Las torres de control prometen una visión más amplia de la operación, alertas oportunas y mejores decisiones. Pero no todas las operaciones necesitan una solución del mismo alcance ni nivel de automatización y su implementación no siempre entrega los resultados esperados. ¿Cuándo son realmente necesarias y en qué casos basta con herramientas más simples?
Cuando una empresa crece, no solo gana volumen; también se multiplican sus sistemas, plataformas y fuentes de información. Y si esos datos permanecen distribuidos entre distintas áreas y herramientas, cada equipo puede conocer bien su parte del proceso, pero resulta más complejo entender lo que ocurre en el conjunto y reaccionar a tiempo.
Una torre de control busca responder a esa necesidad: integrar información proveniente de distintos sistemas, relacionar lo que ocurre en diferentes puntos de la cadena y facilitar una reacción coordinada.
César Gómez, director de Supply Chain & Network Operations en Deloitte, explica que una torre de control en supply chain puede entenderse como “una capacidad para monitorear, gestionar y controlar decisiones y ejecuciones para optimizar toda la cadena de suministro. Es el ‘centro neurálgico’ que orquesta e integra la toma de decisiones a través de las capacidades operativas de una empresa”.
Así lo experimentaron en AquaChile, la mayor productora de salmón de Chile y la segunda a nivel mundial. Antes de desarrollar esta capacidad, los datos se encontraban distribuidos entre distintos sistemas y equipos, por lo que cada área contaba principalmente con visibilidad sobre su propia operación. “La Torre permitió integrar esas fuentes y generar una mirada común”, explica Leonardo González, gerente de Operaciones Logísticas y Abastecimiento de AquaChile.
La herramienta, que comenzó a operar en 2024, reúne información de sistemas de geolocalización, cámaras, sensores, el ERP y otras plataformas de la compañía. Con esos datos, un equipo especializado puede monitorear la operación y generar alertas para las áreas responsables. Por eso, AquaChile la define como una “extensión tecnológica” de sus equipos: entrega información y advierte situaciones, pero cada área mantiene la responsabilidad de decidir y actuar.
En AquaChile, la plataforma funciona bajo un modelo mixto: generalmente detecta situaciones, genera alertas y entrega información para que los equipos definan la respuesta, aunque en algunos procesos puede ejecutar acciones previamente autorizadas. En una próxima etapa, esperan ampliar estas capacidades mediante modelos predictivos, videoanalítica y sistemas capaces de procesar más información de forma automática. El objetivo es que la tecnología asuma una mayor parte del análisis y la detección, mientras los equipos se concentran en las decisiones de mayor alcance.
The Optimal, empresa que diseñó la solución, señala que el proyecto abarcó seis áreas logísticas y que el trabajo comenzó definiendo qué indicadores era necesario monitorear y priorizarlos según su impacto en la operación y los riesgos económicos asociados. Además fue necesario comprobar que los datos llegaran con la frecuencia suficiente para actuar. “Un KPI de altísimo impacto cuyo dato llega con una semana de desfase no sirve para gestionar: sirve para explicar”, afirma Guillermo Soto, Head of Consultancy & Modeling de The Optimal.
Para Sebastián Flores, Product Manager Software de STG -compañía que ha implementado estas soluciones en empresas de consumo masivo, retail y operadores logísticos- una torre busca avanzar hacia lo que denomina una “orquestación activa”: relaciona lo que ocurre en distintos puntos de la operación, ordena las alertas y ayuda a coordinar una respuesta mientras los hechos están ocurriendo.
Según las necesidades de cada empresa, las torres pueden concentrarse en transporte, inventario, abastecimiento o seguridad o bien, integrar varias funciones. Así, por ejemplo, en Alerce – compañía tecnológica que ha implementado soluciones en España, Francia, Chile, Colombia y Perú- trabajan con distintos niveles de control: “uno más operativo, para el trabajo del día, en el que incorporamos la opción de que el usuario construya sus tableros mediante lenguaje natural, sin depender de un equipo técnico; un segundo nivel para compañías que quieren explotar la información con sus propias herramientas; y un producto específico para el monitoreo en tiempo real de rutas de primera y última milla, FleetEye”, resume Luis Díaz, Business Development Manager de Alerce Group.
Una torre con más funcionalidades o más sistemas conectados no es necesariamente mejor. Sin embargo, matiza Díaz, “si tu torre de control necesita que alguien mire la pantalla de forma permanente para detectar problemas, no tienes una torre de control. Tienes visibilidad con una persona haciendo de algoritmo”.
¿SE JUSTIFICA UNA TORRE?
Para César Gómez, de Deloitte, una torre de control cobra especial sentido cuando la empresa administra una red compleja, con múltiples sistemas, centros de distribución, proveedores, operadores logísticos y compromisos exigentes de servicio. También puede ser útil en operaciones de alto volumen y variabilidad, y en organizaciones que han alcanzado cierto nivel de madurez en sus procesos, sistemas y datos. En cambio, en redes con pocos nodos y una demanda estable, un tablero bien diseñado puede ser suficiente. En esos casos, advierte, la inversión necesaria para implementar una torre podría no justificarse en el corto o mediano plazo.
Además, desde un punto de vista organizacional, para el éxito de este proyecto, es vital contar con el compromiso de un líder con capacidad para vincular a las distintas áreas, además de impulsar un proceso de gestión del cambio que comunique sus beneficios, facilite la adopción y deje claros los roles, atribuciones y responsabilidades de cada equipo.
Desde la experiencia de The Optimal, existen tres señales que pueden orientar esta evaluación: una operación extensa y desconectada a nivel de decisiones, con poca visibilidad y control sobre la cadena de suministro. La segunda es que ya existan procedimientos de captura de información confiable con historia registrada en el tiempo. “La tercera y más importante es que el descuido o la desviación de un KPI clave tenga un costo alto y cuantificable”, precisa Soto.
Luis Díaz, agrega que antes de tomar una decisión, es fundamental que la empresa tenga claro, en su estrategia, qué busca optimizar. “Nos encontramos con muchas compañías que no saben decir si quieren ser las más rápidas del mercado o las más eficientes en coste. Sin esa respuesta, no hay forma de configurar una torre de control, porque no se sabe qué debe optimizar ni qué alerta es prioritaria. La herramienta acaba mostrando de todo un poco y no sirviendo para nada en concreto”, precisa.
Un elemento clave a la hora de una implementación exitosa es la capacidad de la solución para adaptarse a las características de cada operación. “Muchos proveedores son excelentes técnicamente, pero no entienden la realidad de una operación logística. Construyen exactamente lo que se les pidió y el resultado no sirve, porque nadie tradujo el requerimiento del negocio antes de programarlo”, sostiene Díaz.
Otro aspecto a considerar es si la solución realmente ayuda a ordenar la información y a concentrarse en lo importante. Sebastián Flores lo ejemplifica con un camión que transporta 50 pedidos y enfrenta un corte de ruta. Un sistema básico podría generar una alerta por cada entrega afectada; una torre con mayores capacidades puede reconocer que todas tienen el mismo origen y señalar cuáles requieren atención primero. “La clave de una buena plataforma es la jerarquización con contexto”, afirma.
La misma lógica se puede aplicar a los indicadores. “Intentar medirlo todo puede terminar diluyendo el foco…. Por eso, preferimos pocos indicadores bien gestionados a un tablero exhaustivo que nadie acciona. ”, señala el especialista de The Optimal y agrega: “cada alerta debería estar asociada a una decisión y producir un cambio concreto en la operación. Si la torre solo notifica y nada cambia en la operación, no es una torre de control: es un tablero muy costoso”.
EL VALOR SE DEMUESTRA EN LA OPERACIÓN
También es importante que, una vez en funcionamiento, se pueda demostrar con datos si la torre mejoró aquello que la empresa buscaba resolver. En esa línea, Gómez recomienda establecer una línea base antes de implementarla y comparar periódicamente los resultados. Costos, OTIF, tiempos de entrega, productividad, incidencias, quiebres de stock o sobrestock son algunos de los indicadores que permiten comprobar si efectivamente disminuyeron los riesgos y costos o mejoró el nivel de servicio.
En AquaChile ya realizan ese seguimiento y, al parecer, el balance es positivo. Leonardo González señala que desde la puesta en marcha han observado una detección más temprana de incidentes durante el transporte, mejoras en el cumplimiento de rutas y de la planificación, menores tiempos de ayuno y riesgo de mortalidad de los peces, además de un uso más eficiente de recursos logísticos como las embarcaciones. La compañía cuenta con indicadores internos que comparan el desempeño previo y posterior en materias como mortalidad, costos, tiempos de ayuno y eficiencia operacional, aunque no entregó cifras específicas.
Desde STG, Flores apunta a una medición similar: tiempo medio de resolución, cumplimiento de entregas y capacidad de un mismo planificador para gestionar una flota mayor. “El valor real no se mide por cuántas pantallas bonitas tengas, sino por métricas duras de eficiencia”, enfatiza.
En tanto, Luis Díaz lleva esta evaluación directamente al resultado del negocio: “¿aumenta los ingresos o reduce los costes? Todo lo demás es conversación”. Alerce mide, entre otras variables, el costo de la flota y de la operación de ruta, kilómetros recorridos, horas extra, OTIF y costo por entrega. Díaz menciona además el caso de un operador que reunió cinco sistemas en una sola plataforma y que, al contar con información integrada, pudo analizar por primera vez la rentabilidad por cliente con datos concretos.
The Optimal plantea una prueba todavía más exigente: comparar el costo de no gestionar una alerta con el tiempo de respuesta que logra la torre. Si la gestión no está reduciendo el riesgo económico asociado a un indicador, Soto plantea revisar los umbrales, responsables y acciones definidos para gestionarlo, antes de incorporar nuevas funcionalidades. “Es una prueba dura, pero necesaria”, sostiene.















































