La optimización del espacio ya no es un desafío exclusivo de la logística. Considerando el aumento del costo del almacenamiento, la volatilidad de la demanda y la presión por mejorar la rentabilidad, cada metro cuadrado se ha convertido en un activo estratégico. La capacidad de hacerlo más productivo depende menos del tamaño de la bodega y mucho más de la forma en que las empresas planifican, administran su inventario y toman decisiones.
Durante décadas, el crecimiento de una empresa también se medía por el tamaño de su centro de distribución. Más metros cuadrados, nuevas bodegas y mayor capacidad de almacenamiento eran señales inequívocas de expansión. Hoy, sin embargo, esa lógica está cambiando. En un escenario marcado por el aumento del costo del suelo industrial, la presión por mejorar la rentabilidad y una demanda cada vez más cambiante, la verdadera competencia ya no está en construir más espacio, sino en obtener el máximo valor del que ya existe.
Cada posición dentro de una bodega representa una inversión que debe generar retorno y, por lo tanto, la capacidad de hacer más productivo cada metro cuadrado depende mucho menos del tamaño del CD que de la forma en que las empresas planifican la demanda, administran su inventario y toman decisiones oportunas.
Cada posición ocupada implica un costo y debe contribuir a la generación de valor. En ese contexto, la conversación sobre eficiencia logística ya no gira únicamente en torno a la infraestructura, sino a la capacidad de convertir el inventario en flujo, el espacio en rentabilidad.
Para Nicolás Arbildua, Warehouse Manager de ARBEX Chile y docente de DUOC (sede Alonso Ovalle), el cambio ha sido evidente durante los últimos años.
“Cada vez más el valor del metro cuadrado tiene una mayor preponderancia en el costo final de los productos. Esto se ve desde la pandemia, donde los costos de m² llegaron a subir en casi un 50% y, adicionalmente, tuvimos una inflación bastante más elevada de lo normal. Esto hizo que desde 2020 a 2026 un mismo arriendo llegue a costar casi el doble. Por esto el forecast accuracy y las políticas de inventario toman mayor importancia en la toma de decisiones”, comenta Arbildua.
CUANDO EL INVENTARIO SE CONVIERTE EN EL PROBLEMA
Si el espacio es un recurso estratégico, el inventario es el principal factor que determina su eficiencia. Un producto que rota permanentemente genera ingresos, libera posiciones y mantiene dinámico el centro de distribución. En cambio, cuando deja de moverse comienza a consumir espacio, recursos y capital.
Es precisamente ahí donde, según Alejandro Schachner, Director Ejecutivo de M2M, muchas organizaciones comienzan a perder eficiencia sin advertirlo.
«Nosotros llegamos a trabajar con las empresas cuando el stock se transforma en un problema y le da ineficiencia a las empresas, porque acumulan, por alguna razón, productos que no tienen salida por los canales de ventas”, asegura el ejecutivo.
Las razones son diversas: errores en las proyecciones de demanda, compras excesivas, cambios en las tendencias de consumo, productos defectuosos o decisiones comerciales equivocadas. Lo cierto es que ninguna organización está exenta de enfrentar este escenario.
“A todas las empresas les pasa: trajeron mucho, trajeron mal productos, cambios de tendencia, productos defectuosos. Esto hace que las posiciones se empiecen a ocupar con productos que no rotan, lo que trae costo financiero, costo logístico y costo mental; es decir, impacta colateralmente a todas las áreas de la empresa, pero nadie habla de esto”, enfatiza Schachner.
Ese «costo mental» al que hace referencia el ejecutivo refleja un problema que trasciende la logística y probablemente el más difícil de medir. Cuando una empresa convive con inventarios inmovilizados, abastecimiento continúa administrando códigos sin movimiento, comercial intenta vender productos que perdieron atractivo, finanzas mantiene capital detenido y operaciones reorganiza constantemente una bodega que pierde flexibilidad. En definitiva, el inventario deja de trabajar para la empresa.
EL COSTO DEL SOBRESTOCK… Y DE NO ACTUAR A TIEMPO
Una bodega llena suele asociarse con una operación dinámica y un negocio en crecimiento. Sin embargo, una alta ocupación no siempre es sinónimo de eficiencia. Muchas veces ocurre exactamente lo contrario: posiciones valiosas permanecen ocupadas por productos que dejaron de rotar y que, lejos de generar ingresos, comienzan a consumir recursos y limitar la capacidad de respuesta de la operación.
Cada pallet que permanece meses, o incluso años, en una posición representa costos de almacenamiento, seguros, manipulación, administración, depreciación y riesgo de obsolescencia. A medida que pasa el tiempo, ese costo oculto puede llegar a superar el valor del propio producto.
Alejandro Schachner recuerda un caso que grafica con claridad esta realidad. “Una empresa grande pagó más en almacenaje que el costo total del stock que tenía almacenado sin rotar”, recuerda. Aunque pueda parecer un caso extremo, refleja una situación que no es excepcional. A medida que el inventario permanece inmóvil, los costos asociados a almacenarlo continúan creciendo mientras su valor comercial disminuye. Llega el momento en que el negocio deja de estar en el producto y pasa a estar en el espacio que ocupa.
Por tanto, la paradoja es evidente: mientras el inventario continúa figurando como un activo en los estados financieros, operacionalmente puede haberse transformado en un pasivo. Sin embargo, el problema no termina ahí. Para el director ejecutivo de M2M, el mayor costo muchas veces no proviene del sobrestock en sí, sino de la demora en enfrentarlo. A medida que pasan los meses, las posibilidades de recuperar el valor del producto disminuyen y el espacio continúa ocupado por mercancía que ya no aporta al negocio.
“La alta dirección no toma decisiones y el stock se acumula. Cuando necesitan caja se acuerdan del stock que tienen… y ya no vale nada”, advierte.
El ejecutivo reconoce que liquidar inventario es una decisión compleja, porque implica asumir pérdidas que muchas organizaciones prefieren postergar. No obstante, advierte que mantener productos inmovilizados suele ser una alternativa mucho más costosa.
Desde esta perspectiva, la eficiencia logística no consiste en mantener la bodega llena, sino en asegurar que cada posición genere valor. El rol de la logística es mover el inventario; mantener posiciones es un mal negocio.
Esta reflexión cambia completamente la forma de entender el almacenamiento. Una posición de rack no genera valor simplemente por estar ocupada; lo hace cuando el producto que contiene rota, se vende y libera nuevamente ese espacio para seguir produciendo ingresos. La rentabilidad de una bodega no depende de cuántas posiciones tenga ni de qué tan llena esté, sino de la productividad que obtiene de cada una de ellas. En otras palabras, el mejor metro cuadrado no es el que permanece ocupado, sino el que mantiene un flujo constante de inventario y contribuye permanentemente al negocio.
LA PLANIFICACIÓN COMIENZA ANTES DE LA BODEGA
Aunque el sobrestock se hace visible en el CD, su origen suele encontrarse mucho antes, en procesos, tales como la planificación de la demanda, las compras y el abastecimiento. En ese escenario, metodologías como Sales & Operations Planning (S&OP) y Sales & Operations Execution (S&OE) han adquirido un rol cada vez más estratégico.
El ejecutivo y también docente de Duoc explica que estas herramientas permiten anticiparse a los problemas de capacidad antes de que ocurran. “Trabajamos en el S&OP, donde se toman las decisiones de cuándo, de dónde y cómo traer la mercadería a nuestro centro de distribución. Esto lo controlamos con reuniones semanales de S&OE, donde verificamos que la ejecución de los planes realmente se esté cumpliendo”, detalla.
Más que un proceso logístico, el S&OP representa una forma distinta de gestionar la empresa. Obliga a que planificación, abastecimiento, comercial, marketing, finanzas y operaciones trabajen sobre un mismo escenario de demanda, reduciendo errores que posteriormente terminan ocupando espacio y capital.
En tanto, la optimización del espacio no depende únicamente del volumen de inventario, sino también de cómo éste se administra. Comprender el ciclo de vida de los productos, su estacionalidad y su comportamiento comercial permite asignar mejor las ubicaciones dentro de la bodega y aumentar la productividad operacional.
En esa tarea, herramientas como la clasificación ABC, los sistemas WMS y plataformas de analítica permiten identificar qué productos requieren mayor disponibilidad y cuáles pueden ocupar posiciones secundarias.
«Con herramientas como Power BI podemos ir midiendo los comportamientos de las ventas y saber qué cantidades son las necesarias y cuándo deben estar. Además, al conocer cuáles son los productos que más se venden, los almacenas más cerca de los andenes, porque el sobrestock muchas veces genera una mala utilización de las zonas de tránsito y manipulación”, expresa el Warehouse Manager de ARBEX Chile.
Más allá de automatizar procesos, el verdadero aporte de la tecnología está en mejorar la calidad de las decisiones. Sistemas WMS, plataformas de analítica e inteligencia de negocios permiten identificar patrones de demanda, detectar inventarios de baja rotación y anticipar escenarios antes de que el exceso de stock afecte la operación. La tecnología dejó de ser una herramienta para administrar bodegas; hoy es una herramienta para administrar decisiones.
MUCHO MÁS QUE UNA TAREA LOGÍSTICA
Optimizar el espacio ya no depende exclusivamente del área de operaciones. Requiere que toda la organización comparta información, proyecte escenarios y tome decisiones oportunas.
Para Nicolás Arbildua, este cambio implica una transformación cultural. “El S&OP y el S&OE son las grandes herramientas que las empresas deben utilizar, ya que implican que planning, finanzas, marketing, supply y comercial trabajen de manera mancomunada. Eso genera un cambio en la cultura de trabajo y permite tomar mejores decisiones”, comenta.
Alejandro Schachner coincide en que muchas veces el principal obstáculo no es operativo, sino directivo. «Los gerentes no van a la bodega, porque una cosa es verlo en una planilla y otra es ver los racks llenos de productos que no rotan por años”, agrega.
Su reflexión resume uno de los grandes desafíos de la logística actual: comprender que el espacio no genera valor por sí solo.
En un mercado donde ampliar infraestructura resulta cada vez más costoso, las empresas que logren transformar cada metro cuadrado en productividad tendrán una ventaja difícil de igualar.
Durante años las empresas compitieron por tener más metros cuadrados. Hoy la diferencia competitiva no está en quién construye la bodega más grande, sino en quién logra que cada espacio produzca más valor. Porque el verdadero activo es la capacidad de convertir el inventario en flujo, el espacio en eficiencia y la logística en una herramienta para impulsar el crecimiento.














































