por ejemplo Unilever, están desarrollando y lanzando pilotos de soluciones de IA en Sudamérica como piloto de prueba antes de implementarlas en todo el mundo. Y todo esto es posible gracias al gran interés que demuestran los líderes de negocios de la región, especialmente los CIOs, y el comprobado interés y aceptación de las soluciones de alta tecnología por parte de los consumidores.


Los líderes sudamericanos tienen muchas razones para apostar a esta oportunidad que permitirá a la región avanzar rápidamente hacia una mayor innovación, productividad y progreso económico. Para evitar perderse esta oportunidad, los formuladores de políticas públicas y líderes de negocios deben prepararse y trabajar en pos de un futuro con inteligencia artificial. Deben hacerlo, pero con la idea de que la IA no es simplemente otra tecnología que mejora la productividad, sino la herramienta que puede transformar nuestro pensamiento sobre cómo se genera el crecimiento.


EL NUEVO FACTOR DE PRODUCCIÓN


En las últimas décadas, se han reducido los índices de crecimiento del producto interno bruto (PIB) mundial. Las principales economías sudamericanas no han sido la excepción. Incluso el período de alto crecimiento que disfrutaron en la primera década de este siglo ha dado lugar a un casi estancamiento. Las principales mediciones de la eficiencia económica han caído de manera pronunciada, mientras que el crecimiento de la mano de obra también se está reduciendo en la región. (Figura 1)

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La desaceleración económica en Sudamérica destaca los problemas persistentes de productividad de la región. Los aumentos de productividad de Sudamérica han sido mediocres incluso durante los períodos de crecimiento de la región. Por ejemplo, durante la aceleración del crecimiento en el período 2001-2005, el grupo de cinco importantes economías sudamericanas en nuestro estudio mejoró su productividad total de los factores (PTF) en un promedio anual del 0,7 por ciento. Durante el mismo período, la PTF de Indonesia creció un 2,1 por ciento y la de Corea del Sur, un 2,0 por ciento al año (Figura 2).

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Durante esa época de bonanza, las empresas sudamericanas tenían el lujo de ignorar sus limitaciones de productividad porque los altos ingresos—especialmente por las exportaciones de productos básicos y el consumo interno—les aseguraban la prosperidad aunque sufrieran una reducción en los márgenes. Esta situación no pudo sostenerse. En la actualidad, las fuentes de ingreso son menos generosas, y el problema de productividad en la región ha quedado al descubierto. (Figura 3). Un resurgimiento sostenible del crecimiento debe ir acompañado por un aumento de la productividad.

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¿DE DÓNDE PROVENDRÁ EL NUEVO CRECIMIENTO Y LA PRODUCTIVIDAD?


Tradicionalmente, el capital y la mano de obra son los “factores de producción” que generan expansión económica. El crecimiento ocurre cuando aumenta el capital o la mano de obra, o cuando los mismos son utilizados de manera más productiva. En Sudamérica, la efectividad en el uso del capital ha bajado desde hace una década y el crecimiento de la población en edad laboral activa se está desacelerando rápidamente (Figuras 4 y 5).

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¿Esto implica que Sudamérica está experimentando el fin del crecimiento tal como lo conocemos? Por más desalentadores que sean los datos para la región—y para la mayor parte del mundo— se pierden una parte importante de la historia.   


Este elemento faltante es cómo las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial afectan el crecimiento en la economía. Los economistas siempre han pensado que las nuevas tecnologías generan crecimiento a través de su capacidad de mejorar la PTF. Esto tenía sentido para las tecnologías que hemos visto hasta ahora. Los mayores avances tecnológicos de los dos últimos siglos—la electricidad, el ferrocarril y la tecnología informática—aumentaron radicalmente la productividad.   


En la actualidad, estamos presenciando el despegue de otro conjunto transformacional de tecnologías, comúnmente denominadas “Inteligencia Artificial” (ver “¿Qué es la inteligencia artificial?”). Muchos consideran a la IA como algo similar a los inventos tecnológicos del pasado. Si creemos esto, podemos esperar cierto crecimiento, pero nada transformativo.   


Sin embargo, creemos que la IA tiene el potencial de ser no solamente otro factor que impulsa la PTF, sino un factor de producción completamente nuevo. ¿Cómo puede ser esto posible?. La clave es darse cuenta de que la IA es algo más que sólo otra oleada tecnológica. Se trata de un híbrido único de capital y mano de obra. A diferencia de las tecnologías anteriores, la IA crea una fuerza laboral completamente nueva. Puede replicar las actividades laborales a mayor escala y velocidad, e incluso realizar algunas tareas que superen las capacidades de los humanos. Sin mencionar que en algunas áreas tiene la capacidad de aprender más rápido que las personas—aunque, por ahora, sin la misma profundidad. Por ejemplo, al utilizar asistentes virtuales, se pueden revisar 1.000 documentos legales en cuestión de días en lugar tomarles seis meses a tres personas. 

 
Análogamente, la IA puede materializarse como capital físico, como por ejemplo los robots y las máquinas inteligentes. Y, a diferencia del capital convencional como son las máquinas y los edificios, puede mejorar con el tiempo, gracias a sus capacidades de auto-aprendizaje. En base a nuestro análisis y modelización, podemos ilustrar qué sucede cuando la IA se percibe como un nuevo factor de producción en lugar de solamente un mejorador de la productividad.


Por ejemplo, el impacto en el crecimiento proyectado para Brasil es importante. El primer escenario no asume ningún efecto de la IA. El segundo indica la visión tradicional de IA como mejorador de la PTF, con un impacto limitado en el crecimiento. El tercer escenario muestra qué sucede cuando la IA actúa como un nuevo factor de producción, logrando un efecto notable en el crecimiento. El verdadero potencial de la IA está en esta capacidad de complementar y mejorar los factores tradicionales de producción.


EL POTENCIAL DE LA IA


Para entender el valor de la IA como un nuevo factor de producción, Accenture y Frontier Economics modelizaron el posible impacto de la IA para cinco economías que, en conjunto, generan alrededor del 85 por ciento de la producción económica sudamericana.  


Nuestros resultados revelan oportunidades notables para la creación de valor. Descubrimos que la IA tiene el potencial de adicionar hasta un punto porcentual a los índices anuales de crecimiento económico en la región—un remedio poderoso para la desaceleración de los últimos años. Para estimar el potencial económico de la IA, comparamos dos escenarios para cada país. El primero es el escenario base tomado como punto de referencia, que muestra el índice de crecimiento económico anual esperado según los supuestos actuales referidos al futuro. El segundo es el escenario de la IA, que muestra el crecimiento económico esperado una vez que el impacto de la inteligencia artificial haya sido absorbido por la economía. Dado que se necesita tiempo para que el impacto de una nueva tecnología comience a reflejarse mejor en la economía, utilizamos el 2035 como el año de comparación.


Según nuestra modelización de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú, la IA produce los mayores beneficios económicos en términos absolutos para Brasil, culminando en US$ 432.000 millones adicionales en su VAB en el 2035. Esto implicaría un impulso de 0,9 puntos porcentuales para el crecimiento de ese año. Chile y Perú podrían aumentar su VAB en un punto porcentual en 2035 gracias a la inteligencia artificial. Mientras tanto, Colombia podría tener una expansión adicional de 0,8 puntos porcentuales.


Las comparaciones entre los países enmascaran el importante impacto que la IA podría tener en economías aparentemente rezagadas. Por ejemplo, se espera que la IA eleve el índice de crecimiento de Argentina en 2035 del 3,0 por ciento al 3,6 por ciento. Esto implica el menor impulso generado por la IA entre los 5 países. Sin embargo, aun así, esta contribución relativamente modesta sigue siendo una cantidad considerable: casi US$ 59.000 millones de VAB adicional, logrando un VAB total de US$ 702.000 millones en el 2035.


En toda Sudamérica, el crecimiento más rápido viabilizado por la IA reducirá la cantidad de años necesarios para que cada economía duplique su tamaño. En general, se espera que la IA libere beneficios notables entre los países, redefiniendo “la nueva normalidad” como un período de crecimiento económico mayor y más duradero.


CHILE Y LA IA


Según nuestro modelo, la IA podría contribuir US$ 63.000 millones al VAB de Chile en 2035. De éstos, US$ 30.000 millones provendrán del canal de aumento de la capacidad del capital y la mano de obra, US$ 21.000 millones del canal de automatización inteligente y US$ 12.000 millones del canal de difusión de la innovación. Chile tiene una fortaleza tradicional en las industrias de productos básicos, que han comprendido rápidamente el valor de lo que promete la IA. Por ejemplo, el gigante minero Codelco, el productor de cobre más grande del mundo, fue un pionero global en el uso de los camiones autónomos, y ha adoptado la toma de decisiones automáticas, impulsadas por big data,  para simplificar sus operaciones. En la producción de alimentos, The Not Company está aplicando IA para avanzar a pasos agigantados en la cadena de valor, utilizando recetas generadas por robots para desarrollar comida vegana que tiene un sabor similar al de los productos lácteos o basados en carne.  


La industria chilena de servicios financieros es grande—representa alrededor de un cuarto del valor agregado total  — y está muy desarrollada. Un índice calculado por investigadores del FMI reveló recientemente que Chile está cerca del nivel “óptimo” de desarrollo financiero.  La capacidad de este sector de facilitar la difusión de la tecnología entre las diferentes industrias, combinada con el optimismo del pujante sector de las fintech, es una buena señal para las posibilidades de crecimiento de la IA en Chile.


En términos de la preparación general del país para absorber los beneficios de la IA, el desempeño de Chile supera al de sus pares sudamericanos, gracias a sus sólidas instituciones, el buen acceso al capital y una vigorosa cultura emprendedora. Pero al igual que sucede con otras economías sudamericanas, Chile precisa fortalecer su sistema educativo para construir la capacidad de IA para el futuro, incluyendo el nivel de inscripción en educación primeria. A nivel corporativo, las empresas chilenas obtienen un puntaje relativamente bajo en términos de orientación al cliente, algo que se ha convertido en un factor cada vez más importante en una economía de rápida digitalización.

 

Por: Armen Ovanessoff y Eduardo Plastino. Estudio Desarrollado por Accenture.

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