TRANSPORTE DE ÚLTIMA MILLA: OTRA VÍCTIMA DE LA DELINCUENCIA

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Rodrigo Serrano, vicepresidente corporativo de Innovación y Desarrollo de Wisetrack Corp

Al igual que la mayoría de las actividades productivas y que la ciudadanía en general, el transporte de Última Milla es una víctima cada vez más común de la delincuencia. Independiente del momento en que suceda, cuando un paquete es robado, el cliente queda insatisfecho y culpará a la empresa a la que le compró por la falta de seguridad en sus entregas y, aunque se le devuelva el dinero o se cancele la compra, el daño ya se produjo.

Esta situación puede llevar a la pérdida de compradores y a la propagación de opiniones negativas, afectando la imagen y credibilidad de la empresa en el mercado con consecuencias a mediano y largo plazo en su reputación y en su relación con los consumidores. 

Además, los robos de mercadería en la última milla tienen un impacto negativo en la cadena de suministro en su conjunto. Las empresas pueden verse obligadas a considerar en sus costos operativos el reemplazo constante de los productos robados, el aumento de los valores de los seguros y el tener que implementar medidas de seguridad más estrictas, lo que indefectiblemente aumentará aún más los costos de logística y entrega, resultando en un aumento en los precios de los productos y de los servicios, afectando negativamente a los compradores y generando una menor competitividad para la empresa en el mercado.

Asimismo, puede haber un efecto dominó en la cadena de suministro, ya que los retrasos y las interrupciones causadas por los robos pueden afectar a otros eslabones, incluidos fabricantes, distribuidores y minoristas, disminuyendo o afectando la productividad y eficiencia general del sector. 

Para abordar el problema de los robos de mercadería en la última milla se deben tomar medidas proactivas para mejorar la seguridad en su cadena de suministro. Esto puede incluir la adopción de tecnologías de rastreo y monitoreo activo, la capacitación de los trabajadores del transporte en protocolos de seguridad, la colaboración con las autoridades locales y la implementación de sistemas de prevención de robos.

También es esencial fomentar la confianza entre las empresas y los consumidores. La transparencia en las políticas de entrega y devolución, un tracking eficiente y real del proceso de entrega, la comunicación clara y oportuna con los clientes y la responsabilidad irrestricta por parte de las compañías, en caso de robos pueden ayudar a fortalecer esta confianza y garantizar la satisfacción del cliente.

En conclusión, los robos de mercadería en la última milla representan un desafío significativo para la logística y la confianza del consumidor y si bien las empresas deben enfrentar este problema de manera proactiva y efectiva para proteger sus activos, gran parte de la responsabilidad final es de las autoridades de turno que son las mandatadas a controlar y hacerse cargo de este flagelo.