Accidentes, interrupciones operacionales, vulnerabilidades tecnológicas e incluso deficiencias de infraestructura pueden afectar el desempeño de las cadenas de suministro y generar importantes costos para las empresas. ¿Cuál es la forma más eficiente y estratégica de abordar estos problemas?
A pesar de su relevancia para la economía del país -más del 90% de las mercancías que se movilizan en Chile lo hacen por carretera- el transporte de carga se enfrenta hoy a un escenario complejo. A los riesgos asociados a la delincuencia se suman problemas relacionados con la seguridad vial, la infraestructura, la disponibilidad de conductores, la trazabilidad de las operaciones y la creciente digitalización de la actividad logística.
Por lo mismo, hablar de seguridad en el transporte de carga terrestre ya no implica abordar únicamente el robo de camiones o mercancías. Si bien este ítem ocupa un porcentaje relevante de los siniestros (un fenómeno que se repite a nivel global), hoy este tema se entiende de manera más integral y abarca la capacidad de las empresas para anticipar riesgos, responder a contingencias y asegurar la continuidad de operaciones que resultan esenciales para el abastecimiento y la competitividad.
“Hoy este concepto es mucho más amplio y se relaciona con la resiliencia operacional de toda la cadena logística. Esto incluye aspectos como seguridad física de la carga, seguridad de los conductores, prevención de accidentes, ciberseguridad, continuidad operacional frente a riesgos o desastres climáticos, entre otros”, explica Wilfredo Yushimito, académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la UAI.
Para este doctor en Ingeniería del Transporte, el cambio de mirada se relaciona igualmente con la evolución de los riesgos existentes, que son cada vez más complejos y diversos: “ya no incluyen solo robo de carga o asaltos a conductores, fraudes de documentos u otros que son riesgos típicos. Ahora hay que sumar riesgos operacionales (fallas, congestión, accidentes, falta de conductores) climáticos, tecnológicos (ciberataques, interrupción de sistemas) y hasta económicos, como el abastecimiento de combustibles y los precios”.
El impacto de estas situaciones es directo y significativo, ya que conlleva a incremento de costos logísticos, de primas de seguros, mayores inventarios de seguridad, retrasos en entregas, uso de flota y pérdida de reputación, entre otras.
Una mirada que comparte Guido Bottin, Director Operativo de Hanseatica Compañía de Seguros: “en la actualidad, el desafío es mucho más amplio que la protección física de la carga. Un incidente puede generar demoras, incumplimientos contractuales, pérdida de clientes, costos extraordinarios y daños reputacionales”.
Para el ejecutivo, es fundamental tener en cuenta que en logística, muchas veces el mayor impacto no está en el evento inicial, sino en sus consecuencias. “Una entrega que no llega a tiempo puede detener una línea de producción, afectar compromisos comerciales o generar incumplimientos contractuales. Por eso es fundamental analizar el riesgo desde una perspectiva de continuidad operativa y no únicamente desde la pérdida material de la mercadería. En ese contexto, la prevención se vuelve tan importante como la capacidad de respuesta».
Desde esa perspectiva amplia, Yushimito agrega otro factor: la infraestructura vial. “Es uno de los pilares fundamentales para garantizar la continuidad operacional. Una infraestructura vial eficiente reduce accidentes, tiempos de viaje, emisiones, lo que lleva a menores tiempos de viaje y menores costos operativos, así como reducción de incertidumbre”. Y en ese punto, Chile aún presenta brechas importantes, precisa: “San Antonio y Valparaíso, por ejemplo, presentan continuamente congestión. Muchas rutas no cuentan con alternativas eficientes en caso de cierres por accidentes o eventos climáticos”, lo que aumenta las situaciones de riesgo potencial.
En ese contexto, estima que mejorar la integración entre puertos, centros logísticos, carreteras y ferrocarriles también puede contribuir a mejorar la gestión de riesgos.
Los incidentes más frecuentes
Guido Bottin señala que el robo de carga y de vehículos continúa siendo uno de los riesgos más visibles para la industria. “Distintos reportes sectoriales estiman cerca de 300 camiones robados al año en Chile, lo que refleja la necesidad de fortalecer permanentemente las medidas de prevención y control”, apunta.
Además se ha detectado una creciente profesionalización del delito. “Ya no se trata únicamente de robos oportunistas, sino de operaciones más planificadas, con inteligencia previa, selección de objetivos, seguimiento de rutas y acceso a información logística sensible. También observamos un mayor uso de técnicas de ingeniería social, suplantación de identidades y utilización de tecnología para identificar vulnerabilidades dentro de la operación”, sostiene. Una tendencia que se repite a nivel global, según muestran estudios recientes como el de BSI Consulting y TT Club.
Las bandas suelen aprovechar momentos de mayor exposición, como detenciones no programadas, cambios de ruta, accesos a centros de distribución o sectores donde la capacidad de respuesta es más limitada. “Esto obliga a las empresas a revisar permanentemente sus protocolos de seguridad, porque las medidas que funcionaban hace algunos años pueden quedar rápidamente desactualizadas frente a nuevas modalidades delictivas”, indica.
Respecto de las cargas que presentan mayor exposición, son aquellas de alta rotación, fácil comercialización o rápida reventa, como alimentos, bebidas, tecnología, electrodomésticos, medicamentos, neumáticos, repuestos, combustibles y determinados productos de consumo masivo. Bottin precisa, eso sí, que la exposición al riesgo no depende únicamente del valor económico de la carga, sino también su criticidad para la operación del cliente. “Una mercadería esencial para una línea de producción o para el abastecimiento de una cadena comercial puede generar impactos mucho mayores que su valor material”.
Para prevenir estas situaciones, comenta que las empresas más avanzadas están adoptando una lógica preventiva. Esto incluye análisis de rutas, monitoreo en tiempo real, geocercas, protocolos de detención, comunicación permanente con los conductores, capacitación, auditorías de proveedores y controles reforzados en puntos de carga y descarga. “La experiencia demuestra que la tecnología genera valor cuando está acompañada por procedimientos claros, indicadores y capacidad de respuesta frente a las alertas que se generan durante la operación”, afirma.
A su juicio, las nuevas tecnologías están desempeñando un papel cada vez más importante porque permiten evolucionar desde una gestión reactiva hacia una gestión preventiva del riesgo. “La telemetría y el monitoreo en tiempo real ayudan a detectar desvíos de ruta, detenciones no autorizadas, pérdida de señal, exceso de velocidad, aperturas indebidas o conductas que pueden aumentar la probabilidad de un siniestro”, señala.
Desde su experiencia, la información generada por estas herramientas facilita además la construcción de modelos preventivos más eficientes y permite tomar decisiones más informadas para fortalecer la resiliencia de toda la cadena logística.
«La evolución del concepto de seguridad y su mayor complejidad ha llevado a que sea completamente necesario contar con mayor visibilidad y control de las flotas. Y para ello, las empresas están incorporando tecnologías que les permitan monitorear sus operaciones en tiempo real, optimizar rutas y reaccionar de manera más rápida frente a situaciones de riesgo», confirma Mauricio Yáñez, gerente comercial de camiones Chevrolet.
El ejecutivo destaca que las tecnologías de monitoreo y el análisis permanente de datos son herramientas muy útiles para identificar patrones que podrían derivar en situaciones de riesgo -como desvíos de rutas planificadas o ingresos a zonas no autorizadas- generando alertas tempranas para corregir desviaciones antes de que se transformen en incidentes. “Esta capacidad predictiva también contribuye a planificar mantenimientos oportunos y reducir la probabilidad de fallas inesperadas en ruta”, agrega.
Las tecnologías de monitoreo pueden implementarse mediante dispositivos GPS y telemetría instalados externamente o, en los modelos más recientes, a través de sistemas de conectividad integrados de fábrica en los propios camiones. En ambos casos, permiten conocer en tiempo real variables operacionales, patrones de conducción y posibles situaciones de riesgo.
En el caso específico de Chevrolet Isuzu, estas capacidades vienen integradas de fábrica a través de la plataforma OnStar, que combina herramientas de conectividad, monitoreo y telemetría para una visión más completa de la operación de cada vehículo. “La experiencia nos ha demostrado que la combinación entre capacitación de conductores, protocolos operacionales claros y tecnología de monitoreo es actualmente una de las fórmulas más efectivas para reducir riesgos”, sostiene Yáñez.
Más allá de las distintas soluciones tecnológicas disponibles en el mercado, los expertos coinciden en que la seguridad en el transporte terrestre ya no puede entenderse únicamente como una estrategia para evitar robos. La combinación de infraestructura adecuada, gestión de riesgos, capacitación, monitoreo y análisis de datos se está transformando en un elemento clave para garantizar la continuidad operacional de las cadenas de suministro.
“La seguridad logística es cada vez más una responsabilidad compartida, donde la colaboración y el intercambio de información resultan tan importantes como la tecnología o la infraestructura disponible. La prevención requiere coordinación entre transportistas, generadores de carga, operadores logísticos, aseguradoras, proveedores tecnológicos y organismos de control. Cuando cada actor trabaja de forma aislada, la efectividad de las medidas disminuye”, concluye el Director Operativo de Hanseatica.
El robo de carga evoluciona: nuevas amenazas para la cadena de suministro
De acuerdo al informe Cargo Theft Report 2025, elaborado por BSI Consulting y TT Club, el robo de carga se ha vuelto cada vez más complejo y sofisticado, convirtiéndose en una amenaza persistente para las cadenas de suministro globales y una fuente relevante de interrupciones operacionales, pérdidas económicas y daños reputacionales.
Según el estudio, a nivel mundial, el transporte por carretera concentra cerca de tres cuartas partes de los incidentes reportados, muy por encima de otras modalidades. El informe también sitúa a Chile entre los países con mayor cantidad de incidentes reportados durante 2025, eso sí muy por debajo de mercados como Brasil, México, Estados Unidos e India.
El informe coincide en abordar la seguridad de la carga, ya no solo como un problema de delincuencia, sino “como un desafío de resiliencia de la cadena de suministro, gestión de riesgos operacionales, continuidad del negocio y protección de activos”.
El reporte destaca además la creciente capacidad de adaptación de las organizaciones criminales, que ajustan sus objetivos en función de los cambios del mercado, y la evolución de sus métodos. Hoy, los delincuentes están aprovechando plataformas digitales de transporte, procesos de intermediación de carga y herramientas tecnológicas para cometer fraudes más sofisticados. Entre ellos destacan la utilización de documentación fraudulenta, la creación de perfiles falsos de empresas transportistas y la suplantación de identidad de operadores logísticos. “Para enfrentar las amenazas actuales, las empresas deben adoptar una visión integral de la seguridad, basada en inteligencia, colaboración y gestión preventiva de riesgos a lo largo de toda la cadena logística”, afirman.
La propuesta de la CNDC: seguridad, infraestructura y modernización
La Confederación Nacional de Dueños de Camiones de Chile (CNDC) elaboró una agenda de medidas para fortalecer la seguridad y el desarrollo sostenible del transporte de carga terrestre, abordando el problema desde una perspectiva que combina seguridad, infraestructura, modernización y continuidad operacional. La propuesta fue presentada al Presidente José Antonio Kast y al Ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Louis de Grange, a principios de este año.
Para hacer frente a la delincuencia que afecta este modo de transporte, proponen fortalecer la coordinación entre autoridades, policías y transportistas, potenciar la plataforma MRRCAT contra el robo de camiones y extender este modelo a la Macrozona Norte, donde preocupa el tráfico de vehículos robados hacia países vecinos.
El informe recalca que la seguridad también depende de contar con mejor infraestructura y condiciones de operación. Entre sus planteamientos figuran la mejora de corredores estratégicos, como los tramos Caldera-Antofagasta y la Carretera de la Fruta, además de la ampliación de zonas de descanso seguras para conductores, consideradas fundamentales para prevenir accidentes, cumplir la normativa laboral y reducir situaciones de vulnerabilidad en ruta.
Asimismo, plantean una mayor coordinación entre el sector público y privado, junto con medidas orientadas a la modernización de la flota, la sostenibilidad y la formación de nuevos conductores.














































