El transporte aéreo de carga adquiere un rol cada vez más estratégico para la economía chilena. Sin embargo, el crecimiento de la demanda también pone sobre la mesa una pregunta clave: ¿está preparada la infraestructura aeroportuaria del país para convertirse en una ventaja comparativa para las nuevas exigencias de las cadenas de suministro?
Cuando se habla de transporte aéreo, la conversación suele centrarse en pasajeros, nuevas rutas o crecimiento del turismo. Sin embargo, detrás de cada avión que despega o aterriza existe una operación logística compleja que permite movilizar productos críticos para industrias tan diversas como la salmonicultura, las exportaciones agroalimentarias, la salud, el retail y la tecnología.
Se trata de una modalidad que privilegia la rapidez por sobre el volumen, convirtiéndose en una herramienta esencial para aquellas cadenas de suministro donde el tiempo es un factor determinante.
La importancia de este segmento queda reflejada en las cifras. Durante 2025, el Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez movilizó cerca de 407 mil toneladas de carga.
Sin embargo, detrás de estas cifras existe una realidad mucho más profunda como es que el transporte aéreo ya no es solo un servicio para envíos urgentes. Hoy se ha transformado en un componente estratégico para la competitividad del país y para la capacidad de respuesta de las empresas frente a un entorno cada vez más dinámico e incierto.
UN MOTOR SILENCIOSO DE LA ECONOMÍA
El carácter estratégico de la carga aérea queda reflejado en la composición del comercio internacional. Aunque representa menos del 1% del volumen total movilizado a nivel mundial, concentra más del 35% del valor del intercambio comercial, convirtiéndose en un habilitador clave para sectores exportadores que dependen de la velocidad, la continuidad operacional y el acceso a mercados internacionales.
“Muchas veces se sigue viendo como un negocio secundario dentro de los aeropuertos cuando en realidad es un facilitador clave para las exportaciones y el intercambio comercial internacional de todo el país”, afirma Mark Thiermann, Regional Director South America de ATC Aviation Services AG.
En Chile, este rol resulta especialmente relevante debido a la estructura productiva del país. Uno de los mejores ejemplos es la industria salmonera. El salmón representa una parte importante de la carga exportada por vía aérea desde Chile hacia mercados como Estados Unidos, Brasil, Europa y Asia.
Pero no todo se trata únicamente de exportaciones. La industria minera utiliza frecuentemente esta modalidad para la importación urgente de repuestos críticos, evitando paralizaciones que pueden representar pérdidas millonarias.
El crecimiento sostenido del comercio electrónico internacional también ha impulsado una mayor demanda por servicios de carga aérea. Los consumidores esperan entregas cada vez más rápidas y las empresas buscan cumplir esa promesa mediante cadenas logísticas capaces de conectar mercados internacionales en cuestión de días y no semanas.
INFRAESTRUCTURA BAJO PRESIÓN
El crecimiento del comercio internacional y la mayor sofisticación de las cadenas logísticas han comenzado a tensionar la infraestructura aeroportuaria destinada a la carga. La evolución de la economía global ha impulsado una creciente demanda por instalaciones especializadas capaces de atender operaciones logísticas complejas.
La industria requiere terminales de carga más eficientes, mayores capacidades de almacenamiento, infraestructura para productos sensibles, procesos de inspección más ágiles y espacios que permitan absorber los incrementos proyectados para los próximos años.
Mientras la demanda continúa aumentando, la capacidad instalada comienza a mostrar señales de tensión. La preocupación radica en que las inversiones y adecuaciones necesarias podrían no estar avanzando al mismo ritmo que las exigencias del mercado, generando brechas que podrían afectar la competitividad del país en los próximos años.
La preocupación no sólo apunta a la capacidad física disponible, sino también al modelo de desarrollo aeroportuario. Distintas voces de la industria advierten que esta situación ha generado una infraestructura que hoy enfrenta crecientes restricciones para acompañar el crecimiento proyectado de las exportaciones aéreas.
La industria también observa con preocupación la falta de una planificación de largo plazo para el desarrollo de la infraestructura logística aeroportuaria. “No estamos en una situación crítica, pero si Chile quiere duplicar sus exportaciones aéreas en los próximos 10 años, la infraestructura y el governance actual no va a ser suficiente”, agrega Mark.
COMPETITIVIDAD REGIONAL: UNA CARRERA QUE YA COMENZÓ
La competencia entre países por atraer operaciones logísticas también se está trasladando al ámbito aeroportuario. Diversos terminales de América Latina están invirtiendo en infraestructura, automatización y digitalización con el objetivo de posicionarse como hubs regionales de carga.
“Perú y Colombia han entendido hace tiempo que la carga aérea es una industria estratégica. Han desarrollado infraestructura, incentivos y una visión exportadora mucho más agresiva. En Chile seguimos dependiendo mucho de que las exportaciones funcionen bien por mérito propio”, apunta el ejecutivo de ATC Aviation Services AG.
Un ejemplo concreto es el mercado de la palta. Según Thiermann, mientras Perú exporta este producto tanto vía marítima como aérea, Chile opera prácticamente sólo por vía marítima, debido a los mayores costos aeroportuarios y de transporte aéreo, una situación que evidencia las diferencias de competitividad existentes entre ambos países.
Chile enfrenta una condición estructural que difícilmente puede modificar: la distancia respecto de los principales polos de consumo mundial. Precisamente por ello, la competitividad del transporte aéreo nacional debería construirse sobre costos operacionales más eficientes y una infraestructura capaz de compensar esa desventaja geográfica. Sin embargo, Thiermann advierte que hoy ocurre lo contrario, generando una brecha frente a otros mercados regionales que compiten por atraer aerolíneas y operaciones de carga.
“Estamos muy lejos de los principales centros de consumo y eso no lo podemos cambiar. Lo que sí podemos hacer es generar una ventaja comparativa que compense el costo de operar en Chile. Hoy somos uno de los aeropuertos más caros de Sudamérica, por ejemplo, para una aerolínea venir a Chile significa más horas de vuelo y además mayores costos. Entonces la pregunta es ¿dónde está la ventaja comparativa?, advierte Mark Thiermann.
LO QUE DEMANDA LA INDUSTRIA
Más allá de la infraestructura física, los actores del sector coinciden en que el desarrollo de la carga aérea depende de una serie de factores complementarios.
Uno de ellos es la eficiencia de los procesos aduaneros y regulatorios. En un negocio donde cada hora tiene impacto sobre el costo y el nivel de servicio, reducir tiempos de inspección y liberación de mercancías puede transformarse en una ventaja competitiva significativa.
La digitalización aparece como otra demanda prioritaria. La implementación de documentos electrónicos, sistemas de trazabilidad en tiempo real, intercambio automatizado de información y plataformas colaborativas permite reducir errores, aumentar la visibilidad y agilizar la toma de decisiones.
La industria también exige una mayor integración entre aerolíneas, terminales de carga, agentes de aduana, operadores logísticos, organismos fiscalizadores y empresas usuarias.
Más allá de las necesidades operativas, existe consenso en que la carga aérea aún no ocupa el lugar estratégico que merece dentro de la planificación logística nacional, apuntando, por ejemplo, a la necesidad de acelerar decisiones en materia de infraestructura, regulación y coordinación público-privada.
En este escenario, Peter Gibson, gerente general de ATREX, advierte que junto con las inversiones en infraestructura y digitalización existen desafíos operacionales urgentes que requieren atención para asegurar la eficiencia del sistema.
“Desde nuestra perspectiva, uno de los principales desafíos que la industria courier debe enfrentar es la reducción de las cargas en rezago o abandono. Si bien hemos logrado reducir en un 50% las cargas en rezago en el AMB, aún enfrentamos más de 300 toneladas en abandono que requieren gestión urgente. Es fundamental que el Servicio Nacional de Aduanas agilice los procesos de subasta o destrucción o permita otros mecanismos como el reciclaje; dado que esta acumulación no sólo compromete seriamente la continuidad operativa de la industria courier, sino también es un foco de peligro sanitario gracias a la proliferación de plagas”, declara.
El ejecutivo sostiene que la modernización regulatoria es otro aspecto crítico para el desarrollo del sector. “Resulta importante revisar y modernizar el marco normativo que regula nuestras operaciones. En la actualidad, existen regulaciones con más de 15 años de antigüedad que no responden a la realidad operativa actual, imponiendo exigencias de trazabilidad que ni siquiera los propios sistemas aduaneros permiten cumplir, además de trasladar responsabilidades que corresponden al consignatario de las cargas a las empresas courier que actúan como intermediarios, haciéndonos propensos a multas de diversos tipos que buscan sancionar malas prácticas que en rigor no son nuestra responsabilidad”, comenta Gibson.
Respecto de la infraestructura aeroportuaria, Peter enfatiza que la carga aérea requiere una atención acorde al crecimiento que ha experimentado durante los últimos años.
“Por último, es imprescindible abordar la falta de infraestructura para la carga aérea. Históricamente, el desarrollo del aeropuerto ha estado enfocado en los pasajeros, relegando las necesidades logísticas. Hoy, el aeropuerto requiere con urgencia más espacios para maniobras de carga, condición esencial para sostener el crecimiento del sector y asegurar la eficiencia de toda la cadena logística”, advierte.
EL FUTURO DE LA CARGA AÉREA CHILENA
Las perspectivas para el transporte aéreo de carga son positivas. La expansión del comercio electrónico, el crecimiento de las exportaciones de alto valor, el desarrollo de la industria farmacéutica, la necesidad de abastecimiento rápido y la búsqueda de cadenas de suministro más resilientes seguirán impulsando la demanda durante los próximos años.
Sin embargo, aprovechar este potencial requerirá una visión estratégica de largo plazo. “Lo primero es entender que la carga aérea no es un subproducto del transporte de pasajeros, sino que es una actividad estratégica por sí misma, que requiere infraestructura, procesos y planificación propias”, recalca Mark Thiermann.
La verdadera oportunidad está en desarrollar un ecosistema logístico integrado que permita conectar eficientemente a exportadores, importadores, operadores logísticos, aerolíneas y organismos públicos.
Por tanto, la discusión, coinciden los especialistas, ya no pasa únicamente por aumentar capacidad, sino por definir una estrategia logística país capaz de transformar la carga aérea en un verdadero factor de competitividad internacional.
“Tenemos exportadores interesados en crecer, tenemos demanda internacional por nuestros productos y tenemos líneas aéreas que quieren operar a Chile. Lo que falta es que la infraestructura y los procesos acompañen ese crecimiento”, afirma Thiermann.
Finalmente, en un mundo donde la velocidad importa, pero la continuidad del negocio importa aún más, el transporte aéreo de carga se consolida como un pilar fundamental para la competitividad y el desarrollo futuro del país y es ahí donde radica su valor estratégico.















































