Chile está generando cada vez más empresas de base científica capaces de desarrollar tecnologías innovadoras con potencial global. Sin embargo, para muchas de ellas el verdadero desafío comienza cuando deben transformar un descubrimiento de laboratorio en una operación capaz de producir, abastecer y llegar a mercados cada vez más exigentes.
Pilar Cortés lo vivió en carne propia. Con una experiencia de más de 13 años en una multinacional de base científica, comenzó a trabajar en una startup biotech, donde todo parecía “listo para el éxito”.
“Desde esa startup me habían reclutado precisamente por mi experiencia en el rubro, que además abarcaba toda la cadena. Nos preocupamos de comprar materiales, insumos, de la fabricación, de contar con una bodega, un operador logístico, ver los temas de distribución y todos los aspectos necesarios para operar correctamente… Pero fallamos”, recuerda esta ingeniera en Biotecnología especializada en Supply Chain Management.
Esa experiencia -que compartió durante su charla en Logistec Show 2026- le permitió comprender en primera persona que muchas startups del rubro pueden fallar, no por un mal producto o por bajas ventas, sino porque “crecen mal”.
Cortes, hoy Head of Supply Chain de Phage Lab (empresa biotecnológica que utiliza I.A. y bacteriófagos para reemplazar el uso de antibióticos en la industria ganadera y avícola) señala que en las grandes empresas convencionales entendemos la cadena como abastecimiento, inventario, logística y estamos enfocados en aspectos como optimizar el costo unitario, producir por volumen, en economías de escala y en asegurar disponibilidad. Pero en una empresa biotecnológica, la cadena de abastecimiento toma otro giro. Por eso hay que pensar en una estrategia distinta”.
En esa misma línea, sostiene que la gestión del flujo de caja se transforma en un factor crítico para el crecimiento: “el inventario correcto protege el negocio y te permite crecer, pero el incorrecto, en el caso de una startup, te destruye la caja”.
Además recalca lo fundamental que es manejar estratégicamente el tema de los volúmenes. “Comprar grandes volúmenes para reducir costos unitarios puede parecer eficiente, pero en una startup muchas veces significa inmovilizar recursos durante meses o incluso años”, comenta.
En el caso de PhageLab, que exporta actualmente a Brasil, Argentina y Uruguay, los volúmenes no siempre justifican embarques exclusivos. “Muchas veces tenemos que buscar la forma de acoplarnos a una carga ya comprometida y adaptar nuestras fechas, lo que también tiene sus complejidades, más aún cuando trabajamos con productos que requieren refrigeración”, explica.
EL ROL DE LOS SOCIOS ESTRATÉGICOS
Frente a este escenario, Pilar Cortés sostiene que las startups científicas necesitan algo más que prestadores de servicios. “Uno de los principales errores que cometen las startups es no darse el tiempo de buscar un verdadero partner, alguien que comprenda el negocio y lo que está en juego cuando le entregas una materia prima o un producto que puede depender de un agente biológico y que no es fácil volver a fabricar. Por ejemplo, un partner logístico que entiende tu necesidad va a buscar una forma de incorporar tu carga, ayudarte a crecer y encontrar una solución que no termine desangrando a una startup con costos imposibles de absorber”, sostiene.
A pesar de su importancia en el éxito de un proyecto, Cortés señala que estos temas todavía ocupan un espacio reducido dentro de las conversaciones habituales del ecosistema biotech, donde gran parte de la atención se concentra en la investigación, el desarrollo tecnológico, la propiedad intelectual o el levantamiento de capital. Un foco comprensible, pero incompleto para lograr escalar exitosamente.
“Hoy muchas startups están tratando de hacer sus procesos más eficientes, pero no siempre son conscientes de cuánto impactan las decisiones logísticas en sus costos y en su capacidad de escalar”, apunta.
Por eso, además de su rol profesional, Pilar ha tomado como un desafío adicional el tratar de acercar estos dos mundos, que -hasta ahora- dialogan poco entre sí: el científico y el de la cadena de abastecimiento. Avanzar en esa integración, a su juicio, será clave para que más startups de base científica logren transformarse en empresas capaces de crecer de manera sostenible.
DEL LABORATORIO A LA OPERACIÓN
Hace más de una década, Gustavo Zúñiga, biólogo y doctor en Biotecnología, buscaba una forma de resolver uno de los principales problemas de la agroindustria mundial desde su laboratorio de la Universidad de Santiago. Tras años de investigación sobre plantas nativas chilenas, descubrió que el quillay poseía propiedades capaces de combatir la botrytis, un hongo responsable de importantes pérdidas en la producción frutícola y uno de los principales factores de rechazo de la fruta chilena en los mercados internacionales.
A partir de este descubrimiento nació Botanical Solutions, empresa biotecnológica que desarrolla soluciones agrícolas basadas en extractos vegetales. Sin el embargo, ese hallazgo científico fue apenas el comienzo. Transformar esa innovación en un producto comercial, conseguir financiamiento, navegar los procesos regulatorios y construir una operación capaz de ab

astecer distintos mercados resultó ser un desafío tan complejo como la investigación misma. Un desafío que, por cierto, lograron sortear exitosamente. Hoy, la empresa tiene presencia comercial en Chile y Perú, acuerdos con actores globales de la industria y una cartera de productos en expansión. Pero en el camino también hubo aprendizajes.
«La logística y la cadena de abastecimiento son temas que no están en el radar cuando una startup biotech está partiendo, pero llega un momento en que se vuelven críticos para el crecimiento», confirma Zúñiga, hoy Head of Manufacturing de la compañía.
En ese contexto, recuerda que cuando comenzaron sus exportaciones a Perú – en 2022- debieron enfrentar algunos problemas asociados al transporte, la manipulación de carga, la planificación de embarques y el cumplimiento regulatorio. «Decidimos ir a destino para entender in situ cómo estaba llegando la carga, identificar los problemas y hacer cambios, tanto en los materiales como en las especificaciones del transporte», comenta. Hoy, esos temas están resueltos, pero dejaron una enseñanza clara: una innovación exitosa también requiere una cadena de abastecimiento capaz de acompañar su crecimiento.
Al igual que Pilar Cortés, estima que los proveedores juegan un rol fundamental en este proceso. “Trabajamos con materias primas altamente especializadas, muchas de las cuales deben ser importadas desde Europa y usamos insumos muy específicos, por lo que necesitamos asegurar disponibilidad sin generar sobrestock. Este tipo de requerimientos nos ha llevado a construir relaciones con proveedores que comprendan las particularidades del negocio y sean capaces de adaptarse a nuestras necesidades. Algunos incluso han debido incorporar capacidades de almacenamiento especializadas, incluyendo refrigeración y control de humedad, para garantizar las condiciones requeridas por los productos”, detalla.
OTRO DE LOS ASPECTOS QUE CONSIDERA DETERMINANTE ES LA GESTIÓN DEL INVENTARIO.
«Necesitamos mantener el stock justo para sostener la operación, pero sin desbalancear la caja», señala. Para lograrlo, trabajan con mecanismos de planificación anual y acuerdos de abastecimiento que permiten reducir riesgos de quiebre de stock sin inmovilizar recursos innecesariamente.
Y si la regulación y procesos aduaneros representan un desafío para la mayoría de las compañías, cuando se trata de empresas científicas, estos pueden ser aún mayores, especialmente si trabajan con productos novedosos que no siempre encajan fácilmente en categorías preexistentes. «Muchas veces las regulaciones están pensadas para productos tradicionales. Cuando aparece algo nuevo, hay que explicar qué es, para qué sirve y cómo debería clasificarse. Ahí todavía hay espacio para mejorar», menciona.
DEL LABORATORIO AL MERCADO GLOBAL
Si hay alguien que conoce las dificultades de escalar una empresa biotecnológica desde Chile es Diego Belmar. Ingeniero en Biotecnología, cofundador de PhageLab y actual Chief Strategy Officer de Done Properly, ha acompañado de cerca distintos procesos de crecimiento e internacionalización de empresas de base científica.
Desde su experiencia, coincide en señalar que uno de los desafíos más complejos para startup biotech es pasar del laboratorio al mercado. Y en ese proceso, agrega, la logística termina influyendo incluso en decisiones que, en un principio, parecen exclusivamente técnicas.
Para Belmar, este tipo de situaciones refleja una realidad frecuente en el ecosistema biotech latinoamericano: las empresas deben aprender a crecer en condiciones menos favorables que las de mercados más maduros. Los tiempos de abastecimiento son mayores, los inventarios de seguridad consumen recursos valiosos y la cadena logística muchas veces no está preparada para comprender productos científicos altamente especializados.
La situación se vuelve aún más compleja cuando aparecen procesos regulatorios o aduaneros. «Muchas veces hay que explicar qué es lo que estás importando o exportando. Cuando hablas de ADN, material genético o productos biotecnológicos, no siempre existe una categoría clara o alguien que entienda exactamente de qué se trata», señala.
A su juicio, una de las brechas pendientes es precisamente desarrollar capacidades especializadas en torno a estas industrias. No solo en las empresas, sino también en organismos reguladores, operadores logísticos y actores que forman parte de la cadena de abastecimiento. «No es necesario que todos sepan de biotecnología, pero sí que existan especialistas capaces de entender estos procesos y facilitar que ocurran», afirma.
Mirando en perspectiva, Belmar cree que Chile tiene las condiciones para seguir generando empresas científicas de nivel mundial. Sin embargo, sostiene que el desafío ya no está únicamente en la investigación. «Chile es un muy buen laboratorio. Puedes hacer muchas pruebas y desarrollar tecnología, pero después hay que salir rápidamente a otros mercados», afirma. Y es justamente en ese paso- desde el descubrimiento científico hacia la escala comercial- donde se juega buena parte del futuro de las startups biotecnológicas.
TESTIGOS DE UN ECOSISTEMA MÁS ACTIVO
Desde otra vereda, Fernando Llancapani, gerente corporativo de TransFarma, confirma que durante los últimos años ha sido testigos de un ecosistema biotech cada vez más activo, con nuevas empresas y proyectos biotecnológicos que requieren servicios especializados. “Esto ha impulsado una mayor demanda por soluciones con control de temperatura, trazabilidad, cumplimiento regulatorio y gestión logística especializada”.

Pero también ha visto la otra cara de la moneda: “empresas con productos muy innovadores que han debido enfrentar grandes dificultades porque su operación no estaba preparada para acompañar el crecimiento”.
En ese contexto, uno de los errores que más ha observado es subestimar la complejidad logística y regulatoria. “Muchas veces no se consideran adecuadamente los tiempos de importación, las exigencias normativas o la necesidad de contar con sistemas de trazabilidad desde etapas tempranas. Corregir estos aspectos a tiempo facilita significativamente el crecimiento futuro”, afirma.
A su juicio, en entornos tan dinámicos como el de las startups, la planificación se vuelve mucho más colaborativa y el desafío es mantener disponibilidad sin inmovilizar recursos innecesarios. Por lo mismo, considera clave contar con visibilidad, monitoreo y capacidad de adaptación para responder rápidamente a cambios en la demanda, requerimientos regulatorios o nuevas oportunidades de negocio.
“Cuando existe una adecuada gestión de riesgos, trazabilidad y control, la innovación puede enfocarse en lo más importante: llegar a los pacientes y generar impacto en la salud de las personas”, concluye.














































