Desde la gestión de patios y flujos de camiones hasta la coordinación entre organismos públicos y actores privados, la visita a PTLA nos permite entender cómo infraestructura, procesos y tecnología sostienen la continuidad logística en una de las rutas más importantes del país. Lejos de la primera línea mediática, el recinto cumple un rol estratégico para la competitividad, la resiliencia y la integración comercial del país.
La historia económica de los países está profundamente marcada por su capacidad de conectarse más allá de sus fronteras. Desde tiempos remotos, los territorios que lograron transformar la geografía en una oportunidad fueron los que impulsaron el comercio, el desarrollo productivo y la integración regional. La cordillera de Los Andes, imponente y desafiante, ha sido durante siglos un obstáculo natural, pero también un espacio donde la visión estratégica permitió imaginar corredores, rutas y plataformas que unieran economías y mercados.
A fines del siglo XIX, esa mirada se materializó en uno de los proyectos de integración más ambiciosos de Sudamérica: el Ferrocarril Trasandino de Los Andes. Impulsado por los hermanos chilenos Juan y Mateo Clark Torres (los mismos visionarios que antes habían conectado Chile y Argentina mediante el telégrafo), el tren buscaba unir el Pacífico con el Atlántico, conectando Los Andes con Mendoza a través de una obra de ingeniería monumental para su época. Inaugurado en 1910, el Trasandino transportó durante décadas miles de pasajeros y toneladas de carga, demostrando que el comercio transfronterizo no solo era posible, sino esencial para el desarrollo de ambos países.
Aunque el proyecto enfrentó crisis financieras, desastres naturales, conflictos políticos y finalmente fue clausurado en la década de 1980, su legado permanece como símbolo de integración, progreso y visión logística de largo plazo. La idea que lo originó, superar la cordillera para conectar economías, sigue plenamente vigente. Hoy, esa misma lógica encuentra una nueva expresión en infraestructuras modernas que cumplen un rol equivalente, adaptadas a las exigencias del comercio exterior contemporáneo.
En ese contexto, el Puerto Terrestre Los Andes (PTLA) emerge como el heredero funcional de aquella visión integradora. A los pies de la cordillera, este nodo logístico opera como una pieza silenciosa pero esencial del sistema logístico nacional. Desde este enclave estratégico, miles de camiones, toneladas de carga y múltiples actores públicos y privados articulan diariamente el intercambio comercial entre Chile, Argentina y el resto del Cono Sur.
“El Puerto Terrestre Los Andes nace como respuesta a un problema país: la necesidad de compatibilizar el desarrollo urbano de la ciudad con el crecimiento sostenido del comercio exterior. Durante décadas, la carga ferroviaria y luego los camiones llegaban directamente al centro de Los Andes para realizar trámites aduaneros, generando un conflicto evidente entre ciudad y logística. PTLA viene a ordenar ese flujo y a cumplir un rol clave en la cadena de comercio internacional terrestre”, explica Ricardo Ghiorzi, gerente general de PTLA.
La visita al PTLA permite dimensionar su verdadero impacto: no se trata solo de un recinto de apoyo al paso fronterizo, sino de una plataforma logística critica para la competitividad del país, la continuidad operacional del comercio exterior y la integración regional.
UN NODO ESTRATÉGICO
El eje Los Andes–Mendoza es considerado una de los rutas más importante, donde circula una parte significativa del intercambio comercial entre Chile y Argentina, además de carga con origen o destino en Brasil, Uruguay y Paraguay. En este contexto, el Puerto Terrestre Los Andes cumple un rol fundamental como zona portuaria especializada en comercio exterior terrestre.
“Este es un recinto aduanero estratégico donde se inicia el proceso de exportación y finaliza el de importación terrestre. Aproximadamente el 80% de la carga que procesamos corresponde a internaciones, principalmente bienes de consumo, y un 20% a exportaciones. No atendemos carga en tránsito, camiones vacíos ni lastres, lo que nos permite especializarnos en carga que efectivamente se internaliza o se exporta desde Chile”, detalla Ghiorzi.
Su función principal es actuar como un pulmón logístico que ordena, regula y hace más eficiente el tránsito de carga, especialmente en escenarios de alta congestión, contingencias climáticas o cierres temporales del paso internacional. Sin este tipo de infraestructura, el impacto sobre la cadena logística sería inmediato: mayores tiempos de espera, congestión vial, aumento de costos y una pérdida significativa de competitividad para exportadores e importadores.
En el PTLA realizan sus labores de fiscalización los principales organismos públicos vinculados al control del comercio exterior: el Servicio Nacional de Aduanas (SNA), quien es el mandante de la Concesión, a través de la Dirección de Concesiones del MOP; el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y el Servicio de Salud de Valparaíso (SSRV). A ellos se suman los actores privados que hacen posible la operación diaria, como agencias de aduanas y empresas de transporte terrestre nacional e internacional, conformando un ecosistema logístico integrado en un solo recinto.
Ubicado en el sector de El Sauce, en la comuna de Los Andes, el Puerto Terrestre cuenta con una superficie aproximada de 24,5 hectáreas, lo que le permite albergar patios de camiones, zonas de inspección, áreas de servicios y dependencias operativas. En términos de flujo, el recinto logístico registra un ingreso promedio anual de 152 mil camiones durante los últimos años, con un promedio diferenciado de 80% camiones de importación y 20% de exportación, de acuerdo con las estadísticas disponibles.
De acuerdo a los ejecutivos de PTLA entre los principales beneficios del proyecto destaca la descongestión del centro urbano de Los Andes, evitando que los camiones que cruzan diariamente el paso fronterizo deban ingresar a la ciudad para gestionar sus operaciones. A esto se suma una reducción significativa en los tiempos de tramitación de importaciones y exportaciones, impulsada por una mejor coordinación entre actores y el uso de sistemas de información anticipada.
CIFRAS QUE DAN CUENTA DE SU MAGNITUD OPERACIONAL
Durante la visita en terreno, una de las primeras impresiones es la escala de la operación diaria. En períodos normales, entre 500 y 1000 camiones transitan diariamente por el sistema asociado al Puerto Terrestre Los Andes, cifra que se incrementa de forma considerable tras reaperturas del paso cordillerano, luego de cierres prolongados por condiciones climáticas.
“Hoy el puerto tiene capacidad para 570 camiones en su interior, aunque en momentos de alta demanda hemos llegado a operar con cerca de 600 unidades simultáneamente. En promedio, un camión permanece alrededor de 18 horas, y ese tiempo está directamente relacionado con la calidad y completitud de la documentación, más que con la infraestructura o los procesos internos”, explica Miguel Palacios, gerente de Operaciones de la sociedad concesionaria.
En términos anuales, esto se traduce en miles de camiones gestionados, consolidando al PTLA como uno de los principales nodos de carga terrestre del país. Su operación no se limita al tránsito, sino que incluye procesos críticos como:
- Inspecciones aduaneras y fitosanitarias
- Tramitación documental y control normativo
- Gestión de patios, esperas y flujos vehiculares
Este conjunto de funciones permite absorber la presión logística de un corredor altamente exigente, donde cada hora de detención impacta directamente en costos y compromisos comerciales.
CÓMO FUNCIONA EL PROCESO: LA RUTA DE UN CAMIÓN EN EL PTLA
Uno de los elementos clave del modelo operativo del PTLA es la anticipación del proceso y la coordinación temprana entre actores.
“El proceso comienza incluso antes de que el camión llegue al puerto. Desde que cruza Uspallata y luego el Paso Los Libertadores, recibimos anticipadamente la información del manifiesto. Al ingresar al PTLA se verifica la documentación en las garitas de acceso y se asigna un calzo según el tipo de carga: peligrosa, refrigerada, carga general o estanques”, detalla Mauricio Calderón, jefe de Operaciones de PTLA.
Una vez estacionado, el camión queda a la espera de las inspecciones correspondientes. SAG, Salud y Aduanas determinan los controles, que alcanzan en promedio el 27% de las cargas, de acuerdo con criterios de riesgos y tipo de mercancía.
“Las agencias de aduana pueden comenzar a trabajar la carga incluso antes de que el camión llegue. Existen tres modalidades de despacho: el predespacho, el despacho ‘MIC-DIN y el despacho vía almacenista. La elección depende de múltiples variables como el tipo de carga, el cliente, la documentación y el pago de derechos”, explica Calderón.
Finalizadas las inspecciones y con la documentación en regla, el camión queda en condiciones de despachar y salir del recinto con la carga nacionalizada, completando un proceso altamente estructurado y controlado.
Cabe destacar que las principales cargas de importación son granos, alimentos procesados, carnes, pollo y cerdo, asociadas principalmente al retail y consumo masivo. En cuanto a las exportaciones, están son, principalmente, frutas frescas y repuestos y maquinarias.
INFRAESTRUCTURA, SEGURIDAD Y SERVICIOS COMPLEMENTARIOS
El puerto cuenta con 570 calzos, 25 andenes de inspección, calles segregadas por tipo de carga, zonas específicas para carga peligrosa y refrigerada, y un almacén extraportuario de 1500 m2, que actúa como apoyo a la operación.
“Contamos con calzos claramente segmentados, andenes especializados y un almacén aduanero que complementa la operación. Todo el recinto está monitoreado de forma permanente, con más de 60 cámaras, sensores perimetrales y personal de seguridad especializado”, señala Palacios.
El modelo concesionado también ha permitido mejorar las condiciones de seguridad para los usuarios y ampliar la oferta de servicios básicos y complementarios, como alimentación, servicios financieros y apoyo operativo para transportistas.
UN ROL CLAVE EN ESCENARIOS DE CONTINGENCIA
La verdadera importancia del PTLA se vuelve aún más evidente en situaciones críticas. Cierres por condiciones climáticas, aluviones, accidentes o congestión extrema ponen a prueba la resiliencia del sistema logístico.
“La pandemia, el terremoto de 2010 o periodo de sequía han demostraron el valor estratégico del puerto. Cuando el país necesita una vía confiable para asegurar el ingreso de alimentos, insumos médicos o forraje, este sistema terrestre ha demostrado funcionar”, subraya Mauricio.
Hoy cerca de 700 personas trabajan directa o indirectamente en el recinto, reforzando su impacto económico, social y territorial en la zona.
Mirando hacia el futuro, los desafíos son claros: crecimiento del comercio regional, mayores exigencias de sustentabilidad, necesidad de ampliar capacidad y profundizar la digitalización. En este escenario, el PTLA se proyecta como un actor clave para la competitividad logística de Chile.
“La ampliación del puerto -proceso que ya está en curso- permitirá sacar, como medida de urgencia, 150 camiones diarios adicionales y luego se espera 350 vehículos de carga adicionales. El futuro apunta a una estación multimodal, donde, por ejemplo, el tren de carga vuelva a jugar un rol relevante. Para aprovechar esas oportunidades, hay que repensar cómo hacemos logística y diseñar hoy el puerto que el país va a necesitar mañana”, concluye Ghiorzi.
Así como el Ferrocarril Trasandino representó en su época una apuesta audaz por la integración y el progreso, el Puerto Terrestre Los Andes encarna hoy esa misma lógica adaptada a los tiempos actuales. La cordillera sigue siendo un desafío, pero también una oportunidad.
Entender el rol del PTLA es comprender que el comercio exterior chileno no solo se mueve por mar. En la frontera, día y noche, este nodo logístico sostiene el pulso del intercambio regional, conectando economías, industrias y mercados, y reafirmando que la integración, siempre ha sido y seguirá siendo, una condición clave para el desarrollo de las naciones.
















































