¿Un vino de alta gama tiene que venir en botella pesada?. Tradicionalmente fue así, pero la caída del consumo y la demanda de soluciones más sustentables y eficientes han llevado a viñas y operadores logísticos a buscar alternativas para aligerar envases y optimizar el transporte, sin perder calidad ni identidad. Chile es el cuarto exportador mundial de vino, sin embargo, la disminución global de su consumo (2,7% en 2025, con una baja acumulada de 14% desde 2018) ha llevado a la industria nacional a reforzar su apuesta por productos de mayor valor.
Así lo han planteado organismos como Vinos de Chile- la asociación gremial que reúne a productores vitivinícolas del país- en cuyos planes comerciales para 2026 incluyeron fortalecimiento de marca y apoyo a la distribución de vinos premium, en especial aquellos que superan los US$50 FOB por caja. La estrategia busca posicionar al país por la calidad, diversidad y origen de sus vinos, para competir en segmentos de precios más altos.
Desde Viña Concha y Toro, Rodrigo Berner, jefe de Sustentabilidad, señala que los vinos premium y superiores ocupan hoy un lugar central dentro de la estrategia de la compañía. “En 2025 representaron el 57,4% de nuestras ventas de vino en valor, aumentando además su participación respecto del año anterior. Es el resultado de una estrategia de premiumización que venimos desarrollando de manera consistente desde fines de 2017”.
El tipo de botella, el cierre y embalaje no solo influyen en la presentación de un vino, sino también en el precio de almacenamiento y transporte. Para la cadena de suministro, el objetivo hoy es conciliar esa presentación con un uso eficiente de materiales y espacio, sin comprometer calidad y conservación.
“Exportar vinos premium exige una logística mucho más controlada que la de segmentos masivos. En estos casos, no solo se transporta una botella, sino una experiencia de marca, una inversión comercial y, muchas veces, un producto con disponibilidad limitada. Por eso, la protección térmica, la estabilidad durante el tránsito, la correcta estiba y la visibilidad del embarque son clave en esta logística”, explica Rodrigo San Martín, managing director USA de Hillebrand Gori, freight forwarder especializado en logística de vinos y bebidas.
EL PESO DE LA PRESENTACIÓN
Históricamente, la industria del vino ha asociado ciertos códigos de presentación al posicionamiento premium. Así lo confirma Berner: “una botella más robusta, su forma, altura, hombros, el diseño de la etiqueta o determinados acabados pueden contribuir a transmitir una percepción de calidad y exclusividad, especialmente cuando el consumidor está frente a un vino que todavía no conoce. Eso no significa, por supuesto, que el peso de una botella determine la calidad del vino que contiene”.
Víctor Chávez, coordinador general de El Mundo del Vino, explica que esa tradición también se observa en los embalajes. Algunas viñas presentan sus vinos de mayor valor en cajas de madera, con papel de seda y sellos, mientras otras han optado por cajas de cartón más elaboradas o por prescindir de un empaque adicional. “En los vinos ícono todavía cuesta sacar la caja de madera o cambiar el corcho. El mundo del vino es bastante tradicionalista”, comenta.
Una opinión similar tiene Mariana Soto, gerente general del Centro de Envases y Embalajes de Chile CENEM: “Durante muchos años, una botella pesada se asoció a mayor calidad. Sin embargo, esa percepción está cambiando. El desafío actual es transmitir valor mediante el diseño, la identidad gráfica, las terminaciones y la experiencia del consumidor, sin incorporar material innecesario”.
En ese sentido, estima que el packaging de los vinos premium ha evolucionado hacia una mirada más integral: “debe comunicar calidad y origen, proteger adecuadamente el producto y, al mismo tiempo, responder a exigencias crecientes de eficiencia logística, reducción de emisiones y reciclabilidad”.
Actualmente, agrega, existen soluciones para aligerar el peso de una botella que conservan la apariencia, resistencia y percepción premium, con una cantidad significativamente menor de vidrio. “También es posible optimizar la geometría de la botella, reducir fondos excesivamente profundos, revisar espesores y disminuir material en cápsulas, etiquetas y otros componentes decorativos. La innovación permite mantener una identidad sofisticada mediante formas, texturas, colores, relieves y diseño gráfico, sin que el peso sea el principal elemento diferenciador”.
Menciona además formatos como botellas de PET reciclado, envases de papel con barrera interior, aluminio, bag-in-box y sistemas reutilizables. “Son alternativas interesantes para determinados mercados, ocasiones de consumo o canales, pero deben evaluarse según el tipo de vino y su vida útil. Un vino destinado al consumo relativamente rápido no tiene necesariamente los mismos requerimientos de barrera y guarda que un vino premium diseñado para evolucionar durante años”.
Por eso, sostiene que cada cambio debe ser validado técnica y logísticamente, considerando aspectos como resistencia mecánica, entrada de oxígeno, protección frente a la luz, interacción con el producto, desempeño del cierre y condiciones reales de distribución.
Rodrigo Berner coincide en que hoy es posible mantener una botella con presencia y atributos diferenciadores utilizando menos vidrio, aunque reducir su peso es un trabajo progresivo. “No consiste solo en ‘sacar vidrio’: cada cambio debe considerar la resistencia de la botella, su comportamiento en las líneas de embotellado y durante el transporte, el diseño, el posicionamiento de la marca y finalmente la aceptación del consumidor. Esto es particularmente importante en categorías premium”.
En el marco del acuerdo de reducción de peso de Sustainable Wine Roundtable, Viña Concha y Toro mide el promedio de sus botellas de vino tranquilo (no espumantes) de 750 ml. “En 2024 nuestro promedio era de 443,1 gramos y en 2025 disminuyó a 428,6 gramos, acercándonos al objetivo de 420 gramos establecido por el acuerdo para 2026”, detalla.
Y aunque individualmente puede parecer poco, la escala de la operación de esta viña permite dimensionar su efecto: solo durante 2025, adquirió más de 100.000 toneladas de vidrio para sus productos. “Ese vidrio primero debe fabricarse y transportarse hasta nuestras plantas de envasado. Una vez lleno, vuelve a movilizarse hacia los puertos de origen, viaja miles de kilómetros hasta los mercados de destino y posteriormente continúa hacia distribuidores, clientes y puntos de venta”, explica Berner.
La gerente de CENEM complementa: “cada gramo que se reduce en una botella, caja o separador genera beneficios acumulativos importantes en transporte, almacenamiento, consumo de materias primas y huella de carbono. Por ello, la eficiencia logística y la sustentabilidad ya no son atributos adicionales: se están transformando en condiciones de competitividad”.
En efecto, explica San Martín, las botellas más pesadas o con formatos especiales pueden limitar la cantidad de cajas por pallet y por contenedor, aumentar el costo por litro transportado y exigir mayor cuidado en la manipulación. “Un embalaje mal dimensionado puede provocar espacios vacíos, menor estabilidad y mayor riesgo de daño. Para evitarlo, buscamos asesorar a las viñas en el análisis de configuración de carga: tipo de caja, palletización, aprovechamiento del contenedor, necesidad de airbags y nivel de protección térmica”, sostiene.
CAMBIOS SEGÚN EL MERCADO
Los mercados de destino también han marcado tendencia en la evolución de botellas y embalajes, señala el jefe de Sustentabilidad de Viña Concha y Toro. “En los países nórdicos, por ejemplo, hay requerimientos asociados al peso de las botellas, información de productores, trazabilidad del vino y estamos avanzando en el cálculo de la huella de carbono de productos específicos. Muchas veces lo que comienza en estos mercados se extiende a otros países”.
En algunos casos, la adaptación a los nuevos requerimientos incluye estrategias como trasladar el embotellado. “Hemos aumentado el vino que enviamos desde Chile a granel mediante flexitanks (contenedores flexibles) para posteriormente embotellarlo más cerca del mercado donde será consumido. Esto permite evitar transportar el peso del vidrio durante miles de kilómetros y acceder a soluciones de packaging adaptadas localmente. En Reino Unido, por ejemplo, algunos productos utilizan botellas cercanas a los 300 gramos, considerablemente más livianas que formatos habituales en otros mercados”, explica.
Un ejemplo es Diablo -una de las marcas premium de Concha y Toro- que en Reino Unido utiliza alternativas más livianas: “en formato Bordeaux pasamos de referencias de 650 gramos en origen a 575 gramos en UK, mientras que en formato Burgundy la diferencia puede ir desde 580 gramos en origen hasta aproximadamente 370 gramos en ese mercado”.
En cuanto a embalajes, destaca las cajas Wrap Around, que comenzaron a implementar en Chile durante 2024. El diseño elimina los tabiques internos de las cajas tradicionales y reduce el material de embalaje secundario. Su uso partió en determinadas marcas y destinos y contemplan extenderlo donde sea técnica y comercialmente viable. En mercados como Reino Unido y Japón también han probado alternativas al vidrio, como Bag-in-Box y formatos flexibles.
Desde las tiendas, Chávez también observa cambios en la respuesta del público: “cuando las viñas dan a conocer lo que están haciendo, en la etiqueta o en su comunicación, la gente está más abierta. Mientras más lo expliquen, más rápido puede avanzar ese cambio”.
En tanto, en el transporte, San Martín señala que evalúan las condiciones de cada viaje para definir la protección requerida. Como ejemplo, menciona la consolidación de partidas de vinos de alto valor para distintos importadores. “Utilizamos espacios especializados, airbags para estabilizar la carga, VinLiner para aislar el contenedor y equipos de medición de temperatura y humedad con reporte GPS. Esto permite optimizar el uso del contenedor, reducir costos frente a envíos menos eficientes y, al mismo tiempo, asegurar condiciones adecuadas para proteger tanto el vino como su presentación”, explica el managing director USA de Hillebrand Gori.
Además, para potenciar la sustentabilidad de un producto, Mariana Soto estima esencial tener en cuenta su capacidad de reciclaje. “Desde CENEM promovemos que la sustentabilidad se incorpore desde la etapa inicial del diseño. Es allí donde se determina gran parte del impacto posterior del envase. La pregunta no debe ser solamente si un material es técnicamente reciclable, sino también si podrá ser reconocido, separado, recolectado y valorizado en los sistemas disponibles en el mercado donde será comercializado”, apunta.
Para Berner, las innovaciones deben responder a todo el recorrido del vino. “Una solución adecuada, además de tener ventajas ambientales, debe proteger adecuadamente el vino, funcionar en nuestras líneas de envasado y cadenas logísticas, estar disponible a la escala que necesitamos, ser económicamente viable y responder a los requerimientos de cada mercado. En los vinos premium se agrega otra dimensión: el envase forma parte de la identidad y posicionamiento de la marca, por lo que cualquier cambio debe considerar también la experiencia y percepción del consumidor. Por eso, muchas innovaciones requieren pruebas y aprendizaje antes de poder implementarse a mayor escala”.
La gerente general de CENEM coincide en ese punto: “Las viñas necesitan tener la certeza de que la nueva solución no aumentará las roturas ni afectará la productividad”. Por eso, sostiene que la transición debe abordarse mediante pilotos, validaciones y colaboración entre viñas, fabricantes de envases, proveedores de materiales, empresas logísticas, distribuidores y sistemas de gestión.
“El principal desafío es desacoplar la percepción de calidad del peso del envase. Un vino premium puede presentarse con elegancia, protegerse correctamente y llegar en perfectas condiciones a mercados lejanos utilizando menos recursos. Esa es precisamente la innovación que hoy necesita la industria”, concluye.
¿CORCHO O TAPA DE ROSCA?
En los vinos ícono, cambiar el corcho todavía genera algunas resistencias. Así lo observa Víctor Chávez, coordinador general de El Mundo del Vino, quien considera que las tapas de rosca podrían ganar espacio, aunque reconoce el peso de la tradición en las preferencias del consumidor. “En Chile somos más reacios al cambio”, comenta.
Los defensores del corcho sostienen que este cierre es capaz de preservar las cualidades del vino durante décadas, algo especialmente relevante en los vinos de guarda. También destacan que su interacción con los compuestos del vino contribuye “al desarrollo de una mayor complejidad del vino con el tiempo”. Organizaciones internacionales como el Instituto Australiano de Investigación del Vino han estudiado distintas opciones y señalan que las tapas rosca ofrecen una barrera consistente frente al ingreso de oxígeno y que los vinos cerrados con ellas presentan menos variación entre botellas que aquellos con cierres cilíndricos. La decisión final no solo dependerá del tipo de vino, sino sobre todo de lo que prefiera el consumidor.














































