A 17 años de su creación, SILO Logística entra en una nueva etapa. Nació resolviendo la logística de importadores de materias primas plásticas y, con el tiempo, sumó capacidades en almacenamiento, primera milla, manejo a granel y servicios integrados. Hoy busca dar un salto: profesionalizar su estructura y proyectarse hacia otras zonas del país, sin perder la cercanía y flexibilidad que han marcado su desarrollo.
Hace 17 años, clientes vinculados a la transformación de plásticos compraban materias primas que llegaban hasta puerto, pero no siempre podían resolver la logística intermedia hasta sus plantas.
Fue allí donde sus fundadores, Guillermo Undurraga y Álvaro Mejía, propietarios de Austrade, comercializadora de materias primas, identificaron una oportunidad: hacerse cargo de ese tramo logístico, inicialmente coordinando servicios a través de terceros. Con el tiempo, algunos clientes comenzaron a solicitarles la gestión logística incluso cuando adquirían las resinas con otros proveedores. Esa señal llevó a separar ambas actividades y crear una empresa especializada. Así nació SILO, acrónimo de Servicios Integrales de Logística y una referencia al manejo de productos a granel.
Luego se sumó Guillermo Undurraga hijo, hoy gerente comercial, quien ha liderado la relación con varios de los principales clientes de SILO, acompañando su evolución y detectando oportunidades para ampliar servicios.
“Muchas de las soluciones que hoy ofrecemos nacieron de escuchar al cliente y entender cómo cambiaba su operación. Esa confianza nos ha permitido crecer junto a ellos y desarrollar respuestas más integrales”, señala el gerente comercial de SILO.
A partir de 2013 la empresa realizó pruebas para transportar materias primas a granel e incorporó equipos especializados. Poco después tomó una decisión clave: invertir en infraestructura en Casablanca y construir su propio Centro Logístico.
En esa etapa se incorporó José Undurraga como gerente de operaciones, participando en el desarrollo del Centro Logístico y la consolidación de la operación.
En 2016 SILO recibió su primer pallet en una bodega de 2.000 m². Desde entonces, su capacidad creció de manera sostenida: durante la pandemia ya operaba cerca de 15.000 m² y, al cierre de 2025, alcanzó los 22.000 m², completando el desarrollo de su Centro Logístico en Casablanca.
Esa evolución permitió a SILO consolidarse como un partner logístico estratégico, combinando infraestructura, conocimiento operacional y capacidad de respuesta.
CUANDO CRECER TAMBIÉN OBLIGA A CAMBIAR
La pandemia fue una de las pruebas más exigentes para SILO. El aumento de inventarios, la escasez de contenedores y la disrupción marítima obligaron a sus clientes a buscar nuevas formas de abastecimiento y a la compañía a adaptar su operación.
Uno de los mayores desafíos llegó cuando un cliente reemplazó parte de sus embarques en contenedores por operaciones breakbulk. Para SILO, esto significó pasar de recibir flujos distribuidos durante semanas a retirar y almacenar miles de toneladas en pocos días.
La compañía debió operar 24/7, aumentar dotaciones, coordinar transportistas y ampliar su capacidad de almacenamiento.
La operación fue exitosa y demostró la capacidad de respuesta de SILO, pero también evidenció que el crecimiento exigía una estructura más robusta. El aumento de actividad vino acompañado de mayores costos y desajustes operacionales propios de una operación que crecía más rápido que su estructura, lo que llevó a reorganizar procesos, fortalecer el control y capitalizar lo aprendido. Así, en 2022 y 2023, SILO alcanzó sus mayores niveles históricos de facturación y resultados.
Sin embargo, en 2024 el escenario volvió a cambiar. Con menores inventarios, mayor competencia y clientes más presionados por costos, la compañía enfrentó una baja en actividad y la pérdida de cuentas relevantes.
Ese escenario abrió una nueva pregunta: cómo seguir creciendo en una industria más competitiva. La respuesta fue construir una organización preparada para escalar.
LA MAYORÍA DE EDAD
“Nos dimos cuenta de que habíamos llegado a una especie de techo y que no entendíamos por qué no éramos capaces de romperlo”, explica José Undurraga. La definición fue clara: crecer requería una nueva estructura.
En noviembre de 2025, José Undurraga dejó la gerencia de operaciones para asumir como gerente general de SILO, iniciando una nueva etapa. Su paso a la conducción general vino acompañado de una nueva gerencia de operaciones, mientras José y Guillermo reforzaron el foco comercial, la adopción de CRM y la sistematización de la gestión.
El cambio más profundo es pasar de una organización dependiente de sus líderes a una empresa sustentada en procesos. “¿Cómo me aseguro de que el día de mañana, si yo no estoy, o Guillermo no está, la empresa siga funcionando con la misma fuerza, con los mismos estándares e incluso mejor?”, plantea José Undurraga.
La profesionalización no pasa simplemente por sumar tecnología. Primero están las personas y los procesos; luego, las herramientas que permiten hacerlos más eficientes.
“Estamos a los 17 años; el próximo ya son 18 y cumplimos nuestra mayoría de edad. Hay cierta simbología en que esta mayoría de edad representa también ponerse los pantalones largos. Ya no somos un emprendimiento ni una idea loca, sino una empresa hecha y derecha”, afirma José Undurraga.
La nueva etapa también busca ampliar sus fronteras operacionales. Sobre su experiencia en materias primas plásticas, químicos no peligrosos y primera milla, SILO ya incorporó aprendizajes en agroindustria y cargas vinculadas a minería, y explora oportunidades en cargas de proyectos, químicos peligrosos y transporte marítimo. Evalúa ubicaciones estratégicas para extender su propuesta más allá de Casablanca.
La apuesta es crecer de manera sostenida, distribuyendo riesgos y construyendo nuevas capacidades sin perder su identidad: cercanía con el cliente, agilidad para decidir e infraestructura para ejecutar.
A las puertas de los 18 años, SILO enfrenta un desafío distinto al de sus orígenes. Ya no se trata solo de resolver una operación compleja, sino de transformar esa capacidad de resolver -construida durante casi dos décadas- en una organización capaz de crecer sin perderla.


















































