La actualización de la norma chilena NCh2369:2025 incorpora exigencias específicas para los sistemas de almacenamiento y obliga a respaldar cada nuevo proyecto según su ubicación, tipo de suelo, cargas y configuración. Mientras la industria valora el avance hacia un mayor estándar de seguridad, persiste el debate sobre sus efectos en los costos, la capacidad de las bodegas y la proporcionalidad de algunas exigencias.
El 10 de septiembre comienza a regir en Chile una actualización que cambiará la forma en que se diseñan los sistemas de almacenamiento industrial. La NCh2369:2025 incorpora disposiciones sísmicas específicas para los racks y eleva las exigencias de diseño a los sistemas que formen parte de nuevos proyectos industriales. Aunque el objetivo de mejorar la seguridad genera consenso, ciertos sectores de la industria advierten que algunos criterios podrían aumentar los costos y reducir la capacidad de las bodegas más allá de lo necesario.
La actualización no responde solo al tiempo transcurrido desde la versión anterior. En estas dos décadas se acumularon nuevos conocimientos, avances tecnológicos y aprendizajes derivados de terremotos como el 27F. “Uno de los principales desafíos fue establecer las condiciones para conseguir los objetivos que la propia norma declaraba, en particular, la continuidad operacional de la industria”, explica Gabriela Matta, jefa de DITEC del MINVU. Según señala, bajo los criterios de la versión de 2003, alcanzar ese objetivo todavía era “incierto”.
El nuevo texto, explican desde DITEC, fue resultado de un proceso que se extendió por cerca de siete años. El comité técnico contó con representantes de la industria, de oficinas de proyectos, de la academia, de asociaciones y gremios profesionales, además de numerosos profesionales del sector. En una primera etapa, el anteproyecto fue sometido por el Instituto Nacional de Normalización (INN) a consulta pública durante dos meses en 2018, periodo en el que recibió 933 observaciones. Tras una segunda consulta acotada realizada en 2024, la versión definitiva fue aprobada en mayo de 2025 y oficializada por el MINVU en marzo de 2026. Su entrada en vigencia quedó fijada para seis meses después.
En el caso particular de los racks, Gabriela Matta señala que la versión del 2003 prácticamente no contenía disposiciones para el diseño sísmico de este tipo de estructuras. “La actualización del 2025 les da un espacio concreto y establece disposiciones consistentes con los escenarios en que operan los sistemas de estanterías”, afirma. Respecto de las brechas técnicas, agrega que “la ausencia de criterios de diseño sísmico claros, muchas veces tomados directamente de códigos extranjeros, dificultaba la consecución de los objetivos de desempeño declarados en la norma y que son de alcance transversal para todas las estructuras industriales”.
Las disposiciones para racks incorporadas en la NCh2369:2025 no sustituyen a la NCh3703:2023, sino que ambas normas se complementan. La NCh3703 establece los requisitos de diseño y ensayo de los sistemas de almacenamiento en acero, incluidos sus materiales, elementos, conexiones y anclajes. La NCh2369:2025, en tanto, establece las exigencias sísmicas aplicables al proyecto según factores como su ubicación, el tipo de suelo, las cargas y la configuración del sistema.
Una actualización necesaria, pero…
Juan José Álvarez, gerente de Ventas de Esnova, valora la NCh2369:2025 como el mayor avance normativo en dos décadas para el almacenaje industrial: “por primera vez integra racks y sistemas de almacenamiento directamente en la norma sísmica primaria, dejando de depender de estándares extranjeros complementarios”. A su juicio, el impacto en el mercado será de “depuración”: “a partir de ahora, será mandatorio para todos los proveedores un respaldo estructural de nivel y por ende elevará el estándar técnico exigido a toda la industria”, precisa.
Asimismo, sostiene que la actualización responde a una necesidad técnica real, “no a un ajuste cosmético”, precisando que la versión de 2003 -a su juicio- ya no reflejaba el conocimiento sísmico ni la escala alcanzada en la actualidad por la industria logística chilena.
Josué González, gerente general de AR Racking Chile, destaca que la normativa aporta criterios comunes para fabricantes, calculistas, revisores y clientes, reduce interpretaciones dispares y eleva el nivel de seguridad de las instalaciones. “El rack deja de considerarse un elemento estándar o un simple mobiliario y se reconoce como una estructura cuyo comportamiento depende de su configuración y de las condiciones concretas de la instalación”.
La actualización -agrega- define con mayor precisión aspectos como la masa almacenada que debe considerarse, los factores de modificación de respuesta, el amortiguamiento, las deformaciones, la regularidad estructural y el comportamiento de las conexiones. “Esto obliga a diseñar los racks de acuerdo con su configuración, cargas, ubicación, suelo y condiciones reales de operación”, apunta.
Además, destaca que la nueva norma limita prácticas como utilizar diseños genéricos sin un cálculo específico, aplicar certificaciones extranjeras sin comprobar su compatibilidad con la normativa chilena o asumir que todas las configuraciones tienen el mismo comportamiento sísmico. “Bajo esta nueva normativa ya no deberían aceptarse factores de reducción sísmica sin la justificación correspondiente, cargas almacenadas inferiores a las reales, conexiones no caracterizadas o cambios en alturas, niveles, cargas y componentes sin revisar el diseño”.
Diego Torres, jefe de Ingeniería de Mindugar, estima que la normativa ayudará a elevar el estándar del mercado y “dificultará la comercialización de estructuras de baja calidad, que anteriormente podían ofrecerse sin suficiente respaldo técnico”. Sin embargo, plantea que algunos criterios relacionados con los sistemas de almacenamiento debieran volver a revisarse, porque a su juicio, fueron desarrollados pensando en otro tipo de estructuras e industrias.
“Para el terremoto del 2010, pudimos observar edificaciones que colapsaron completamente, pero nuestros racks permanecieron en pie y operando. Los daños más importantes ocurrieron principalmente en estructuras extranjeras que no contaban con memorias de cálculo validadas, fueron fabricadas sin cumplir estándares nacionales o eran productos importados sin adaptación a las condiciones sísmicas de Chile. Esta evidencia respalda que la norma actualmente vigente (2003) es suficiente para la realidad sísmica chilena”, afirma.
Entre los cambios más relevantes de la NCh2369:2025, Torres menciona los nuevos criterios para determinar la fuerza sísmica que deben resistir los racks, que a su juicio, son excesivos. “La actualización del espectro de diseño ya incrementa por sí sola las demandas sísmicas. Además, la norma restringe el uso del factor de modificación de respuesta R=4. Cuando no se cumplan las condiciones establecidas, deberá adoptarse R=2, lo que aumenta aún más la fuerza sísmica de diseño si los demás parámetros se mantienen constantes”, explica.
De acuerdo con estudios del departamento de ingeniería de Mindugar, la cantidad de acero requerida para cumplir con la nueva normativa podría aumentar hasta 193%, con el consiguiente impacto en los costos. Asimismo, estima que la nueva norma podría disminuir entre 5% y 10% la capacidad efectiva de almacenamiento de una bodega. “No se está considerando el impacto que este aumento desmedido de costo tendrá en la justificación financiera de los proyectos de inversión”, recalca Torres, precisando que elevaron estas preocupaciones al MINVU y el MTT, ofreciendo disposición para formar mesas técnicas que trabajen en la adecuación de la normativa.
Desde Esnova reconocen que la normativa tendrá un impacto, tanto en costos como en capacidad de almacenaje. “Las torres de arriostramiento sísmico, que ya existían, ahora deberán usarse con mayor frecuencia en los diseños para cumplir las exigencias de la nueva norma y eso consume m² que antes eran posiciones pallet, reduciendo la capacidad efectiva de la bodega y encareciendo el costo por posición”, señala Juan José Álvarez. Sin embargo, considera que ese mayor costo tiene una justificación técnica: “responde a demandas sísmicas calibradas con evidencia real de terremotos chilenos, por lo que cada punto adicional de acero o arriostramiento se traduce en mayor capacidad de la estructura frente al sismo de diseño”. Álvarez recalca, eso sí, que esa mejora solo se materializará si el diseño se traduce fielmente en la fabricación y el montaje final, sin variaciones en obra.
A la hora de evaluar el impacto en costos y plazos, en AR Racking estiman que dependerá de diversos factores, como la ubicación, el suelo, la altura, las cargas, la tipología del sistema, los anclajes y las características del pavimento. “En proyectos que ya se desarrollan con una ingeniería rigurosa, el incremento puede ser limitado. En instalaciones más exigentes o irregulares, podría ser necesario utilizar perfiles de mayor capacidad, reforzar arriostramientos, modificar conexiones o revisar con mayor detalle la losa y los anclajes. Sin embargo, estudios independientes han identificado que los nuevos requerimientos podrían acarrear aumentos en la cuantía de acero de hasta un 25-30%”, indica González.
Aun así, considera que los plazos de entrega no debieran verse afectados de manera general, ya que están directamente relacionados con la capacidad logística y de fabricación de cada proveedor para suministrar los elementos específicos que arroje el cálculo de ingeniería. “Si bien, el tiempo dedicado a ingeniería y coordinación puede aumentar, especialmente entre el fabricante, el calculista, el proyectista de la losa y el revisor, integrar estos aspectos desde el inicio evita retrasos y modificaciones posteriores”.
Desde su perspectiva, más que comparar un proyecto que cumple la normativa con otro que no lo hace plenamente, González sostiene que “debe analizarse el costo total del riesgo: seguridad, daños, paralización de la actividad y continuidad operacional”.
En el marco de este debate, el Minvu también fue consultado sobre la posición de algunos actores que consideran que la norma anterior era suficiente y que las principales dificultades radicaban en su aplicación o fiscalización. Y aunque no se refirieron directamente a este punto, Gabriela Matta señaló que “el espacio para discutir todas las miradas respecto de los temas que aborda la normativa técnica nacional está claramente formalizado en Chile, toda vez que los procesos de actualización se someten a consulta pública, donde todos los ciudadanos pueden emitir opiniones sobre cada cláusula que forma parte del anteproyecto de norma, para luego ser discutido en un comité técnico, al alero del Instituto Nacional de Normalización, cuya conformación es pública y abierta para quien desee sumarse a la discusión”. Asimismo, indicó que “cada cláusula que forma parte de la norma publicada es el resultado del acuerdo del comité que participó en su desarrollo”.
En la práctica, una norma más exigente no garantiza, por sí sola, que todos los sistemas instalados cumplan con el desempeño esperado. Y para Diego Torres, una brecha importante en este sentido está en la fiscalización. El especialista señala que en el mercado todavía se comercializan e instalan racks que no cuentan con una memoria de cálculo o un respaldo técnico suficiente, una situación que no necesariamente cambiará por el solo hecho de actualizar la regulación. “Si no hay fiscalización efectiva, se van a seguir vendiendo estructuras que no están validadas o certificadas y una norma tan exigente incentivará el no cumplimiento de empresas que no tengan la experiencia e ingeniería necesaria para hacerlo”, advierte.
Además sostiene que la memoria de cálculo tampoco permite comprobar, por sí sola, que la estructura instalada corresponda al diseño aprobado. Un cambio durante la fabricación o el montaje de los racks podría modificar el comportamiento previsto, aunque los documentos del proyecto indiquen que el sistema cumple con la norma.
Para Juan José Álvarez, de Esnova, el aumento de acero y refuerzos solo tendrá un efecto real si la solución calculada se reproduce correctamente. “No sirve de nada tener un excelente cálculo si después la estructura se fabrica con otros espesores, se modifican las conexiones o el montaje no se ejecuta como corresponde”, sostiene. La revisión final de la instalación adquiere, por ello, tanta relevancia como la ingeniería inicial.
Para evitar este tipo de situaciones, desde AR Racking sostienen que el cliente debe solicitar la documentación correspondiente a su instalación concreta “y no conformarse únicamente con un certificado genérico o una declaración comercial. Asimismo, es fundamental comprobar que el alcance de cualquier certificado presentado incluya realmente los sistemas o procesos a los que se hace referencia”.
Respecto de la memoria de cálculo, González precisa que este documento debe identificar la ubicación, la zona sísmica, el tipo de suelo, la altura, los niveles, las cargas, la tipología de rack, los arriostramientos, las placas base y los anclajes. “También deben entregarse los planos estructurales, el listado de componentes y la documentación técnica que respalde los materiales y conexiones”.
Adicionalmente, recomienda verificar que lo instalado coincide con lo calculado mediante una inspección o recepción final. “Una certificación del fabricante aporta confianza, pero no sustituye el cálculo y la validación de cada proyecto”, apunta.
¿Es obligatoria la norma?
Desde su entrada en vigencia, la NCh2369:2025 será obligatoria en todo el territorio nacional para el diseño sísmico de nuevas estructuras e instalaciones industriales. Gabriela Matta aclara que la norma establece requisitos de diseño y desempeño, pero que “las responsabilidades y consecuencias respecto de eventuales incumplimientos son las definidas en los instrumentos legales y reglamentarios vigentes”.
Respecto de cómo se fiscalizará su cumplimiento, DITEC no detalló un mecanismo específico de control para los sistemas de racks. Sí indicó que, en los proyectos que requieren permiso de edificación, los requisitos aplicables a la ingeniería estructural están establecidos en la Ley General de Urbanismo y Construcciones y en su Ordenanza. También precisó que, cuando exista un revisor de cálculo estructural, este podrá solicitar la documentación y las verificaciones adicionales que considere necesarias.
Más allá de los mecanismos de fiscalización que correspondan, el cumplimiento no depende solo de la memoria de cálculo. Supone una cadena de responsabilidades técnicas entre los distintos actores que participan en el diseño, suministro, montaje y operación de los racks, y exige que lo fabricado e instalado corresponda a lo proyectado y que el sistema se utilice bajo las condiciones previstas.
En esta cadena, el cliente también tiene un rol importante, no solo en la verificación final, sino desde el inicio del proyecto. “En algunos procesos de licitación no se especifican antecedentes clave, como el tipo de suelo del proyecto o el factor de ocupación de la bodega. Por ello, los calculistas deben adoptar supuestos conservadores exigidos por la normativa, lo que dificulta optimizar el diseño. Mientras más precisos sean los antecedentes que entrega un cliente, mayores posibilidades de optimizar el uso de acero y la capacidad de almacenamiento, sin reducir la seguridad”, sostiene Diego Torres.
Sin duda, la entrada en vigencia de la NCh2369:2025 elevará el respaldo exigido a los nuevos proyectos. Su efectividad dependerá de que la información entregada por el mandante, la ingeniería, los materiales, la fabricación y el montaje sean coherentes entre sí y puedan verificarse. Solo así el nuevo estándar podrá traducirse en una reducción efectiva de los riesgos y en una mayor continuidad operacional.














































