Avanzar hacia una economía baja en carbono exige transformar la forma en que concebimos el flujo de materiales. La integración de logística inversa, eficiencia energética y cooperación intersectorial demuestra que la sostenibilidad en la cadena de suministro no es un costo adicional, sino un factor determinante de resiliencia y competitividad.
El desarrollo de la infraestructura, la minería, la vivienda y las obras viales requiere volúmenes masivos de insumos esenciales. Tradicionalmente, la gestión de la cadena de suministro en sectores industriales pesados se ha enfocado en asegurar el abastecimiento lineal: adquirir materias primas, procesarlas y transportar el producto terminado hacia los centros de consumo o faenas operativas. Sin embargo, en un entorno global condicionado por la volatilidad de los fletes marítimos, tensiones geopolíticas y la urgencia climática, esa mirada resulta insuficiente. La discusión logística actual ya no puede limitarse a la disponibilidad o al costo del transporte primario; hoy es indispensable evaluar de dónde provienen los materiales, cómo se estructuran sus flujos de retorno y qué impacto ambiental consolidado arrastra cada eslabón.
En este contexto, la logística inversa deja de ser una actividad periférica o un trámite de gestión de residuos para transformarse en el corazón del abastecimiento estratégico. Recuperar materiales en desuso a lo largo del país y reincorporarlos a procesos de manufactura local evita la disposición final en vertederos y sustituye la extracción de recursos vírgenes. No obstante, articular una red de reciclaje de escala industrial plantea complejidades que ponen a prueba las mejores prácticas de la gestión de operaciones.
DE LA RECOLECCIÓN ATOMIZADA A LA CONSOLIDACIÓN EFICIENTE
El primer desafío radica en la dispersión geográfica. Mientras la demanda de productos industriales suele concentrarse en polos específicos, las fuentes de generación de residuos reciclables están atomizadas en miles de puntos a lo largo del territorio nacional. Diseñar una red capaz de capturar volúmenes significativos desde los extremos norte y sur exige coordinar múltiples capas de recolección: desde la primera milla —a menudo impulsada por recolectores y microempresarios locales— hasta patios de acopio intermedios donde el material se clasifica, compacta y densifica.
Desde la perspectiva del transporte, el volumen físico sin acondicionar penaliza severamente el factor de estiba. Transportar aire o chatarra de baja densidad destruye la rentabilidad de cualquier operación y multiplica exponencialmente la huella de carbono por tonelada movilizada. Por ello, la eficiencia de la logística circular se define en los nodos de transferencia: la aplicación de procesos mecánicos de corte y prensado en origen permite maximizar la carga útil de los camiones, optimizar el uso de las rutas y asegurar que cada viaje cumpla con los límites de peso reglamentarios.
EL RETO DEL ALCANCE 3 Y LA TRANSICIÓN TECNOLÓGICA
Cuando los procesos de fabricación reducen drásticamente sus emisiones directas —mediante el uso de matrices eléctricas 100% renovables y tecnologías de fundición eficientes—, el foco de la descarbonización se desplaza de manera inevitable hacia la cadena de valor extendida. En la industria pesada, el transporte carretero representa con frecuencia entre el 60% y el 70% de las emisiones indirectas de Alcance 3.
Reducir este impacto requiere intervenir la operación en múltiples frentes:
Electromovilidad en circuitos cerrados: La incorporación de tractocamiones eléctricos de alto tonelaje en rutas fijas de corta y media distancia demuestra que la tecnología es técnicamente viable para cargas pesadas continuas, generando datos críticos para evaluar costos totales de propiedad (TCO) e infraestructura de carga.
Optimización regulatoria de carga neta: El trabajo técnico y coordinado con las autoridades de transporte para validar configuraciones vehiculares de mayor capacidad por eje permite transportar más carga neta con un menor número de viajes, reduciendo el consumo global de diésel por tonelada-kilómetro.
Co-logística y erradicación del retorno en vacío: Uno de los mayores desperdicios operacionales en Chile es el desbalance de flujos entre regiones. La generación de alianzas interindustriales de co-logística, donde camiones que entregan productos en regiones retornan abastecidos con materias primas secundarias de otros rubros, es la palanca más inmediata para diluir costos y abatir emisiones.
RESILIENCIA Y SOBERANÍA LOGÍSTICA
La articulación virtuosa entre reciclaje masivo e industria nacional entrega una lección estratégica para los líderes de Supply Chain: la proximidad y la circularidad generan soberanía operativa. Depender de cadenas de suministro transoceánicas extensas no solo encarece los proyectos ante crisis logísticas internacionales, sino que importa una alta huella de carbono asociada al transporte marítimo y a procesos siderúrgicos intensivos en combustibles fósiles.
Recuperar el valor de los materiales dentro de nuestras fronteras, procesarlos con energías limpias y distribuirlos mediante redes logísticas optimizadas demuestra que la sostenibilidad y la rentabilidad convergen. Cuando la gestión de la cadena de suministro se diseña con un enfoque circular, el beneficio supera las fronteras de una organización particular y se traduce en una ventaja competitiva, resiliente y sostenible para toda la economía nacional.
Por Esteban Holloway, Gerente de Logística y S&OP | Miembro del Supply Chain Council Chile















































