La sostenibilidad en logística dejó de ser un atributo reputacional para transformarse en una exigencia del negocio. Medición de huella de carbono, eficiencia energética y gestión de proveedores sostenibles se integran hoy a la estrategia logística, donde el desafío es demostrar también su impacto financiero para asegurar su viabilidad y competitividad.
Durante años, la sostenibilidad en logística fue entendida principalmente como un atributo reputacional, una especie de señal de un eventual compromiso ambiental que fortalecía la imagen corporativa frente a clientes y consumidores. Sin embargo, eso cambió y hoy las prácticas sostenibles dentro de la cadena de suministro comienzan a ser evaluadas no solo desde la perspectiva de la responsabilidad empresarial, sino también desde su impacto directo en la competitividad, la eficiencia operativa y, especialmente, en los resultados financieros de las organizaciones.
Este cambio responde a una presión creciente desde distintos frentes. Grandes corporaciones internacionales, particularmente en sectores como retail, consumo masivo, tecnología y farma, han comenzado a trasladar sus compromisos climáticos hacia toda su cadena de valor. Esto implica exigir a sus proveedores logísticos métricas claras, por ejemplo, en cuanto a su desempeño ambiental, reportes de huella de carbono y planes concretos de reducción de emisiones.
Pero además, existe otro factor clave como es que la sostenibilidad debe demostrar impacto financiero para ser viable en el largo plazo. En una industria donde los márgenes suelen ser estrechos y la eficiencia operacional es determinante, las iniciativas ambientales deben integrarse a la lógica del negocio, generando beneficios tangibles que justifiquen su implementación y escalamiento.
Tal como planteó Lucía Martínez, gerenta general Sustrategica, durante su presentación en Logistec Show 2026, hoy las áreas de supply chain deben comenzar a mirar la sostenibilidad desde una lógica operacional y estratégica, entendiendo que muchos de los riesgos ambientales ya impactan directamente la continuidad del negocio. “¿Sabes de qué recursos naturales depende tu cadena?”, planteó como una de las preguntas clave que las compañías deberían hacerse para anticipar escenarios futuros.
La ejecutiva advierte que muchas empresas aún ven la sostenibilidad como un tema lejano a la operación diaria, cuando en realidad los efectos ya están presentes dentro de las cadenas de suministros. El alza sostenida del petróleo, los conflictos geopolíticos o las restricciones sobre ciertos recursos estratégicos son señales concretas de cómo factores ambientales y globales comienzan a modificar costos, disponibilidad de insumos y estabilidad operacional.
SOSTENIBILIDAD QUE IMPACTA EL NEGOCIO
Para que las estrategias sostenibles se consoliden dentro de la logística, deben ser capaces de demostrar que generan valor económico además de impacto ambiental. Esta dimensión es clave, especialmente, en momentos donde las empresas enfrentan escenarios económicos complejos y deben priorizar cuidadosamente sus inversiones.
Reducir emisiones, optimizar el consumo energético o transformar flotas de transporte puede representar inversiones relevantes en el corto plazo. Sin embargo, cuando estas iniciativas están bien diseñadas, también permiten generar eficiencias operativas, disminuir costos energéticos, optimizar el uso de activos y mejorar la productividad de la operación.
Otro ejemplo de sostenibilidad con impacto se observa en la optimización de procesos dentro de los centros de distribución. La mejora en la planificación de inventarios, la reducción de movimientos innecesarios de productos, el uso más eficiente de los espacios de almacenamiento o la digitalización de procesos que antes dependían de papel no solo contribuyen a disminuir el impacto ambiental de la operación, sino que también mejoran la productividad, reducen errores y optimizan los costos logísticos.
En otras palabras, la sostenibilidad comienza a integrarse como una variable estratégica dentro de la gestión logística, donde las decisiones ambientales deben dialogar directamente con la rentabilidad del negocio.
En esa misma línea, Sergio Fontecilla, logistics manager de Linde, sostiene que el principal cambio cultural es dejar de entender la sostenibilidad como un costo adicional y comenzar a gestionarla como una fuente de eficiencia operacional. “El equilibrio entre sostenibilidad, costos y nivel de servicio no solo es posible, sino que es necesario. Optimizar rutas reduce emisiones y costos de transporte, mejora la eficiencia energética y disminuye gastos operacionales y mejores procesos logísticos permiten usar menos recursos con mayor productividad”, explica.
Fontecilla recalca que las iniciativas sostenibles sólo logran consolidarse cuando demuestran impacto real en la operación y en los resultados financieros, priorizando proyectos con beneficios concretos y no sólo simbólicos.
Este enfoque resulta particularmente relevante si se considera que, hacia adelante, los criterios ambientales serán cada vez más determinantes para el desarrollo de las empresas. No solo por regulaciones más estrictas, sino también porque los clientes y los mercados exigirán cada vez mayor transparencia en la gestión ambiental de toda la cadena de suministro.
En esa línea, Lucía enfatiza que muchas compañías ya están asumiendo costos asociados a exigencias ambientales que impactan directamente la cadena logística, aunque muchas veces no los identifican como parte de la discusión de sostenibilidad. Un ejemplo es el carbono marítimo, aplicado al transporte internacional, cuyo costo ya comienza a reflejarse en las cotizaciones logísticas y que seguirá aumentando en mercados como el europeo.
A ello se suma el impacto económico asociado, por ejemplo, a la Ley REP, donde los costos de gestión ambiental de envases y embalajes dependen directamente de qué tan reciclables son los materiales utilizados. Según Martínez, cuando las organizaciones buscan optimizar costos, deben incorporar también las externalidades ambientales dentro de su análisis financiero y operacional.
MEDIR PARA GESTIONAR
Uno de los primeros pasos para avanzar hacia una logística sostenible es la medición. Sin datos, las empresas no pueden establecer metas, evaluar avances ni demostrar resultados frente a clientes o reguladores.
“Si no se mide la huella de carbono o el consumo energético, es muy difícil gestionar o mejorar. El desafío es pasar del discurso a decisiones operacionales concretas, integrando sostenibilidad en indicadores procesos y productividad”, señala Fontecilla.
El ejecutivo agrega que muchas áreas de supply chain siguen concentradas en la contingencia diaria y pierden la mirada de mediano y largo plazo, justamente donde comienzan a aparecer los riesgos y oportunidades asociados a la sostenibilidad.
En este sentido, la medición de la huella de carbono comienza a consolidarse como un indicador clave dentro de la gestión logística. Las empresas necesitan comprender con mayor precisión dónde se generan sus emisiones, cuáles son los principales focos de consumo energético y qué oportunidades existen para optimizar sus operaciones.
La información generada a partir de estos indicadores permite no solo diseñar planes de reducción de emisiones, sino también identificar oportunidades concretas de eficiencia operativa que impactan directamente en los costos.
La gerenta general de Sustrategica, agrega que la capacidad de interpretar correctamente estos datos será cada vez más relevante para la toma de decisiones estratégicas. A su juicio, muchos de los cambios regulatorios que hoy avanzan a nivel internacional no ocurren de un momento para otro, sino que entregan señales anticipadas que permiten prepararse con tiempo.
Por eso, insiste en la necesidad de ampliar la mirada más allá de la contingencia operacional. “Muchas veces las empresas están encerradas en la operación y pierden la mirada estratégica. La invitación es a mirar a mediano y largo plazo para entender los riesgos y oportunidades que vienen para la cadena”, explica.
EL ROL DE LOS PROVEEDORES EN LA SOSTENIBILIDAD DE LA CADENA
Otro elemento clave es el rol que cumplen los proveedores en la construcción de cadenas de suministro sostenibles. Cada vez con mayor frecuencia, las empresas están comprendiendo que su impacto ambiental no depende únicamente de sus propias operaciones, sino también de las prácticas de sus socios logísticos, transportistas y proveedores de servicios.
En este contexto, comienza a ganar relevancia el desarrollo de planes de gestión de proveedores con foco en sostenibilidad. Estas iniciativas buscan alinear a todos los actores de la cadena con ciertos estándares ambientales mínimos, permitiendo avanzar de manera coordinada hacia objetivos comunes de reducción de emisiones y eficiencia energética.
Desde su experiencia, Sergio identifica otro desafío crítico: la heterogeneidad en la madurez de los proveedores. “En una misma cadena puedes tener empresas muy avanzadas en medición y reducción de emisiones, y otras que recién están comenzando. Por eso el foco no puede ser solo exigir, sino también alinear estándares mínimos, acompañar el desarrollo de proveedores y construir objetivos comunes de cadena”, comenta.
Un plan de proveedores orientado a la sostenibilidad puede contemplar diversos aspectos. Entre ellos, la medición y reporte de huella de carbono, la eficiencia energética de las operaciones, el uso de tecnologías más limpias, la renovación de flotas hacia energías alternativas, o la implementación de prácticas operativas que reduzcan el impacto ambiental. También incluye procesos de evaluación, acompañamiento y desarrollo de proveedores, entendiendo que muchas empresas se encuentran en distintas etapas de madurez en esta materia.
De esta forma, la sostenibilidad deja de ser un desafío individual y pasa a convertirse en una responsabilidad compartida dentro de toda la cadena de suministro.
A esta dimensión ambiental, Martínez suma además el concepto de legitimidad social de la cadena logística. Según explica, las organizaciones deben comenzar a preguntarse qué tan validada está su operación frente a los territorios y comunidades donde operan, entendiendo que la sostenibilidad también involucra factores sociales y reputacionales que pueden afectar la continuidad operacional.
UN FACTOR QUE DEFINIRÁ LA COMPETITIVIDAD FUTURA
La sostenibilidad en logística ya no se limita a iniciativas aisladas o a programas de responsabilidad corporativa. Hoy comienza a integrarse como un componente estructural dentro de la estrategia de supply chain, con impacto directo en la eficiencia operativa, la competitividad y el acceso a nuevos mercados.
En definitiva, más que una tendencia, la sostenibilidad comienza a consolidarse como una nueva forma de hacer logística. Y en un entorno donde las exigencias seguirán creciendo, la capacidad de actuar hoy y no mañana será clave para no quedarse atrás.
En ese escenario, las organizaciones que logren integrar sostenibilidad y rentabilidad dentro de su modelo logístico no solo estarán respondiendo a las exigencias actuales del mercado, sino que también estarán construyendo las bases de una cadena de suministro más resiliente, eficiente y preparada para los desafíos del futuro.
Consultado sobre las diferencias entre las organizaciones líderes y las más rezagadas, Fontecilla afirma que las compañías que avanzan con mayor velocidad comparten tres características: integran la sostenibilidad en la estrategia de negocio, toman decisiones basadas en datos y métricas claras, y actúan con sentido de urgencia entendiendo su impacto en la competitividad y el acceso a mercados. “Las empresas más rezagadas suelen ver la sostenibilidad como una exigencia regulatoria o reputacional, sin conectarla con la rentabilidad. Hoy el mercado ya está premiando a quienes ejecutan, no a quienes solo declaran”, sostiene.
De cara a los próximos cinco años, el ejecutivo plantea que los líderes de supply chain deberán priorizar la medición y digitalización de emisiones y consumos energéticos, el rediseño de redes logísticas, la transformación de la matriz energética y una gestión de riesgos que incorpore variables ambientales, geopolíticas y de recursos críticos. “La sostenibilidad deja de ser un tema ambiental y pasa a ser un factor clave de continuidad operacional, competitividad y crecimiento futuro”, enfatiza.
Finalmente, el llamado de Lucía Martínez es a que “desde supply hay que ser protagonista y no espectadores de la agenda de sostenibilidad. No se trata de plantar árboles o hacer un voluntariado corporativo, sino que como expertos poder mirar a la cadena con los lentes de la sostenibilidad, analizando los impactos, riesgos y oportunidades que tiene y con eso agregar valor al negocio. La información está y hay que saber leer correctamente. A mirar la cadena, la continuidad operacional”.















































