El riesgo geopolítico se ha convertido en un factor tan relevante para las empresas que muchas ya lo están incorporado en decisiones estructurales, como el diseño de la red logística, la selección de proveedores o las inversiones tecnológicas. En este marco, el desafío para los líderes es desarrollar organizaciones capaces de adaptarse a escenarios de alta incertidumbre. ¿Cómo se logra este objetivo?
Desde tensiones o interrupciones en rutas clave hasta cambios arancelarios o restricciones comerciales, el entorno en que operan hoy las cadenas de suministro se ha vuelto mucho más complejo y menos predecible. Y el panorama puede complejizarse aún más si sumamos la dificultad para anticipar la duración y el alcance de estos eventos disruptivos.
“En la actualidad, el comercio internacional está expuesto a múltiples puntos críticos. Hoy es el estrecho de Ormuz, pero otras rutas -como el Canal de Suez, el Canal de Panamá, el estrecho de Malaca o el Bab el Mandeb por mencionar algunas- también pueden verse afectadas en algún momento por conflictos geopolíticos. o restricciones operativas. Esto hace que la disrupción ya no sea algo excepcional, sino una situación cada vez más probable”, recalca Luis Llanos, profesor de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile.
Para Julio Villalobos, director del centro de Transporte y Logística de la Unab, “el tema geopolítico está claramente en un momento de mayor tensión y aún no se sabe bien cómo los acontecimientos actuales van a transformar -o no- las dinámicas comerciales. En ese escenario, los líderes o gestores de supply chain deben intentar estructurar sus cadenas de la manera más resiliente posible, lo cual supone establecer relaciones con distintos proveedores, tener mayor flexibilidad en sus cadenas y abrirse a nuevos mercados rápidamente, entre otras medidas”.
En esa línea, uno de los primeros aspectos que deben observar los líderes empresariales o gestores de la cadena de suministro es el nivel de dependencia de su operación respecto de ciertos proveedores, mercados o corredores logísticos. “Cuando hablamos de riesgo, la primera respuesta es la diversificación. No depender de una sola fuente, de un solo mercado o de una sola ruta es clave para poder enfrentar disrupciones”, apunta Llanos. Esta diversificación, sin embargo, no se limita al abastecimiento, sino que se extiende también a la capacidad de redirigir flujos comerciales o reconfigurar mercados de destino cuando las condiciones cambian.
Pero además se debe tener en cuenta que diversificar también tiene sus riesgos y puede implicar mayores costos, niveles de coordinación y, en algunos casos, pérdida de eficiencia. Por ello, más que reemplazar completamente los modelos actuales, el desafío está en identificar aquellos puntos críticos, según cada organización, y evaluar alternativas viables. “Las empresas tienden a concentrarse en las opciones más eficientes en costo, pero esa concentración puede pasar la cuenta cuando hay disrupciones. En un entorno más incierto, esa lógica debe revisarse, caso a caso”, advierte Villalobos.
Un aspecto crítico a desarrollar en las organizaciones actuales es la capacidad de reacción frente a cambios en las reglas del comercio. Y es que, a diferencia de otras disrupciones, las de carácter geopolítico -alzas arancelarias, sanciones o restricciones- pueden modificar condiciones estructurales en periodos muy breves. Por eso, contar con alternativas previamente evaluadas, tanto en proveedores como en destinos comerciales, permite reducir los tiempos de respuesta y mitigar impactos.
Los expertos también recalcan la relevancia de una adecuada gestión y coordinación entre los distintos actores de la cadena. Siempre, pero especialmente en escenarios de alta incertidumbre, la comunicación fluida con proveedores, clientes y operadores logísticos es una herramienta fundamental para anticipar cambios, ajustar planes y responder con mayor rapidez. “Más que una única respuesta, lo que se requiere es mayor flexibilidad en las relaciones con los distintos actores de la cadena, para poder entender lo que está ocurriendo y reaccionar oportunamente”, plantea el experto de la UNAB.
Para Llanos, la resiliencia geopolítica también pasa por ampliar el mapa de relaciones y no limitar la estrategia a los grandes polos tradicionales. Más allá de la relación entre China y Estados Unidos, sugiere poner atención a las potencias intermedias y, dentro de ellas, algunos países de Europa, Canadá, Australia e India. “También miraría a países como Nigeria o Sudáfrica, que si bien han tenido sus problemas, podrían ofrecer oportunidades interesantes en el contexto de la diversificación”, acota.
Y si hablamos de resiliencia y diversificación, los países de la región también pueden jugar un rol importante, estima Llanos: “Chile sigue dependiendo en gran medida de circuitos de larga distancia, a pesar de que existen complementariedades con países vecinos que podrían explorarse con mayor decisión”. A su juicio, una mayor integración regional ayudaría a reducir incertidumbre, generar alternativas más próximas y disminuir la exposición a factores externos.
Villalobos también considera valioso explorar oportunidades de colaboración con otros países de la región. En ese sentido, cree que infraestructuras como el puerto de Chancay, en Perú, amplían las posibilidades de diseño de redes, generan nuevas alternativas y pueden contribuir a la eficiencia, si se integran adecuadamente. “Si bien algunos han interpretado el desarrollo de Chancay como un riesgo geopolítico para Chile o la región, yo lo veo como una oportunidad, el desafío está en cómo aprovechar estas oportunidades y complementarlas desde una perspectiva país”, sostiene.
Con esa misma mirada, sostiene que la geopolítica no solo puede generar riesgos, sino también oportunidades. En algunos casos -menciona- las disrupciones (aranceles, por ejemplo) pueden afectar más a nuestros competidores que a Chile, lo cual puede abrir espacios para nuevos mercados o reposicionamientos comerciales. Esto exige desarrollar una capacidad de lectura estratégica para identificar y aprovechar esas oportunidades.
Adicionalmente, tanto Villalobos como Lagos recalcan la importancia de evitar alineamientos rígidos en un contexto de mayor tensión entre bloques. “Frente a conflictos como el de China y Estados Unidos, dar señales de alineamiento con uno u otro puede ser perjudicial. Lo que corresponde es mantener la mayor cantidad de vínculos posibles y evaluar constantemente dónde están los riesgos y las oportunidades, resguardando la neutralidad y autonomía del país”, sostiene el director del centro de Transporte y Logística de la Unab.
Ambos especialistas coinciden además en que si bien, muchas de las crisis actuales pueden ser transitorias, todo indica que este tipo de eventos será cada vez más frecuente y con impactos más amplios. Teniendo esto en cuenta, más que reaccionar frente a cada contingencia, el objetivo de los líderes debiera ser construir cadenas capaces de adaptarse, reconfigurarse, evaluar alternativas y seguir operando en un entorno donde la incertidumbre ya es parte del sistema.
7 factores que deben considerar los líderes de supply chain
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DEPENDENCIA DE RUTAS CRÍTICAS
El comercio internacional sigue concentrándose en ciertos corredores estratégicos -canales, estrechos y rutas marítimas- altamente expuestos a tensiones geopolíticas o restricciones operativas. Identificar qué parte de la operación depende de estos puntos es clave para anticipar disrupciones y evaluar alternativas.
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EXPOSICIÓN A CAMBIOS EN LAS REGLAS DEL COMERCIO
Aranceles, sanciones o restricciones pueden modificar en poco tiempo las condiciones de acceso a mercados o insumos. Las empresas deben entender qué tan expuestas están a estos cambios y qué capacidad tienen para adaptarse rápidamente.
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CONCENTRACIÓN DE PROVEEDORES Y MERCADOS
Uno de los principales focos de vulnerabilidad en este ámbito está en la dependencia excesiva de un solo proveedor, país o mercado. La diversificación -aunque implique costos- permite reducir esa exposición y aumentar la capacidad de respuesta frente a eventos disruptivos.
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CAPACIDAD DE REDIRIGIR FLUJOS COMERCIALES
No basta con tener múltiples proveedores; también es clave contar con la capacidad de mover la carga hacia otros mercados o rutas cuando las condiciones cambian. La flexibilidad comercial se vuelve tan relevante como la operativa.
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SENSIBILIDAD DE COSTOS, ESPECIALMENTE ENERGÉTICOS
Las disrupciones geopolíticas impactan directamente en los costos logísticos, particularmente en el precio de los combustibles. Entender cuánto afecta este factor a la operación permite anticipar impactos y definir mecanismos de ajuste.
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NIVEL DE INTEGRACIÓN Y ALTERNATIVAS REGIONALES
Para Chile, la resiliencia no solo pasa por lo global. La posibilidad de fortalecer vínculos con países de la región puede abrir alternativas más cercanas, reducir dependencia de rutas largas y generar mayor estabilidad frente a shocks externos.
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GRADO DE FLEXIBILIDAD ESTRATÉGICA
En un contexto de mayor tensión entre bloques, la capacidad de mantener relaciones diversas y no depender de un solo eje geopolítico se vuelve clave. Para economías abiertas como la chilena, la resiliencia también pasa por conservar autonomía y ampliar opciones.















































