El espacio que tradicionalmente ocupaban los freight forwarders hoy es compartido con navieras, operadores portuarios y plataformas digitales. Adicionalmente, algunas grandes empresas exportadoras han internalizado parte de la gestión de sus embarques. En este competitivo escenario, el sector busca demostrar su valor, más allá del rol de intermediación.
Conectar al dueño de la carga con navieras, aerolíneas, transportistas, agentes de aduana y otros actores del comercio internacional fue -por años- la función tradicional del freight forwarding. Hoy, sin embargo, los límites de ese rol se han vuelto menos claros.
Por un lado, grandes navieras globales han ampliado su oferta hacia la logística integrada. En 2019, el grupo francés CMA CGM adquirió CEVA Logistics, empresa especializada en freight forwarding, almacenamiento y distribución. Por su parte, Maersk ha incorporado distintas compañías y hoy reúne transporte marítimo, aéreo y terrestre, almacenamiento y servicios aduaneros dentro de una misma propuesta. Otros actores del sector también han seguido este camino. En 2024, DP World, históricamente vinculada a la operación portuaria, lanzó una red global propia de freight forwarding y hoy ofrece este servicio en Chile.
En el otro extremo de la cadena, algunas grandes empresas exportadoras han desarrollado equipos propios para gestionar parte de su transporte internacional. A ello se suma el desarrollo de plataformas que permiten cotizar, reservar, gestionar documentos y seguir embarques sin recurrir a los canales tradicionales, configurando un mapa altamente competitivo y diverso.
Roberta Miyazaki y David Siriany, especialistas en Supply Chain de EY, señalan que el transporte de carga internacional está evolucionado desde un modelo centrado en la ejecución operativa hacia uno cada vez más orientado a la gestión integral de la cadena de suministro. “La volatilidad geopolítica, los cambios regulatorios, el nearshoring, la presión por la resiliencia y la necesidad de visibilidad en tiempo real están transformando la logística global. Tendencias recientes destacan una mayor relevancia de la gestión aduanera, el cumplimiento normativo, la visibilidad predictiva y la resiliencia operacional”, apuntan.
En ese contexto, precisa Roberta Miyazaki, “el freight forwarder ya no es solo un coordinador de embarques, sino que se está convirtiendo en un «orquestador» de la cadena logística. Su valor ya no se mide únicamente por conseguir una tarifa competitiva, sino por su capacidad para conectar actores, anticipar riesgos, optimizar rutas multimodales y ofrecer información que permita tomar decisiones más rápidas y acertadas”. Esta evolución -agrega Siriany- se asemeja “a un modelo de control tower o incluso 4PL, donde la generación de valor proviene de la gestión integral y no solo de la intermediación transaccional”.
UN ROL QUE SE AMPLÍA
Haydée Riquelme, gerente general y fundadora de Humboldt Cargo -empresa que presta servicios de freight forwarding a exportadores e importadores- también observa esta transformación. “En los últimos años, pasamos de un escenario centrado principalmente en la volatilidad de las tarifas y la capacidad de bodega tras la pandemia, a un mercado mucho más exigente y tecnificado, donde la estabilidad de las cadenas de suministro es crítica”.
Desde su experiencia, comenta que “ya no basta con mover un cargamento del punto A al punto B; hoy los clientes buscan un socio estratégico integral”. Entre las nuevas exigencias menciona asesoría regulatoria, capacidad de adaptación frente a contingencias climáticas o aeroportuarias y manejo de la cadena de frío y de los protocolos normativos internacionales.
Jacqueline Santelices, managing director de SACO Shipping Chile, también da cuenta de estos cambios. “El freight forwarder ha tenido que ampliar su mirada, evolucionar su modelo de negocio y construir redes mucho más completas. Ya no se trata solo de ofrecer flete marítimo, aéreo o terrestre, sino de entregar soluciones integrales que pueden incluir almacenaje, servicios aduaneros, seguros, distribución de última milla, transporte multimodal y plataformas de comercio exterior”, explica la ejecutiva de esta compañía que opera como un NVOCC neutral; ofrece consolidación y soluciones de transporte a los freight forwarders, sin competir con ellos por el cliente final.
LO TRANSACCIONAL PIERDE TERRENO
La ampliación de los servicios en el transporte de carga internacional avanza al mismo tiempo que la digitalización y automatización de diversos procesos administrativos, que hoy requieren menos intervención manual. Aunque esta evolución no elimina el rol de los freight forwarder -e incluso puede complementarlo- sí los enfrenta al desafío de ampliar su aporte más allá de la ejecución operativa y la entrega de información.
Así lo confirman desde EY: “procesos como la generación documental, trazabilidad, seguimiento de embarques, validaciones aduaneras y coordinación básica tenderán a digitalizarse cada vez más mediante plataformas, inteligencia artificial y automatización de procesos. Cotizar, reservar, extraer datos de un bill of lading, conciliar facturas y actualizar hitos son tareas que hoy se ejecutan con una precisión y un costo marginal que ningún equipo humano iguala. Se han mapeado más de 30 casos de uso de IA en la cadena de valor del forwarding y se ha encontrado que el 94% ya está operativo”.
Haydée Riquelme considera que la tecnología y la digitalización no amenazan el rol de los freight forwarder: “por el contrario, lo potencian y elevan. Herramientas de automatización como la cotización instantánea, las reservas digitales y el tracking en tiempo real son hoy un estándar necesario que aporta eficiencia y agilidad operativa”. Sin embargo, enfatiza que estas soluciones resuelven la parte transaccional del proceso, pero no la complejidad logística.
“El comercio internacional, y en particular el transporte aéreo de perecibles y cargas especiales desde Chile, está lleno de variables dinámicas: cambios de última hora en las aerolíneas, congestión en terminales de carga, variaciones fitosanitarias en destino, inspecciones y requerimientos normativos complejos que exigen criterio humano. La tecnología elimina la fricción administrativa, permitiendo que los equipos de freight forwarding enfoquemos nuestro tiempo y talento en lo que realmente aporta valor: la consultoría estratégica y la resolución experta de problemas complejos”, agrega.
En esa línea, sostiene que hasta el momento, capacidades como el criterio experto, la capacidad de gestión de crisis en terreno y la confianza relacional siguen dependiendo en gran medida de la experiencia de los equipos. “Por ejemplo, ante una contingencia crítica, como un vuelo cancelado o cambios normativos aduaneros imprevistos, la solución requiere negociación rápida, redes de contacto consolidadas y toma de decisiones bajo presión con un profundo conocimiento operativo”, explica.
Desde esa perspectiva, el conocimiento del negocio de cada cliente es un factor crítico: “conocer la realidad de cada productor, sus temporadas y sus prioridades comerciales es algo que solo se cultiva a través de una relación de cercanía y asesoría a largo plazo”. Lo mismo ocurre con el conocimiento técnico que requieren determinadas cargas: “operaciones complejas, como la logística de carga viva o perecibles bajo estrictas ventanas de tiempo, exigen un diseño de procesos a la medida que va más allá de un algoritmo”, precisa la gerente general de Humboldt Cargo.
Jacqueline Santelices tiene una visión similar: “la tecnología puede avisar que hay un problema, pero todavía hace falta experiencia para dimensionar sus consecuencias, buscar alternativas, negociar con los distintos actores y decidir. El verdadero valor del freight forwarder aparece cuando algo cambia: se cancela una salida, cambia una regulación, surge una congestión, la carga no embarca, falta un documento o el cliente necesita una solución urgente”, afirma.
Otro valor que hoy en día se torna esencial en los freight forwarder es la proactividad, sostiene la ejecutiva de SACO Shipping Chile: “el cliente no quiere enterarse de un problema cuando la carga ya está detenida o cuando no queda margen para reaccionar. Se espera que esté informado, que monitoree lo que pasa en los distintos mercados, que entienda cómo una situación geopolítica o regulatoria puede afectar las rutas y que lo comunique con claridad y a tiempo”.
Frente a una disrupción no siempre existe una solución perfecta -aclara- “pero el cliente necesita entender qué pasa, conocer los riesgos y recibir recomendaciones honestas para decidir. Y aquí el factor humano pesa todavía más: cómo se comunica una dificultad, cómo se contiene al cliente y cómo se lidera al equipo marca una gran diferencia”. En esas circunstancias, un freight forwarder debiera proponer alternativas, evaluar otras rutas, modos, puertos, aeropuertos, proveedores o fechas de salida; y a veces recomendar dividir una operación, adelantar inventarios o modificar temporalmente la estrategia logística, según corresponda.
A su juicio, un buen freight forwarder también debiera contar con una red amplia de servicios y aliados. “Los últimos años lo demostraron con crudeza: las cadenas de suministro pueden cambiar en cuestión de días, y por eso la resiliencia es hoy una prioridad para toda la industria”, indica.
Mirando en perspectiva, sostiene que el desafío, como industria, “es demostrar nuestro valor con evidencia, no con discurso. No basta con decir que ofrecemos experiencia o tecnología: hay que mostrar cómo ese trabajo reduce riesgos, evita costos, mejora tiempos y da continuidad al negocio”, afirma.
Al respecto, los especialistas de EY mencionan tres capacidades que conservarán un peso importante durante los próximos años: la gestión de excepciones y crisis, el conocimiento experto del comercio internacional y el diseño de soluciones logísticas vinculadas al negocio del cliente. “La interpretación normativa, la gestión aduanera, los acuerdos comerciales, los Incoterms, la administración de riesgos y el cumplimiento regulatorio requieren criterio profesional que difícilmente podrá ser reemplazado completamente por algoritmos”, señalan.
Asimismo, es relevante contar con la capacidad de construir una solución que considere las características y prioridades de cada empresa. “Las empresas buscarán socios que entiendan su estrategia, sus mercados y sus restricciones operativas. La habilidad para rediseñar redes, combinar modos de transporte, optimizar costos totales y mejorar niveles de servicio será un diferenciador clave”, afirma Siriany.
“Mi convicción es que el freight forwarder del futuro exitoso será menos operador y más asesor estratégico. La tecnología se convertirá en un habilitador, pero el verdadero valor seguirá estando en la capacidad de interpretar contextos complejos, gestionar riesgos y transformar información en decisiones que impacten directamente el negocio del cliente”, concluye Miyazaki.














































