El proyecto de ley de pesaje no debiera entenderse solo como una discusión sobre básculas, costos o nuevos controles. Su valor está en la oportunidad de avanzar hacia una logística más transparente, justa y mejor informada. Para un país cuya competitividad depende del movimiento eficiente de mercancías, controlar el peso de los vehículos de carga es clave para proteger la infraestructura, mejorar la seguridad vial y ordenar responsabilidades.
Durante años, el control del sobrepeso se ha concentrado en la fiscalización en ruta. Ese enfoque es necesario, pero insuficiente. Cuando un camión circula con exceso de peso, la responsabilidad no siempre recae en el transportista o en el conductor. En muchos casos, la carga fue definida o transferida por generadores, centros de distribución, puertos u operadores logísticos. Avanzar hacia mecanismos de pesaje en origen, destino o puntos críticos permite corregir una asimetría histórica: no basta con sancionar al vehículo si no se identifica dónde se produjo el sobrepeso y quién podía prevenirlo.
Apoyar el proyecto no implica desconocer las preocupaciones de la industria. Toda nueva exigencia puede generar costos y ajustes en cadenas que ya operan con márgenes estrechos. Por lo mismo, la implementación debe ser gradual, robusta y proporcional al riesgo. Pero esas preocupaciones no debieran postergar una modernización necesaria. La pregunta no es si Chile debe avanzar en sistemas de pesaje más exigentes, sino cómo hacerlo bien: evitando duplicidades, reconociendo controles equivalentes y asegurando interoperabilidad.
Un sistema moderno debiera permitir que cada operación deje una huella verificable: qué se cargó, dónde, cuándo, con qué peso, quién emitió el certificado y qué actores participaron. Esa información ayudaría a fiscalizar mejor y permitiría asignar responsabilidades de forma objetiva. En una cadena compleja e integrada, la trazabilidad evita que las responsabilidades se diluyan.
Para los profesionales de la logística, este punto es central. La eficiencia no se construye solo reduciendo tiempos o costos inmediatos. También depende de disminuir incertidumbre, prevenir conflictos y contar con datos confiables. Un certificado digital de pesaje, integrado a otros documentos críticos, puede ser clave para contratos, seguros, cumplimiento y gestión de flotas.
Por eso, el proyecto debiera ser parte de una agenda mayor de digitalización logística. El pesaje no puede seguir funcionando como un dato aislado. Debe integrarse con guías de despacho electrónicas, sistemas de transporte, documentos tributarios, información de carga y datos operacionales. Digitalizar procesos críticos permitiría pasar desde una lógica reactiva hacia una gestión preventiva (y a futuro predictiva) basada en evidencia.
La disponibilidad de datos de calidad permitiría mejores decisiones. Para el Estado, significaría conocer mejor los flujos reales de carga y la presión sobre la infraestructura vial. Para las empresas, permitiría optimizar rutas, reducir riesgos y fortalecer la relación entre mandantes y transportistas.
Chile necesita una logística competitiva, pero también más responsable. Avanzar en el sentido que propone el proyecto es correcto si se aprovecha para construir un sistema transparente de trazabilidad, responsabilidad compartida y gestión digital de información crítica. Así, el beneficio irá más allá del control del peso y será un paso hacia una logística más eficiente y justa, una logística con elementos diferenciadores y sofisticados para su gestión futura.














































